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Una democracia del todo sana

por 13 septiembre, 2018

Una democracia del todo sana
Sebastián Piñera postula que en 1973 la democracia chilena estaba enferma. La nuestra, sin embargo, era una democracia sana, digna, decente, con relativa variedad y pluralismo en los medios, que no estaba en venta y que, pese al ambiente enrarecido en que se la sumió artificialmente, con financiamiento no chileno, funcionó en plenitud hasta hace justo 45 años. Hoy, lo sabe bien nuestro Presidente Forbes, la democracia es un simple nicho de mercado, un bien de consumo, algo que los muy, muy ricos compran y venden y degradan y destruyen, contribuyendo con entusiasmo a que la democracia esté lo más enferma posible, algo así como muerta en vida.
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Nuestro analista político, billonario Forbes, empresario Offshore, chistoso profesional e infatigable Presidente Sebastián Piñera postula que en 1973 la democracia chilena estaba enferma y que, en ese contexto, hubo que llamar a una Junta de médicos militares: hablaban entonces de extirpar el cáncer marxista, lo recuerdo bien, y no se inhibieron.

Durante ese largo y tenebroso tratamiento de sanación de 17 años, Piñera hizo el primer montón de oro de su fortuna sin producir mucho nada. Es extraño que olvide él, el coté económico del drama social chileno, siendo como él extremadamente aficionado al dinero, y un convencido de que la economía y la política van de la mano. Acostumbrado a amasar millones, parece haber olvidado el que muchísimos de nuestros compatriotas no tenían en 1970 ni para satisfacer sus necesidades más básicas. Era ese un sistema cruel y miserable.

Lo que puede decirse es que para las inaceptables cifras de pobreza dura de los años setenta, para ese nivel de desempleo, subempleo, hacinamiento poblacional, campos mal explotados con inquilinos con ojotas y sin educación, con desnutrición y mortalidad infantil, para esa vergüenza de sociedad en que vivíamos, con las más grandes riquezas en manos de unos pocos y de poderosas empresas extranjeras, los sectores populares siguieron estrictamente, con santa paciencia, el conducto regular y democrático: nuestra democracia era ejemplar, estaba del todo sana, la gente creía en ella.

Lo que puede decirse es que para las inaceptables cifras de pobreza dura de los años setenta, para ese nivel de desempleo, subempleo, hacinamiento poblacional, campos mal explotados con inquilinos con ojotas y sin educación, con desnutrición y mortalidad infantil, para esa vergüenza de sociedad en que vivíamos, con las más grandes riquezas en manos de unos pocos y de poderosas empresas extranjeras, los sectores populares siguieron estrictamente, con santa paciencia, el conducto regular y democrático: nuestra democracia era ejemplar, estaba del todo sana, la gente creía en ella.

Tras el experimento de Frei, los más pobres o los más izquierdistas ganaron finalmente la Presidencia. Antes de asumir Allende nos llegó un vaho de enfermedad con el, entre nosotros, nunca visto asesinato del general Schneider, quien como comandante en Jefe se había negado –democráticamente– a desconocer el resultado de las urnas.

Estaban detrás de ese asesinato los mismos enfermeros o médicos envenenadores que tres años después dieron el Golpe.

Yo creo que los amigos del analista Piñera inocularon en nuestra democracia el virus fatal de los Jalisco nunca pierden, winners democráticos o, si no, winners golpistas o, si no, winners corruptores, lo que cuenta es tener siempre unos pocos la sartén por el mango.

Era la nuestra –entonces– una democracia sana, digna, decente, con relativa variedad y pluralismo en los medios, que no estaba en venta y que, pese al ambiente enrarecido en que se la sumió artificialmente, con financiamiento no chileno, funcionó en plenitud hasta hace justo 45 años. Hoy, lo sabe bien nuestro político analista y enfermero Forbes, la democracia es un simple nicho de mercado, un bien de consumo, algo que los muy, muy ricos compran y venden y degradan y destruyen, contribuyendo con entusiasmo a que esté lo más enferma posible, algo así como muerta en vida.

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