Miércoles, 28 de septiembre de 2016Actualizado a las 23:43

Editorial

La sociología política del discurso presidencial

por 23 mayo 2014

La sociología política del discurso presidencial
Es posible que Bachelet haya perdido una buena oportunidad para explicarle al país el momento político que se vive y que, entre otras cosas, la eligió a ella como símbolo del cambio político, muy por encima de las banderías partidarias. Aunque es una posibilidad que la simplicidad de su Mensaje, casi una lista de cosas por hacer sin marca de prioridades estratégicas, sea la expresión de lo que la gente espera, y justifique el éxito comunicacional del discurso.

El Mensaje Presidencial no tuvo nervio político y no es una carta de navegación para un cambio de ciclo. Es un aceptable mensaje de políticas públicas, con un elenco de propósitos gubernamentales que constituyen una carta de navegación para una buena administración de lo actual con ajustes institucionales. La tranquilidad con que la oposición recibió el Mensaje, demuestra que el mensaje de continuidad caló.

En el largo trazo, el Mensaje está lejos de prefigurar el perfil de un proyecto país, con un salto importante hacia la modernidad política, la equidad, la integración social y una renovación de sus elites.

Es posible que Bachelet haya perdido una buena oportunidad para explicarle al país el momento político que se vive y que, entre otras cosas, la eligió a ella como símbolo del cambio político, muy por encima de las banderías partidarias. Aunque es una posibilidad que la simplicidad de su Mensaje, casi una lista de cosas por hacer sin marca de prioridades estratégicas, sea la expresión de lo que la gente espera, y justifique el éxito comunicacional del discurso.

El tono coloquial, casi íntimo, utilizado por la Presidenta, puede tener el déficit de la convocatoria nacional y carecer de tensión. Pero lo que es seguro es que refleja un momento de satisfacción y realismo, afirmado en la idea de que el país está contento con lo logrado y sólo debe resolver uno que otro problema, pero sin “indignados” ni tensión alguna. Y, por cierto, apelando a mayorías emergentes que no están en la calle. Es decir, hecho para una “nueva clase media emergente” como mencionó, sin posiciones extremas, y una sociedad que casi no tiene pobres ni ricos, sólo gente con problemas en medio de su crecimiento.

En la visión presidencial hay una convicción profunda de buena madre, sin distinciones odiosas y sin siquiera apelar a su coalición política. La Nueva Mayoría no fue mencionada y la actitud sedante de este primer discurso habla de una voluntad de buena administración por sobre cualquier otra consideración, donde la voluntad de continuidad crítica parece no tener origen político.

El tono coloquial, casi íntimo, utilizado por la Presidenta, puede tener el déficit de la convocatoria nacional y carecer de tensión. Pero lo que es seguro es que refleja un momento de satisfacción y realismo, afirmado en la idea de que el país está contento con lo logrado y sólo debe resolver uno que otro problema, pero sin “indignados” ni tensión alguna. Y, por cierto, apelando a mayorías emergentes que no están en la calle. Es decir, hecho para una “nueva clase media emergente” como mencionó, sin posiciones extremas, y una sociedad que casi no tiene pobres ni ricos, sólo gente con problemas en medio de su crecimiento.

“Amigos y amigas buenos días, (queremos) vivir en un lugar mejor, con menos desigualdad, más oportunidades y con mayor calidad de vida”.

“… Chile es un país distinto: más conectado..., con más aspiraciones, que se moviliza por la educación, en la defensa de sus comunidades y del medio ambiente…”.

“Vemos una nueva clase media emergente…, mujeres cada día más presentes en el mercado laboral… ciudadanos más activos y conscientes de sus derechos… trabajadores esforzándose día a día por acceder a mayores niveles de bienestar y mejorar sus condiciones laborales… artistas desplegando su arte y deportistas trabajando para conseguir mejores logros para ellos y para Chile”, “… emprendedores, muchos de ellos jóvenes, creando nuevos productos y servicios y esperando que nuestra economía les ayude... Vemos en el país una energía, talento y empuje enormes, que no podemos desperdiciar y que representan un activo del Chile de hoy”.

“Junto a todo esto, se percibe también un gran descontento por los problemas profundos que no hemos sido capaces de resolver como país”. “No hay duda que hemos tenido un importante crecimiento económico, desarrollo de… una serie de áreas que nos hacen ser vistos como un país líder en la región”.

Pero “debemos reconocer que no hemos logrado superar las grandes desigualdades que nos afectan, ni terminar con los privilegios y abusos en distintos ámbitos de nuestra vida y de la marcha del país”. “… Reconocer que hay cambios que resultan indispensables y urgentes para hacer que el país no detenga su crecimiento y logre un desarrollo inclusivo”. “Llevaremos a cabo una profunda reforma educacional…, financiada por una reforma tributaria, las que unidas a una nueva Constitución, completan las tres grandes transformaciones que llevaremos a cabo en este período”.

“Esto irá de la mano de un esfuerzo importante… (para enfrentar) las necesidades urgentes de vida diaria de las personas”. “… específicamente temas relevantes como salud, relaciones laborales, calidad de vida, cultura, transporte, deporte, lo que unido a un potente programa económico y energético que genere crecimiento y empleo, serán las grandes prioridades de mi gobierno”.

“Así como antes fuimos capaces juntos de poner a Chile en la senda del crecimiento económico con democracia, hoy necesitamos hacer un nuevo esfuerzo para que el desarrollo y el crecimiento sea más armónico e integral”.

Todo está dicho en materia sectorial, aún antes de enumerarse las acciones, sin mucha prioridad, como para debatir, a excepción de los puntos clave: reforma tributaria y educación. Y en política, lo esencial se resume en tres párrafos:

“No tengan dudas que en este afán mantendremos aquello que ha funcionado y nos ha dado buenos resultados: en esta nueva etapa que se abre Chile no está partiendo desde cero”.

“Los gobiernos democráticos desde 1990 a la fecha, fueron capaces de construir una economía sana, una democracia estable y un país maduro, que puede mirarse al espejo y reconocer sus aciertos y profundizarlos”.

“Quiero ser muy clara en este punto: durante mi gobierno haremos estas transformaciones y lo haremos con gobernabilidad, paz social, de manera democrática y transparente”.

Es efectivo que un discurso político requiere de simplificaciones. Y por más que el Mensaje Presidencial del 21 de mayo sea una cuenta al Congreso Nacional y al país, no puede sustraerse a ese hecho. Ello ocurre en temas tan importantes como el medio ambiente, que la Presidenta reduce a contaminación atmosférica y cuidado de los glaciares.

Por lo mismo, el marco político es trascendental para fijar el orden estratégico de lo que se dice y suplir las inevitables simplificaciones. Pero no hubo tal marco político ni visión estratégica, a menos que ello se quiera leer en el siguiente párrafo:

“El rol fundamental del Estado, como garante del bien común y de los derechos de las personas, es asegurar que el cambio de la Constitución se realice con sentido de largo plazo, gradualidad y gobernabilidad”.

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