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Película de Atom Egoyan hace f

Cultura - El Mostrador

Ararat: La mirada contemporánea al genocidio armenio

por 12 enero, 2004

Aclamado en el festival de cine de Cannes en su versión 2002, este complejo, potente y revelador filme narra las peripecias de un equipo de filmación que intenta dar cuenta del genocidio armenio perpetrado por los turcos a comienzos del siglo XX.
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Históricamente, los sucesivos gobiernos turcos han negado la veracidad del genocidio perpetrado al pueblo de Armenia durante 1915, donde cerca de un millón y medio de personas murieron. El reconocimiento formal de la masacre por parte de varios parlamentos en el mundo ha causado roces diplomáticos entre Turquía y muchos países.



Aratat, del realizador de origen armenio Atom Egoyan, aparece dentro de un contexto en donde los acercamientos cinematográficos hacia estos dramáticos hechos han sido más bien escasos. Ovacionada tras su estreno en el festival de cine de Cannes (versión 2002), la cinta emerge como la gran película de la historia sobre el genocidio armenio perpetrado por los turcos a comienzos del siglo XX.



El filme narra la historia de un joven llamado Raffi (David Alpay), quien vuelve a Canadá con latas de película de 35 milímetros, algunos videocasetes digitales y un secreto. Durante el control aduanero, David, uno de los funcionarios (Christopher Plummer), siente curiosidad por descubrir lo que esconde Raffi, quien declara que sólo lleva material extra para una película que se está rodando en Toronto. Pero David sospecha que miente y el interrogatorio se convierte en un auténtico examen psicológico que revela fragmentos de sus respectivas historias personales.



Ararat entrelaza las historias de dos familias con conflictos interiores sin resolver. Raffi, de origen armenio, lucha con el recuerdo de su padre y con las reacciones opuestas que dicho sentimiento suscita en su madre, Ani (Arsinée Khanjian), obsesionada por un pasado que niega, y en su hermanastra, Celia (Marie-Josée Croze), que culpa a Ani por la muerte de su padre. Por su parte, David intenta entender y aceptar la relación que su hijo Philip (Brent Carter) tiene con un actor de origen turco, Alí (Elias Koteas), al tiempo que intenta establecer una sólida relación con su nieto, Tony, el hijo de Philip.



Compleja en su esquema narrativo, Ararat presenta ciertos baches en su línea de desarrollo al intentar contar la historia mediante flash back difusos y poco directos que entorpecen la normal comprensión de lo que se quiere decir. En un comienzo el relato se torna extraño, denso, poco dinámico, sin horizonte y relativamente tedioso en la presentación de su argumento y personajes principales.



Sin embargo y, a medida que la proyección avanza, la cinta de Egoyan va cobrando fuerza, encuentra ciertas conexiones internas y logra armar una historia interesante y cautivante para el hasta entonces impávido espectador. Recreaciones del genocidio con turcos violando mujeres y asesinado niños, ligadas íntimamente con reflexiones y recuerdos personales del protagonista, dan al filme un tono humano, intenso y emocional.



Resulta de un particular interés la relación que se establece entre el funcionario del control aduanero y Raffi, el protagonista de la cinta. Ambos, en una suerte de auto análisis, van recorriendo íntimos vestigios de su vida a modo de construir una panorámica verosímil de los acontecimientos por los que Raffi es detenido.



Continuas imágenes de diversas historias paralelas van potenciando esta interesante y reveladora conversación. Así, el director opta por una estructuración de la historia a modo de collage en el que se mezclan los tiempos narrativos, la ficción, la reconstrucción histórica y el drama familiar.



Arriesgada pero intensa, Ararat se convierte en una genial reflexión sobre el genocidio del pueblo armenio a manos de los turcos en 1925. Es indudable que el filme de Atom Egoyan presenta diversos altibajos narrativos -sobre todo al comienzo-, pero a medida que la proyección avanza, la película se autoconstruye acertadamente y logra provocar, cautivar, indagar y sorprender. Gratamente por supuesto.



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