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Luis Fornazari es escéptico re

Neurólogo que hizo peritaje de salud de Pinochet teme nuevas dilaciones

por 29 septiembre, 2004

Fornazzari, que el 2001 representó al tribunal en los peritajes médicos, valora la gestión del juez Juan Guzmán en causa por Operación Cóndor, pero advierte sobre la eventual repetición de procedimientos que concluyeron con el cierre definitivo del proceso por la Caravana de la Muerte.
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La expectativa respecto del peritaje que este jueves se le realizará al ex general Augusto Pinochet en el marco de la Operación Cóndor no la constituye la diligencia en sí, sino el profesionalismo, acuciosidad y veracidad con que se practiquen los exámenes, así como la valoración que los tribunales hagan de su resultado para evitar que se repita lo ocurrido el 2001, en una diligencia similar que se practicó en el proceso de la Caravana de la Muerte y que posteriormente tomó en cuenta exámenes paralelos para sobreseer definitivamente esa causa.



Así por lo menos lo considera el neurólogo chileno Luis Fornazzari, quien reside en Toronto, Canadá, donde además de ser académico, desempeña funciones en el Centro de Adicción y Salud Mental. El facultativo confía en el magistrado Juan Guzmán, a quien no sólo considera idóneo, sino un juez por definición. No obstante, esta consciente de que "sólo puede hacer ciertas cosas, porque si la Corte Suprema dictamina poner en paralelo otros informes de médicos que atienden a Pinochet en hospitales del Ejército ¿qué puede hacer el juez Guzmán?"



La reflexión de Fornazzari tiene asidero. En su condición de profesional designado por el tribunal integró el equipo que el 2001 practicó peritaje médicos a Pinochet en el marco del proceso por la Caravana de la Muerte, emitiendo un informe que no fue considerado por el tribunal.



"La última vez fue increíble. El informe que le entregaron a esa corte para evaluar fue basado mayoritariamente, en un informe posterior, que se realizó tres días después de la evaluación seria que hizo el Instituto Médico Legal en enero del 2001. El informe que sobreseyó el proceso estaba basado en evaluaciones que entregaron Ferrer, Olivi y Claudio Molina. Esos tres fueron los autores de los informes que se le hicieron llegar a los jueces", comentó el profesional, no descartando que en esta ocasión se pueda repetir el procedimiento.



Del equipo convocado el 2001, sólo Fornazzari y Sergio Ferrer (nuevamente nombrado por la defensa de Pinochet), tenían experticia en demencia, siendo el primero el único que continuaba ejerciendo activamente en esa área de la medicina



Entre los nombres de los médicos revelados el lunes para practicar el nuevo peritaje al ex militar, Fornazzari reconocía la idoneidad del neurólogo Claudio Arriagada y reconocía que su prestigio daba confianza al desarrollo del procedimiento. Las declaraciones fueron hechas por Fornazzari antes de que trascendiera que Arriagada no había aceptado participar en la diligencia por "problemas de agenda".



De Martín Cordero dice no tener mayores referencias. Aun cuando le reconoce como siquiátra, sabe que no tiene mayor experticia en demencia. "Viene muy recomendado por los abogados querellantes, espero que cumpla un rol serio y profesional para demostrar si Pinochet está en condiciones de presentarse a juicio", comentó.



Subterfugios



Su preocupación mayor, no obstante, se centra en la participación de Sergio Ferrer, neurólogo privado de Pinochet, a quien describe como una persona con "trayectoria y conducta absolutamente militarista", preocupándole los subterfugios que pueda utilizar la defensa, ya que, según recuerda, el 2001 fueron desde postergar la diligencia, hasta presentar una imagen totalmente desvirtuada del estado de salud de Pinochet.



"Él (Ferrer) tiene criterios sumamente anticuados sobre temas relacionados con demencia. La forma como quiso presentarnos a Pinochet al resto de los evaluadores el 2001 fue un tanto patética. Presentó al ex general como una persona muy enferma, muy débil, con una diabetes que no le dejaba hacer nada. Pretendió mostrar alguien que no podía pensar, ni caminar, ni moverse. No fue así. Pinochet anduvo, tuvo buena memoria, prestó atención, mostró concentración y juicio. Todo eso nos llevó a decir en el informe final que era una persona que sí podía ser juzgada", recordó Fornazzari, manifestando su temor a que esta vez vaya a tratar de influir nuevamente en los otros dos médicos para presentar a Pinochet en una situación de fragilidad que le impida ser sometido a proceso.



Por tal motivo, considera que en esta ocasión cobrara extrema relevancia la entrevista que se le debe practicar al cuidador profesional del paciente y por sobre todo la acuciosidad e idoneidad de los exámenes, cuyos resultados, estima, deberían estar listos 24 horas después.



"Si no hay nadie más, si lo examinan con tiempo y si conducen los tests apropiados, el peritaje debería demorar entre dos y tres horas y el resultado estar dentro de las 24 horas siguientes. No tendría por qué demorarse", puntualizó.



Asimismo, explicó que "en toda evaluación de demencia es muy importante el relato del cuidador o cuidadora. El paciente puede decir no tengo problema de juicio, pero el correlato con cuidador y cuidadora profesional es muy importante. En enero de 2001 pasó que mientras el cuidador profesional dio una visión absolutamente real de lo que era capaz de hacer, por alguna razón, la médico (América González) que dirigía el Servicio Médico Legal (SML) y la secretaria del juzgado, no tomaron en cuenta el relato. Eso lo supe después. Y reinterrogaron a la esposa de Pinochet, que obviamente dio una versión diametralmente opuesta a la del cuidador profesional, que era una persona seria que había estado alrededor de nueve años con Pinochet. El cuidador declaró que el paciente reconocía todo, el relato de la esposa era diametralmente opuesto".



"En esa ocasión aplicaron una entrevista estandarizada para el cuidador; se le hicieron preguntas muy claras de vida diaria, calidad de vida, juicio y razonamiento del paciente, a juicio de esta persona. Espero que en esta ocasión algún cuidador profesional pueda ser veraz y que el resultado sea tomado en cuenta por el tribunal", manifestó Fornazzari, quien considera que esta vez él no fue convocado por haber primado la efectividad y rapidez con que el juez Guzmán está llevando adelante las diligencias.



Respecto de las escuetas respuestas que dio Pinochet al breve interrogatorio que el juez Guzmán le practicó el sábado, Fornazzari dijo que se detecta "una especie de falta de juicio". No obstante, precisó que eso sólo puede ser fehacientemente comprobado a través de una buena evaluación, con exámenes adecuados y estandarizados a la edad del paciente y que consideren, entre otros elementos, los medicamentos que se le están administrando.



Diagnóstico médico



Fornazzari explicó que el diagnóstico de "demencia subcortical de leve a moderada" significa que Pinochet, "debido a los microinfartos cerebrales debajo de la sustancia gris (corteza cerebral), tiene pequeños infartos milimétricos en su cerebro que más que nada producen problemas de tipo neurológicos". No obstante, recordó que el 2001 el ex militar se encontraba "con todas sus funciones cerebrales superiores más o menos indemnes".



"En enero del 2001 no tenía ningún pequeño o microinfarto a nivel cortical, todos debajo de la corteza, del manto cerebral. Fue por eso que hubo gran enojo de mi parte cuando por esos pequeños infartos se dijo que tenía todos estos leves problemas neurológicos que eran absolutamente detectables con exámenes físicos", comentó, reiterando que sólo la acuciosidad de los peritajes permitirá establecer el real estado de salud del ex general.



Desde Canadá, Fornazzari ha seguido atentamente todas las informaciones de prensa relativas al estado médico de Pinochet. Todos ellos -recuerda- decían relación con que el ex general había sido hospitalizado por nuevos infartos cerebrales, pero "los síntomas que se describían en ningún momento correspondían a infartos cerebrales".



"Los informes decían que Pinochet habría presentado lagunas, períodos de confusión y que debido a crisis isquémicas transitorias, pequeños problemas de circulación cerebral en áreas específicas del cerebro, pero la descripción que ellos hacían era totalmente incompatible con la crisis isquémica transitoria", manifestó, al precisar además que cuando lo examinó el 2001, el ex general utilizaba solo un audífono que apenas se le notaba, razón por la cual insiste en que es indispensable la más completa y acuciosa evaluación.



Desenlace



Para el profesional es difícil anticipar cuál será el resultado del peritaje. No obstante, no le deja de sorprender que Pinochet siga haciendo declaraciones públicas, cuando el 2001 los tribunales sobreseyeron definitivamente el caso, tomando en cuenta resultados de exámenes médicos que decían que no estaba en condiciones de presentarse a un juicio.



"La legislación chilena es muy anticuada. Estar adecuadamente en condiciones de declarar, es diferente en todos los países europeos y norteamericanos. Acá en Canadá, por ejemplo, el paciente puede estar incluso con grado deterioro de demencia, pero si entiende por qué va a ser juzgado, solamente si entiende lo que va a ocurrir, está apto para ser juzgado. Si se encuentra que es culpable, no va a la cárcel pero sí tiene que reconocer que actuó mal, que entendía lo que estaba pasando", explicó.



Desgraciadamente en Chile -precisa- si alguien dice que no recuerda lo que hizo no está apto para ser juzgado.



"Pinochet dice que no tiene idea de la Operación Cóndor, cree que es el ave del escudo chileno. En el mundo civilizado no pasa así. Si estuviese siendo juzgado por un tribunal internacional, tendría que declarar, bajo toda luz se encontraría que está absolutamente en condiciones. Pero en Chile, lo más probable es que digan que no recuerda, que está débil de memoria, que no sabe quiénes fueron los otros jefes de la policía secreta, y que cómo lo van a interrogar. Esa es la gran diferencia", puntualizó.





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