Elecciones aceleradas en Haití: el salvavidas para la Minustah - El Mostrador

Miércoles, 22 de noviembre de 2017 Actualizado a las 04:49

Análisis internacional:

Elecciones aceleradas en Haití: el salvavidas para la Minustah

por 15 enero, 2006

Mark Schneider, del International Crisis Group, ha cuestionado la realización de elecciones en las condiciones actuales que se dan en la isla antillana. Señala que, tal como están organizadas, no contribuirán a formar una base de legitimidad. Más bien ayudarán a crear un Estado con una falla central que puede quedar en manos de redes de narcotraficantes y empresarios corruptos.

Haiti ha permanecido como un anatema histórico. Con una oligarquía feroz -a la que se denomina la élite- que ha prevalecido poderosa e inclaudicable a través de todos los gobiernos en los últimos 45 años. Con la vulnerabilidad de ser una clase dirigente minoritaria, formada por mulatos de origen francés y africano y a veces mezclados con inmigrantes del Medio Oriente, se ha mantenido en el poder en forma ilegítima, sobre la base de la fuerza.



Haití, en efecto, es una especie de mancha en el esfuerzo de las potencias occidentales de hacer progresar las sociedades sobre la base de las políticas de crecimiento y libre mercado. El Banco Mundial, como el FMI, estimularon políticas monetarias y de gestión económica que apuntaron al corazón de la herencia oligárquica-militar, a la que Haití estuvo acostumbrado a funcionar. Allí reside una raíz importante de la inestabilidad actual.



Intervenciones humanitarias de la ONU: el eterno rompecabezas



La intervención militar por causas humanitarias, invocando el capítulo VII de la Carta de la ONU, ha sido el modelo sentado por Estados Unidos y varios países europeos, como Francia y el Reino Unido principalmente, para involucrarse en las crisis civiles de ex colonias, o zonas de influencia remanentes de la guerra fría clásica.



Bajo este capítulo una buena parte de los ejemplos demuestra que se han construido historias militares interminables y procesos políticos frustrados. Es el caso de Somalia (1992), el propio Haití(1994), Ruanda(1994), República Democrática del Congo (1996), la ex Yugoslavia(1993) y Timor Oriental (1999). Hay otros escenarios donde la intervención ONU-Unión transatlántica ha fallado también. El conflicto israelí-palestino es el ejemplo más claro del fracaso del uso de normativas internacionales para resolver un conflicto desde la intervención "externa". El caso más patético de intervención internacional -ahora con el veto favorable del Consejo de Seguridad de la ONI- es el de Irak, con una copiosa documentación del fracaso.

Elysabeth Wilmshurst, ex asesora legal del Foreign Office del Reino Unido (quien renunció por el apoyo de Blair a la invasión a Irak), comentó en una conferencia reciente que "después de lo de Irak y observando lo de Darfur, la ONU debería elaborar reglas y estatutos más claros respecto a las intervenciones militares en casos de crisis humanitarias". Esta falta de claridad se expresa, por cierto, en Haití.



En un plano general, el tipo de intervención dual -política y militar-, que se implementa a través de un principio de pacificación que atraviesa el tejido social y político de un país, con una fuerza multinacional de la ONU, revela en sí problemas conceptuales y de diseño que no están resueltos.



La polémica actual sobre Haití es dura. Por ejemplo, Mark Schneider, Vice Presidente Senior del International Crisis Group, ha cuestionado la realización de elecciones con antecedentes de que los 38.691 asistentes de votación no tienen adecuada capacitación, que los 31 candidatos (hasta el momento) reclaman que los 850 lugares de votación están muy distantes entre sí, en un país montañoso de difícil acceso, y que el 50% de los votantes no tienen tarjetas para poder votar. Schneider señaló al Christian Science Monitor "que los preparativos de las elecciones son un fiasco". Para él, estas elecciones, tal como están organizadas, no contribuirán a formar una base de legitimidad. Más bien ayudarán a crear un Estado con una falla central que puede quedar en manos de redes de narcotraficantes y empresarios corruptos. Una de las respuestas de un funcionario de la ONU ante las críticas fue que "habría que esperar mil años para que los comicios en Haití se parezcan a los de Suiza".



El modelo Haití y la seguridad hemisférica



Un estado en grado de semi-desintegración, con un sistema político deteriorado al nivel de violencia extrema, como es el caso de Haiti, es una oportunidad para aplicar fórmulas de asociaciatividad entre países para reconstruir un multilateralismo que aún no se recupera del golpe de la invasión de Irak sin aprobación de la ONU.



Por otra parte, los EEUU, de acuerdo al material publicado oficialmente (War College, ISS, Pentágono), están concentrados en la seguridad hemisférica como un todo, y lo que más les interesa es consolidar un modelo de intervención. Haití ofrece una oportunidad única para unir una serie de intereses transnacionales.



En este sentido, Haiti es más importante que cualquier otro territorio en el hemisferio, porque se está testeando un modelo de intervención en estados al punto de degradación extrema, y con la población en pie de combate. En todos los otros "experimentos" -Colombia, el mayor de ellos- se había fallado. Es como Irak, que con todas sus fallas, es en el fondo un campo de batalla rico en enseñanzas.



DDHH: Un costo lamentable pero inevitable



Como en Irak, en Haití se están violando los DDHH. Ya nos referimos a este tema en una nota anterior. Las opciones de la Minustah en un ambiente como el de Haití son reducidas. Desde este punto de vista acelerar las elecciones era la única alternativa para poder actuar militarmente desde la plataforma de un gobierno legítimamente constituido. Pero esto es precisamente lo que argumentan los críticos. Que la legitimidad será protegida en situaciones militares límite, donde lo más probable que aumente la violencia y el riesgo de violación a los DDHH.
La violación de los DDHH, tal como se violan diariamente en Irak, forma parte, por tanto, de la operación y se considera lamentable pero inevitable.



"Hay que decirlo crudamente: las violaciones a los DDHH forman parte de la operación. Como deben comenzar a ser menos sorpresivas las muertes de Vieira de Mello, el representante de la ONU en Irak, y la de Urano Teixeira Bacellar, el jefe de la misión militar", nos dice un funcionario de una ONG que trabaja en Haití. Las muertes de 1.600 civiles desde la partida de Aristide, parecieran ser parte del modelo también. "Víctimas inevitables de un proceso de estabilización; no se conoce otra fórmula. No es un proceso a la Gandhi.", agrega.



Al estilo de los Tonton Macoutes



Según fuentes haitianas, la forma "Duvalier" de hacer política está lejos de estar desenraizada en el país. Lo que se observa hoy, y que muchos extranjeros no pueden comprender, es la vigencia de ese fenómeno. "El proceso de "déchoukay" (desenraizar en cróele), el estilo y una forma de enfrentar el antagonismo en Haití que se patentó con el uso de los 'Tonton Macoutes', no ha concluido", añaden. La fuerza del terror de las épocas pasadas aún opera, envasada en otras cartulinas, en la misma forma en que lo hacían los "Macoutes", el aparato de seguridad estatal de facto de los años de Duvalier padre e hijo.

La más clara demostración es el gobierno de Aristide, que al demonizar al máximo la militarización de la política, tuvo el efecto contrario: la hizo despertar. Hay un proverbio en Haití que dice: "Las constituciones son de papel, los fusiles son de acero".



Claramente la nueva Constitución haitiana que se implanta con la caída de Jean Claude Duvalier (1986) no ha permitido consolidar un proceso político en casi 20 años. Desde esta perspectiva, es prácticamente imposible que una misión de estabilización de Naciones Unidas con menos de dos años, revierta situaciones tan básicas y arraigadas como la forma violenta de hacer política, y la de resolver los antagonismos con situaciones límites.

Una cientista social brasileña señala que por el tipo de países convocados a formar la fuerza multinacional, se comienza a reflejar un patrón regresivo a las prácticas de control de los años 60 y 70 en América latina. Lo mismo es aplicable a los contigentes de Sri Lanka y Nepal. Esto se ve reflejado en la alienación de la población con estas prácticas, que ahora no provienen de los macoutes sino de los cascos azules de la ONU. Eso es peligroso porque puede producirse un fenómeno similar en zonas de Mozambique, Angola, Ruanda, República Democrática del Congo, y Sudán, donde la población rechaza a la ONU.



A ella le parece que legitimar un gobierno elegido a punta de bayoneta no cumple el objetivo de encontrar canales de mediación. Hay que buscar el centro del conflicto político, y una elección es apenas otra transición, porque al parecer ese centro del conflicto no fue posible resolverlo a punta de bayonetas.

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