Duelo y rabia en cercanías del Hospital Militar y celebraciones en el centro - El Mostrador

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Las dos caras de un deceso con

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Duelo y rabia en cercanías del Hospital Militar y celebraciones en el centro

por 11 diciembre, 2006

En el centro médico castrense, a medida que avanzaba la hora, los ánimos se enardecían y el furor fue canalizado en contra de la prensa, especialmente de los rostros del canal estatal, que debieron despachar custodiados por la policía. En Plaza Italia, en tanto, se vio el doble opuesto de la pena y el dolor: festejos que en algunos casos incluyeron champán y terminaron con incidentes.




Tristeza, llanto, decepción rabia y furia. Estos eran algunos de las expresiones que resaltaban en las afueras del Hospital Militar, donde más de tres mil seguidores del ex comandante en jefe del Ejército, general (R) Augusto Pinochet, se congregaron a manifestar su dolor por la desaparición de quien fue su máxima figura.



Los carteles y los cánticos eran cada vez más subidos de tono, a medida que pasaban los minutos después del anuncio oficial del deceso, a eso de las 14:30 de este domingo. Ni siquiera los carabineros que trataban de resguardar el orden se salvaron, menos aún algunos periodistas de televisión, que incluso debieron hacer sus despachos custodiados por fueras especiales de la policía uniformada, ante un aluvión de insultos, escupos y toda clase de agresiones.



En los alrededores del hospital los vendedores ambulantes hicieron de las suyas vendiendo claveles blancos y fotos del ex uniformado con sus nietos o luciendo la banda presidencial.



Mientras tanto, los más fanáticos exhibían estatuillas del ex dictador, fotos y libros que ostentaban sobre sus pechos como grandes trofeos en tanto gritaban "Fuerza Pinochet", "Mientras Chile exista habrá un pinochetista", "Bandera a media asta", "Que se vaya Chilevisión", "Honores de estado para Pinochet", entre otros epítetos que se escuchaban en los alrededores del centro hospitalario castrense.



Silencio y marchas



El entorno en las afueras del Hospital Militar, tras darse a conocer la noticia sobre la muerte de Augusto Pinochet, acontecida a las 14:15 horas de este domingo, debido a una descompensación que agravó súbitamente su estado médico, fue poblándose de fieles seguidores del ex mandatario. Muchos de ellos permanecieron en silencio durante mucho tiempo, pero ahora encontraban un momento coyuntural para expresar su admiración.



Centenares de personas se reunieron en las salidas que dan a la avenida Providencia y a la calle Holanda, dos de los principales accesos del recinto hospitalario, vistiendo poleras con la cara del ex uniformado estampada en la frente e improvisadas pancartas con mensajes que rezaban "y ahora dirán que su muerte fue inventada" y fotografías en mano que mostraban a un Pinochet mucho más humano que la clásica imagen del militar cruzado de brazos y usando gafas oscuras de después del golpe de Estado de 1973.



Este panorama se mantuvo por varias horas e incluyó algunas otras manifestaciones de apoyo bastante particulares. La preferida de los asistentes fue entonar en reiteradas ocasiones el himno nacional, incluyendo la estrofa que tras la salida de Pinochet del gobierno, fue excluida: aquella que ensalza a "los valientes soldados". Otros cánticos que se repitieron durante la jornada fueron "El Rey", que hizo popular Pedro Vargas y "Libre", de Nino Bravo.



Otros más osados y con más recursos decidieron trasladar equipos de sonido que reprodujeron marchas militares, que se mezclaron con los gritos que pedían honores militares y rechazaban cualquier intervención médica al cuerpo de Pinochet, como una autopsia.



Ya entrada la tarde el caos se apoderó de las inmediaciones del Hospital Militar, gracias a la intervención de fanáticos y grupos neonazis que comenzaron a lanzar piedras a automovilistas que incluso apoyaban a Pinochet y agredir a departamentos del sector. Algunas bombas de ruido en la esquina de Providencia con Los Leones pusieron en alerta a los efectivos del Gope de Carabineros, en hechos que en definitiva no revistieron mayor seriedad.



Minuto a minuto



Cuando eran las 16 horas y ya habían transcurrido más de 90 minutos desde que se murió el ex uniformado, ya habían unas 500 personas en las afueras del hospital y protagonizan uno de los primeros incidentes con la policía al querer romper las vallas de seguridad dispuestas por Carabineros.



Debido a la presión y la cantidad de gente, 20 minutos más tarde la policía, decide correr las vallas unos metros. Los pinochetistas, entre los que se cuenta un panelista del Termómetro, el empresario Juan González, lloran sin consuelo y gritan "bandera a media asta" y "que se vaya Chilevisión" por los dichos de Alejandro Guillier, que dudó del aml estado de salud del ex militar.



El calor y la histeria de algunos fanáticos enardecieron los ánimos al punto que una mujer salta las vallas de seguridad y se va directamente a las banderas que se encuentran en las afueras del hospital para tratar de bajarlas e izarlas a media asta, lo que fue impedido por carabineros, que la detuvo en el lugar.

Ya a las 16:35, cuando aún no hay un pronunciamiento del gobierno, los gritos son contra la Presidenta: "Donde está, que no se ve la guatona Bachelet" y además le recuerdan que "no lo condenaron, no lo condenaron" haciendo clara alusión a que Pinochet siempre estuvo procesado y ningún juez se atrevió a dictar sentencia.



A las 16:45 horas, una pareja, donde el hombre estaba vestido con el traje militar de la Guerra del Pacífico, intenta bajar la bandera chilena, lo que también fue impedido por la policía. Los pinochetistas siguen gritando: "y no cayó, y no cayó", "no se suicidó", "Pinochet y CNI, salvadores del país".



La furia contra la prensa



Pasa media hora y cada vez llegan más simpatizantes del dictador. Mientras una señora llora abrazada a una estatuilla de Pinochet, la furia de los manifestantes las emprende contra la prensa. Uno de los primeros afectados es el periodista de TVN, Mauricio Bustamante, a quien le gritan que se vaya y le comienzan a lanzar botellas con agua, una de las cuales impacta al profesional.



En tanto, pasadas las 17 horas, sale del hospital el ex senador Francisco Prat, quien señala que "la familia estaba tranquila porque ha existido mucha cercanía". Al ser requerido respecto al por qué los representantes de la derecha no han concurrido hasta este recinto, dijo que "este no es tiempo de análisis sino que de recogimiento y de adhesión".



Avanza la hora y sólo a las 17:45 horas, dos militares proceden a bajar a media asta la bandera del ingreso al Hospital Militar. Las agresiones a los periodistas continúan, esta vez con Mónica Pérez de TVN como víctima, a quien le llega un botellazo y le comienzan a lanzar monedas.



Son pasadas las 18 horas y una mujer se desmaya por el calor, mientras que a Mónica Pérez, y al resto de los periodistas que se encontraban en el lugar les siguen tirando monedas y botellas de agua. Los gritos son para que Mauricio Bustamante y su colega se vayan del lugar, mientras se siente el estallido de cuatro bengalas desde el público.



Trascurre media hora y la furia de los manifestantes es ahora contra el periodista de TVN Iván Núñez, a quien golpean e insultan en cuanto lo divisan. Al otro lado, Paula Gallegos, concejala UDI de La Reina, pone el dato freak y señala que Pinochet "tuvo una muerte hermosa porque estaba acostado con la señora Lucía y así se nos fue".



Iván Wells e Iván Moreira



Son cerca de las 19 horas y sale el padre Iván Wells, capellán del hospital Militar y quien siempre ha estado al lado de Pinochet. Nadie se percata de su salida por el tumulto existente, se le ve emocionado ya que acaba de hacer una misa por el descanso del ex uniformado. No quiere hablar porque "no estoy en condiciones de hacer declaraciones", señala a este diario.

Pasados algunos minutos de las 19 horas, Iván Moreira, uno de los pocos diputados UDI que ha estado al lado del ex militar, cruza la reja del recinto entre los gritos de los manifestantes que incluso le vociferan "¡se siente, se siente, Moreira presidente!". El legislador señala que "pensaba que la señora presidenta iba actuar en su condición de mujer y que en su gobierno había perdonado, pero siempre ha existido el odio y la venganza. Hemos visto en las calles de Santiago, donde se está celebrando la muerte de un ser humano".



Unos pocos minutos pasan y sale el diputado Julio Dittborn (UDI), quien señala que "no es importante" que senadores como Alberto Espina digan que no van a concurrir a los funerales. Además recalca que "es de mal gusto que se celebre la muerte de alguien" y llamó a "ser tolerantes".



Dittborn dijo que le causa "extrañeza" que se haya dado funerales de estado a Pinochet y que sin embargo sí se haya decretado duelo oficial cuando falleció la presidenta del PC, Gladys Marín.



Avanza la tarde y debido a las fuertes agresiones a la prensa, la policía decide cercar a más de una cincuentena de periodistas y reporteros, mientras los manifestantes entonan los "Viejos Estandartes" y en el otro costado se grita "Chile en democracia, ha sido una desgracia".



Faltan pocos minutos para las 20 horas y sale Lucía Hiriart y su hija Lucía, mientras que en otro vehículo se retira el comandante en jefe del Ejército, general Óscar Izurieta. Los manifestantes rodean el centro asistencial a la espera de que el féretro salga rumbo a la Escuela Militar donde hoy habrán cuatro oficios religiosos.



Fuentes castrenses señalaron que los restos del ex uniformado serían trasladados esta madrugada para evitar desmanes en las calles capitalinas, que se vieron convulsionadas en el Día Internacional de los Derechos Humanos.



Celebraciones en Plaza Italia: "No es falta de humanidad, es falta de justicia"





El lugar que eligen espontáneamente los santiaguinos para celebrar lo celebrable, se tiñó de colores y alegría, cuando miles de manifestantes ocuparon Vicuña Mackenna primero y la Alameda después, para expresar su satisfacción por el cierre de un capítulo, que para muchos de ellos, cambió para siempre sus vidas.



"No es falta de humanidad, es falta de justicia". Así lo expresaba, con los ojos llorosos de emoción y una voz tranquila, Alicia Lira Matus, una mujer de 60 años que lucía en su mano un borroso y negro cartel con la imagen de su esposo, Felipe Rivera, ejecutado el 8 de septiembre de 1986 en represalia por el atentado a Pinochet.



Ella era uno de los manifestantes que llegaron por cientos, por miles, a la Plaza Italia de Santiago, derechamente a celebrar el fallecimiento del general Augusto Pinochet, cuya figura marcó las vidas de estos chilenos para siempre.



Mucha gente joven, familias completas con niños y bebés incluso, bailando, descorchando champaña, tirándose serpentinas, conformaron este pasado domingo una verdadera "catarsis colectiva" en el lenguaje sociológico; una genuina "fiesta popular", como no se veía hace muchos años, cuyos integrantes llegaron a "tomarse" la Alameda desde Plaza Italia, hasta Santa Rosa, sin ningún tipo de incidente con Carabineros....hasta que se acercaron a La Moneda.



No había dirigentes políticos conocidos. Sí muchos artistas, actores, profesionales, estudiantes, obreros, trabajadores, dueñas de casa, gente común y corriente. Las tribus urbanas se expresaban con la presencia de punks, trachers, anarquistas, unos postmodernos hippies y el ciudadano de polera y jeans de fin de semana. Una nube de extranjeros de todas la latitudes, se esforzaba en retratar cada detalle de lo que ocurría en sus cámaras fotográficas y videos de alta tecnología.



"Aquí sí que hay juventud, no como arriba (Hospital Militar) donde hay puros viejos", decía Nicolás Grau, Presidente de la FECH, al momento de llegar animosamente a Plaza Italia.



Pamela Jiles forrada en una bandera chilena, se subió a una camioneta que la invitó, al son de ruidosos tambores, a recorrer la plaza. Berta Lasala y Marcela Osorio, ésta ultima acompañada de toda su familia, hacían lo suyo animando a los grupos de jóvenes de bailaban al son de la música.



Pedro Lemebel, circulaba bebiendo una copa de champaña y tomándose fotos con algunos amigos, mientras que con su acostumbrada seriedad, el escritor Raul Zurita, ataviado en una bandera del PC, era saludado por quienes lo reconocían.



"Esta es la legítima expresión de alegría del pueblo chileno, ante al fin de una etapa, que nunca debió haber ocurrido en Chile", señaló Zurita a El Mostrador.



El periodista René Naranjo repartía abrazos a todo el mundo y más de alguno le pidió que le mandara "algún mensaje" a su ex compañera de trabajo y reconocida pinochetista, Patricia Maldonado. "Estoy acá porque la gente se expresa por la falta de justicia y en estos momentos pienso en mi padre, que fue simpatizante del PC y fue perseguido. Pienso en el Neruda que murió como un delincuente, pienso en el exilio de Littin y de Raúl Ruiz y pienso en tantas cosas terribles que sucedieron en este país", dijo Naranjo.



Apenas conocida la noticia del fallecimiento del general, pasadas las 14 hrs, un piquete de jóvenes llegaron hasta la Plaza Italia, lugar donde espontáneamente la gente llega a celebrar lo celebrable. Sin embargo como reconocía Carabineros, a las 16 horas ya eran unas mil personas las que se habían congregado y seguían brotando filas interminables desde las estaciones del Metro y vía la locomoción colectiva. A las 18 hrs, Carabineros ya reconocía por lo menos 2.500 personas , que sumaban más y más a cada momento.



Primero se ocupó completamente ambas vías de Vicuña Mackenna, con unas dos o tres cuadras hacia el fondo, después una vía de la Alameda, y pasadas las 18,30 horas ambas vías de la principal vía capitalina. Por lo menos 5 mil personas llegaron, en cifras conservadoras, cuando ya derechamente la gente se movilizaba con libertad por la principal calle de Santiago.



El abogado Hugo Gutiérrez, recibido como un héroe de guerra por los manifestantes, dijo que se trataba de la normal alegría de un pueblo, que no había sabido de esta alegría, ni siquiera el 5 de octubre de 1988, tras el plebiscito que puso fin a la dictadura, ni en los años posteriores de la Concertación. Tampoco se olvidó de recordar que el ex dictador falleció justo cuando el mundo celebraba el Día Internacional de los Derechos Humanos.



La "creatividad popular" se expresaba en carteles que rezaban por ejemplo: "cambio de mando en el Infierno: ya llega el dictador", "murió la muerte", "la justicia divina te espera" "mi hijo nacerá en un Chile sin el dictador", "la muerte le ganó a la Justicia" o "tu muerte fue tan lenta y tranquila, como lo fue la justicia en Chile".



Otros simplemente entonaban cánticos navideños como "¡Pascua feliz para todos¡" o los tradicionales "¡El que no salta es Pinochet!".



Así como una gran mayoría eran jóvenes , no faltaban los octogenarios militantes del PC que llevaban su bandera a cuestas. "¡Este es el mejor regalo de Pascua para los chilenos¡, expresaba con sus 81 vividos años, Orlando Miranda.



Todo era cantos, risas, bailes, abrazos de amigos y un mar de banderas, que iban desde los partidos políticos de izquierda, la DC, las minorías sexuales, símbolos mapuches, los principales clubes deportivos y la dirigencia social. Decenas de banderas chilenas, figuras de Allende, una sonriente Gladys Marín y un compacto de decenas de negras fotos de ejecutados políticos, como telón de fondo, eran el marco para las expresiones de júbilo de los asistentes.



¡A La Moneda, compañeros!



Allí vino el llamado tradicional: ¡A La Moneda, compañeros!.
Los asistentes de la Plaza Italia pararon cerca de las 19 hrs sus bailes y cantos, para enfilarse a una Alameda ya despejada de vehículos y locomoción colectiva. Carabineros, en la practica vencido en su intento de controlar el flujo vehicular, se replegó, dejando a los manifestantes la vía libre para bajar por la principal vía capitalina.



Allí comenzaron los problemas. Un piquete de muchachos jóvenes, las enfiló hacia La Moneda, donde allí sí Carabineros iba a actuar.



Y así fue. Vinieron cerca de las 19,30 hrs las manguerazos del "guanaco" y los gases lacrimógenos, en un ritual ya previsto por cientos de jóvenes que se dispusieron a "la batalla" callejera. Los más osados, usaron las propias barreras instaladas por Carabineros para tirárselas por la cabeza, otros hicieron lo propio con decenas de ventanales de bancos, locales de comida rápida y grandes tiendas. El escenario pasó a ser de los "encapuchados de siempre", mientras que las familias y quienes querían seguir celebrando con tranquilidad y alegría se fueron replegando de nuevo hacia Plaza Italia.



Allí continuó el baile, las risas, los cantos. Un grupo de chinchineros y otros de baile folklórico hicieron las delicias de los asistentes, mientras en el fondo, el tufillo de los gases lacrimógenos, provenientes de Alameda con Ahumada, se desvanecía en una tarde aún calurosa.



De pronto todos volvieron la cara, porque en un escena algo insólita, para una Alameda acostumbrada a una fuerte presencia policial, las humaderas de grandes barricadas instaladas al frente de la Universidad de Chile, reflejaban la gravedad de los incidentes.



Sin embargo, decenas de manifestantes, ajenos a lo que ocurría algunas cuadras más allá, seguían bailando, cantando, haciendo rondas y diciendo frases irreproducibles contra el ex dictador.



Cerca de las 20,45 hrs ya todo el mundo se retiraba a su casa, aunque el Metro inexplicablemente no facilitaba este proceso, porque casi todas sus estaciones estaban cerradas al público. Solo una pequeña abertura de una apretada reja, estaba abierta en Plaza Italia, en un escenario donde tampoco había locomoción colectiva.



Decenas, sino cientos de botellas de champaña, latas de cerveza, serpentinas y challa, en el sector de Plaza Italia; escombros y desechos de grandes barricadas y vestigios de los desmanes ocurridos en las cercanías de la Moneda, fue el paisaje que debieron enfrentar los responsables del aseo y el orden para que hoy lunes la ciudad retornara a la normalidad, luego de que este 10 de diciembre se terminara de escribir una página escrita a sangre y fuego en la historia de Chile.









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