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Autor de ''El húsar desdichado

Cultura - El Mostrador

"Carrera creía que con su voluntad podía hacer cualquier cosa"

por 18 septiembre, 2007

A 11 años de su debut, el texto vuelve a publicarse en una edición numerada. Su creador, el periodista Carlos Monge, recorre los últimos 10 años de la vida del prócer hablando desde las voces del propio prócer, Juan Martín de Pueyrredón -quien lo conociera en sus últimos años- y William Kennedy.
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Al igual que para de muchos, la aproximación del periodista Carlos Monge a José Miguel Carrera fue casual. Podría decirse incluso que fue el mismo Pablo Neruda quien puso a este importante -pero a la vez ignorado- personaje de la historia de Chile en su camino. Cuando residía en Argentina, Monge recibió -según él, "misteriosamente"- un libro editado muy lujoso y numerado con tinta verde, la misma que el poeta chileno usaba. "Uno podría creer que este libro había sido numerado por él", dice.



Es que un aspecto desconocido de Neruda es su labor como editor. Junto a Germán Marín, el Premio Nobel creó un sello llamado Ediciones Isla Negra. "Yo no sé realmente cuántos libros llegaron a publicar, pero tomaron fragmentos de las memorias de un militar argentino llamado Juan Martín de Pueyrredón, que en un tramo de su larga y aventurada vida, había conocido a Carrera en Mendoza, cuando éste ya estaba en su etapa final. Entonces él era un testigo de primera mano para contar en qué pie estaba Carrera antes de morir. Lo que se les ocurrió a Neruda y a Marín fue sacar esa parte de las memorias y publicarlas", cuenta.



Al leer el libro, Monge se dio cuenta de que no sabía nada de Carrera: "Como la mayoría de los chilenos, conocía como el video clip que acá nos dan de Carrera, que nos enseñan todo rapidito y se acabó", indica. El texto, en que se describía al personaje de manera muy testimonial, incitó al periodista a partir a la biblioteca a investigar sobre el prócer. Según él, "primero fue una cosa de hobby personal y después, cuando ya tenía suficientes libros de notas, me di cuenta de que era un material que narrativamente tenía muchas posibilidades literarias y me puse a escribir una novela".



"Me tomé la libertad de hablar en primera persona, de que el hablante fuera Carrera. Entonces, o uno es demasiado audaz, o es que ya has leído tanta cantidad de textos sobre el personaje, que le ha podido tomar el pulso, la temperatura", explica el periodista.



El húsar desdichado



Monge, quien también ha publicado "Palomitai y otros poemas" (1986) y cuentos de su autoría en las compilaciones "El crimen de escribir" (1998), "Desafueros" (1999) y "Con Pasión" (2001), reconoce que Carrera fue sólo una excusa para ponerse a narrar, "porque yo quería escribir sobre el exilio y su derrota, que eran experiencias que muchos de mi generación ya teníamos incorporadas. Entonces, Carrera me venía de perilla para reflexionar sobre estos temas. Después, como siempre les pasa a los escritores, uno se va enamorando del personaje".



Reconoce que lo que más le llama la atención de José Miguel Carrera es que, a su parecer, fue un avanzado en su época. "Mientras O'Higgins y la logia miraban a Europa, sobre todo a Gran Bretaña -y en un momento pensaron en traer hasta a un rey con tal de sacarse de encima la amenaza española-, Carrera miraba a Estados Unidos, la potencia del futuro. Era un tipo muy liberal, las medidas que tomó en su corto gobierno fueron medidas de avanzada" dice en entrevista con El Mostrador.



-¿Qué le parece que este personaje sea tan obviado a la hora de enseñar la historia de Chile?, ¿por qué a Carrera hay que descubrirlo?
-Creo que Carrera está ninguneado por la historia oficial. Siempre miro los nombres de las calles: la Gran Avenida es la Gran Avenida. Solamente cuando miras la letra chica ves que es la Gran Avenida José Miguel Carrera. Su figura es tan importante que no puede ser ocultada ni borrada. Tiene su estatua, el Instituto Nacional también tiene su nombre, pero es como por formalidad, porque lo cierto es que todos los homenajes están destinados al "padre de la patria" que es Bernardo O'Higgins. Es como que la presencia de uno hace imposible la existencia del otro, es una contradicción súper blanco y negro y no debería ser así. La estatua de Carrera está como cinco o seis cuadras más abajo de la Plaza de la Constitución. Es como "aceptémoslo, pero piola", a regañadientes. Porque, como dice el músico argentino Lito Nebbia, "si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia".



-¿Qué le causó la representación que se hizo de Carrera en la serie televisiva Héroes?
-Para un tipo que, como yo, había tragado gran cantidad de información sobre el personaje, inmediatamente saltaban a la vista los errores de carácter histórico. Pero creo que más allá de eso hay que rescatar el hecho de mirar el pasado en un país como éste, donde nos cuesta mucho hacerlo. Creo que aunque sea con desprolijidades, como fue en este caso, siempre es mejor a que no se haga nada. En ese sentido me parece positivo. Ahora, el Carrera que uno encuentra ahí no sorprende demasiado, es el Carrera que todos tenemos en el disco duro: el chico bien, apuesto, rápido de palabra, arrojado. Al final, uno no aprende historia a través de los videos o las películas, por muy bien hechas que éstas sean. Para aprender historia tienes que leer un libro.



-¿Hasta qué punto es posible identificar o comparar la figura de Carrera, este héroe derrotado, con la de Salvador Allende?
-O con Balmaceda, también. Yo creo que hay más de algún paralelo. Pienso que Carrera fue un idealista toda su vida, quizás porque no tuvo tiempo de llegar a ser un político. Él murió a los 36 años, pero su vida política le ocupa los últimos diez años de su vida. Era una persona que le daba mucha importancia a cosas a las que los políticos por lo general no se la dan. Por ejemplo la palabra empeñada, el honor, cumplir las obligaciones que se contraen.



Carrera siempre sintió que podía luchar contra San Martín y O'Higgins en igualdad de condiciones, sin tener esa misma base. Si hay algo que lo caracteriza es que creía que con su voluntad podía hacer cualquier cosa. Y a veces lo lograba, entonces eso también lo hacía engañarse. Tenía esta voluntad casi nietzscheana de que con mi voluntad, yo puedo pasar por encima de todas las dificultades. Eso en política se llama voluntarismo y conduce al desastre, al precipicio. En este caso es una gloriosa auto inmolación, porque él sigue derecho en lo que piensa y nunca transa. Y como no negocia termina solo con un puñado de chilenos e indios aliados. Confiaba demasiado en su voluntad y no tenía en cuenta lo que los políticos llaman la correlación de fuerzas.



-¿Cómo entiende el que durante la dictadura se eliminaran de las monedas las imágenes de Carrera y Rodríguez?
-Cuando me puse a leer libros descubrí que en el Ejército de Chile, alrededor de 1930 había militares carreristas y esto era aceptado. Muchos de los fundadores de estos institutos carrerinos eran militares y autores de biografías o estudios sobre su acción militar o lo que fuere. Pero me da la impresión de que con el triunfo del Frente Popular se empieza a crear dentro de las Fuerzas Armadas en general una orientación única y la que se elige obviamente es la o'higginista. La Escuela Militar adopta su nombre y así. Esos militares carrerinos no dejan de existir, pero ya no tienen figuración pública. Desde los '50 hasta ahora no hay militares que escriban sobre Carrera. Me da la impresión de que es como mal visto. Hay una especie de discurso único y una uniformidad.



-¿Es cierto que tiene el proyecto de escribir sobre Manuel Rodríguez?
-Sí. La verdad es que hay tantos textos escritos sobre Manuel Rodríguez, pero no hay textos recientes. Yo creo que cada época se debe dar la licencia de hacer una lectura de la historia a partir de sus propios parámetros. Alguien podría decir para qué, si ya lo hizo Magdalena Petit en los '50. Ella presenta la visión de su época sobre ese pasado. Ahora hay más documentos, más elementos. Siempre es necesario intentar una aproximación. El problema con Rodríguez es que hay muchos menos documentos que con Carrera, era un personaje más neblinoso. No tuvo la misma figuración, por lo que no concentró tanto el interés de los investigadores.

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