Cómo fue descubierto el subprefecto de Rancagua vinculado al narcotráfico - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 21:32

Colaboración eficaz y una rela

Cómo fue descubierto el subprefecto de Rancagua vinculado al narcotráfico

por 19 octubre, 2007

Ex policía fue formalizado como cómplice de tráfico de drogas y por obstrucción a la investigación. Fue dado de baja y quedó en prisión preventiva en la unidad policial de la región. Próximo paso será saber si recibió dinero proveniente de la venta del alcaloide. Fiscal Cristián Riobó no descarta que haya más policías vinculados al caso.

Un sujeto ligado al tráfico de drogas decidió buscar una rebaja de pena. Estaba detenido y de seguro era alta la sanción que le impondría la justicia. Por eso, probó la colaboración eficaz con la Fiscalía de Rancagua. Y la información que tenía que entregar no era menor: el jefe regional de la Brigada de Robos, José Richards Ramírez, estaba ligado sentimental y operativamente a una narcotraficante de la Sexta Región.



Como manda la lógica en estos casos, el fiscal a cargo, Cristián Riobó, primero confirmó la información, ya que los narcos siempre pueden intentar cobrar una cuenta pendiente con la policía. Además, se trataba del segundo detective más antiguo de la zona y había que avanzar con pies de plomo.



"Ahí nos percatamos de que el policía mantenía una relación extramarital con Ingrid, que se dedicaba al tráfico de cocaína, mientras que la hermana de la mujer guardaba la droga en su casa", explicó a El Mostrador.cl el fiscal Riobó.



Así, cuando la cocaína se terminaba, mandaba a pedir una nueva partida para vender a sus clientes.



Con esa información concreta, Riobó ordenó, previa autorización del tribunal de garantía, intervenir los tres teléfonos. Así, aparecieron desde hechos pedestres, como las compras del día, hasta el movimiento del alcaloide y préstamos en dinero de la narcotraficante al policía.



Las escuchas siguieron hasta agosto, cuando el perseguidor penal tuvo convicción absoluta de que el policía "no podía menos que saber" que la mujer se dedicaba al tráfico de drogas y que la ayudaba con datos para evitar que la apresaran.



Riobó tuvo que trabajar con mucho sigilo. Rancagua no es una megaurbe, sino una ciudad donde todos se conocen. Así fue como decidió trabajar con la Brigada Antinarcóticos local. La posibilidad de una filtración siempre estuvo presente, pero no ocurrió.



"Evitamos hacerle seguimiento y vigilancia a este ex policía, porque se conocen de memoria las técnicas, además identifican claramente los autos", recordó.



El ex detective, que ya fue dado de baja de la institución, sospechaba que podían tener intervenido su teléfono, por eso hablaba en clave con su amante y la ayudaba con datos para evitar ser detenida.



Los delitos se fueron configurando poco a poco, más aún cuando en un procedimiento por drogas en Talca, Séptima Región, algunos familiares que conocían a Ingrid recurrieron para pedirle ayuda para un familiar cercano que había caído preso. Los casos se fueron sumando.



Y las sospechas de que algún otro policía hubiese tenido conocimiento de estos hechos e incluso colaborara no está descartada por el fiscal Riobó, por lo que la indagatoria aún no está agotada en este sentido. Tampoco lo está el posible lavado de activos.
"Ahora vamos a entrara revisar el tema patrimonial, tanto de las mujeres como del ex detective. Sucede que mientras investigábamos no podíamos adentrarnos en esa arista ya que no podía pedir, por ejemplo, cuánto ganaba y en que gastaba el dinero, porque se podía filtrar. Ahora bien si hay dineros que no cuadren, deberá entregar una explicación al respecto", precisó Riobó.



La historia concluyó el jueves. Riobó formalizó a Richards Ramírez ante el tribunal de garantía como cómplice de la mujer y por obstrucción a la investigación en dos casos. Este último ilícito es el que reemplazó a la "obstrucción a la justicia", usada en el antiguo sistema.



José Richards Ramírez, quien quedó en prisión preventiva en una unidad policial, enfrenta una pena de diez años, ya que al ser funcionario público y más aún policía, este hecho deberá ser considerado como una agravante a la hora de aplicarle la pena.



Y tal como dice el adagio, se ven caras mas no corazones: oficiaba como vocero institucional en Rancagua y recibió nada menos, que un galardón de la intendencia en julio de 2006, por su gestión al frente de la Brigada de Robos.

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