“Cuando se abra el testamento del general Pinochet, veremos cuánto se acordó de su hermano’’ - El Mostrador

Miércoles, 13 de diciembre de 2017 Actualizado a las 13:52

Habla Cristián, el sobrino que gestiona la apertura del documento

"Cuando se abra el testamento del general Pinochet, veremos cuánto se acordó de su hermano’'

por 16 octubre, 2008

En entrevista exclusiva con El Mostrador.cl cuenta las razones y motivaciones que lo llevaron -“como la familia poco vista”- a plantarse “legítimamente” la apertura del documento más esperado del último tiempo, para cumplir así el último deseo de su padre antes de morir. Un juzgado civil decidirá si el sobre lacrado, guardado celosamente y bajo siete llaves en una notaría de Santiago verá la luz, y de cumplirse, sin duda será un momento histórico.

En sus últimos años de vida, Luis Arturo Pinochet, el menor de los hermanos, visitaba todos los fines de semana a Augusto en su casa de Los Boldos. Luego de conversar de lo humano y lo divino, el general le pasaba por debajo de la mesa su bastón. Luis Arturo entonces se dirigía al baño. Una vez allí, desatornillaba el mango, encontrando siempre en el interior de la base 20 mil ó 40 mil pesos de regalo.

Esta anécdota familiar describe fielmente el vínculo cercano que ambos llegaron a tener en el ocaso de sus vidas. Así fue como en uno de esos encuentros -donde se repetían las mismas cuitas contadas de distinta forma- Augusto le aseguró que cuando muriera, le dejaría una herencia.

El general falleció en 2006. Y su hermano, hasta sus últimos momentos en agosto de 2007,  pensaba en aquella promesa.

En esta entrevista, su hijo menor, Cristián, cuenta las razones y motivaciones que los llevaron -“como la familia poco vista”- a plantearse legítimamente el interés de abrir el documento más esperado del último tiempo. Su hermana Ximena, quien reside actualmente en Estados Unidos, tendrá en este proceso sólo un rol secundario.

-¿Cómo surge la idea de pedir la apertura del testamento?

-La razón fundamental es por la conversación que tuve con mi padre antes de morir. Él me dijo que habló con su hermano, quien le aseguró que “algo” le había dejado, algo que le correspondía. Por eso, en virtud de tanta especulación de que se abre o no se abre el testamento es que, como la familia que fuimos, siempre de bajo perfil, no sé si decir desconocida, pero sí poco vista, llegamos a la convicción de que no queríamos pasar desapercibidos, obviados.

-¿Este fue el último deseo de su padre?

-Es que cuando murió su hermano de lo único que estaba preocupado mi papá era de la herencia, de lo que le había dejado. Hasta su último día era su principal preocupación. Me lo repitió hasta el final y claro, lo que yo quiero es cumplir su último deseo. A lo mejor es un par de bastones, una gorra, un traje, pero cumpliré con lo que me pidió. Familiarmente somos pocos. Éramos cuatro hermanos y ahora quedamos dos. Ximena vive fuera y yo en Santiago pasando las de kiko y kako.

-¿Cuánto pesa lo emocional y cuánto lo económico en esta situación?

-Para ser sincero, yo le doy mucho más peso a lo emocional, porque la verdad nunca tuvimos protagonismo ni menos buscamos sacar provecho. Y creo que mi papá tenía una posición dentro de la familia y queremos que eso prevalezca, por lo que lo económico es sólo una consecuencia. Y cuando se abra el testamento del general Pinochet sabremos cuánto se acordó de su hermano.

-¿Qué piensa que puede haber en el testamento?

- Lo diré en palabras simples. Dentro del testamento está reflejada la gestión de 17 años de una persona que fue presidente, fue capitán general, además fue senador, designado o no, pero están reflejados todos esos años de protagonismo que le tocaron.

-¿Usted estima  que como familiar tienen el derecho legítimo de exigir la apertura?

- Si me apego a la letra de la ley, creo que cualquier persona que tiene la presunción de que es pariente puede recurrir. Es así, no lo estoy inventando, simplemente me baso en la legalidad, por eso es que con mi hermana Ximena decidimos sacar adelante lo que mi papá nos pidió. No estamos cometiendo ninguna falta.

-Cuando El Mostrador publicó hace dos semanas la petición de apertura del testamento, su prima Lucía Pinochet le bajó el perfil a la situación. ¿Qué sintieron como familia?

- Es consecuencia de lo que dije antes. Nosotros nunca compartimos mucho con ellos. Nunca nos van a tomar muy en serio, tan simple como eso.

- ¿Se sienten los parientes pobres de los Pinochet?

- Si lo llevamos exclusivamente a la segmentación de mercado, claro que no fuimos los ABC1 de los Pinochet. Fuimos una familia de clase media de mucho esfuerzo y sacrificio. Mi padre trabajó en concesiones, vendió vinos, chocolates. Así que nunca fuimos los del primer plano.
 
Ni piedra ni honda

- ¿En esta batalla judicial ustedes se sienten como David contra Goliat?

- No lo llamaría una pelea o batalla, más bien ponernos de acuerdo, independiente de las diferencias. Yo no quiero una guerra. Es decir, nosotros estamos acá y tómenos en cuenta. En todo caso, ellos me ven como un primo más, de primer grado o de quinto grado, me tienen una estimación normal, pero no quiero que nos pasen por alto en algo que es justo para mi padre.

- ¿Teme que aparezcan esas bajezas que todos los humanos tenemos, cuando hay dineros de por medio?

- No. Si a mi papá le tocó un peso, ese peso le corresponde. Mis primos  dicen que somos una familia unida y a mí  gustaría mantener ese concepto.

-¿Tiene confianza en que el testamento se abrirá?

- Se tiene que abrir sí o sí. Sea por la iniciativa mía o de cualquiera de los parientes.

-¿Ha pensado cómo será ese momento?

- Lo solicite yo o quién sea, nosotros queremos estar ahí.

-¿La familia del general nunca les avisó la fecha de la apertura del testamento?

-No. Sucede que al no estar mi papá, es lógico que ellos digan que no somos herederos.

-¿Tiene confianza en lo que puede resolver la justicia en favor suyo?

- La verdad no sé. Sucede que este mundo se mueve por influencias y nosotros no las tenemos. Si bien es cierto tengo una abogada buena, ejecutiva, preocupada, no implica que conozca el resultado.

El feedback

-¿Cómo fue la relación de su padre con el general los últimos años?

- Espectacular. Creo que la relación de ellos fue muy humana, cercana. Volvieron a tener ese espíritu de niños cuando salían juntos en busca de aventuras. Se acompañaban a misa, a almorzar, se contaban anécdotas, comían helado y pan de pascua juntos.

-Y la de ustedes con la familia directa del general ¿cómo fue históricamente?

- Ninguno de nosotros tuvo una relación muy estrecha, a excepción de mi hermano Luis, que era muy amigo de Marco Antonio. Pero ni Ximena ni Patricia ni yo, tuvimos un grado de relación con ellos más que para los funerales o algunas fechas especiales.

-¿Ustedes entonces son la familia relegada de los Pinochet?

- Yo creo que son opciones en la vida, porque te sientes relegado o efectivamente te relegan. Uno es relegado porque quiere, o uno permite que lo releguen. Pero la verdad es que a mi papá siempre lo invitaron a todas las cosas y como hijo suyo estaba la opción de hacer esto o no. Y no somos la familia relegada, como si dijeran saquémoslos del camino, sino que sencillamente seguimos un camino distinto. Así de simple. Y después ya no nos tomaron más en cuenta. ‘Si no participaron nunca, para que los vamos a tomar en cuenta’, imagino que deben pensar ellos.

¿Y si fuera cierto?

- Si ustedes tienen la firme convicción de que el general le dejó bienes a su padre. ¿Qué le parece que existan en el testamento bienes y dineros cuyo origen investiga la justicia?

-La verdad me cuesta responder eso, es un terreno muy delicado del cual nunca me he interiorizado, pero por los años que estuvo en la presidencia, pienso que tuvo los beneficios de un ciudadano normal. Honestamente, creo que él se ganó lo que tiene o lo que tuvo con su trabajo. Eso es lo que yo pienso, es una mirada emocional.

-¿Y cuándo en 2004 apareció la noticia de las cuentas en el Riggs qué le pasó?

-Me llamó la atención, pensé que era un montaje político, no sé decirte si tengo certeza de eso. Creo que en la vida hay un campo privado y otro que puedes compartir, y como nosotros somos una familia a la que nunca le compartieron muchas cosas, no te puedo decir si eso es así o no. Y la verdad no me compete.

- A sus 45 años. ¿Cuánto pesó en su vida el apellido Pinochet?

- En 1973 era muy pequeño, sólo recuerdo que no podíamos salir porque había toque de queda. Pero no lo puedo negar, la primera época, toda la adolescencia y juventud, era cómico ser pariente del presidente y eso es una experiencia para cualquiera.

-¿Como así?

- En mi adolescencia lo pasé muy bien por el apellido, conocí muchas amigas. Desde el punto de vista profesional, de los estudios, no la pasé tan bien, porque me tocó la época de las protestas. Eran situaciones muy difíciles donde no me podía abstraer del apellido ni tampoco negarlo. Ahora bien, de adulto, fue mucho más difícil. Hay anécdotas, como postular a trabajos donde me dijeron: “Bueno, si usted es pariente del general, entonces tiene mucha plata, cómo se le ocurre buscar trabajo”. En algunos bancos no quisieron abrirme cuentas porque estaba relacionado con Pinochet y podría seguir, pero en lo profesional me ha sido mucho más difícil.

- ¿Siente que está pagando culpas ajenas?

- Me gustaría que este país lograra dividir las aguas. Allende no era un santo y mi tío tampoco, pero la verdad creo que el país sigue dividido, la gente de alguna forma te estigmatiza. Yo camino con el apellido y me dirán siempre tú eres sobrino del tirano, del dictador. De hecho nunca me han dicho tú eres el sobrino de don Augusto Pinochet.

-¿Y cómo lo sobrelleva?

- Yo hago mi vida normal. Me llamo Cristián. No trato de ocultar mi apellido ni de decirlo. Si se da la ocasión y me lo preguntan, lo digo. Nunca lo voy a negar.

- ¿Usó el apellido para conseguir algún beneficio o prebenda?

- Sí, dos veces en mi vida, para sacarme partes de carabineros. Uno por exceso de velocidad y otro por adelantar en línea continua. Y me pasaron el parte igual. La respuesta del carabinero fue: “Con mayor razón siendo pariente de quién es, tiene que seguir las leyes al pie de la letra”. Y bueno, otra en el Festival de Viña.

-¿Y cómo fue esa?

-Pinochet todos los años enviaba dos entradas de palco a cada uno de sus hermanos. Y en 1987, cuando vino Soda Stereo, fui con mi pareja de aquellos años. Estábamos pasándolo muy bien. De pronto ella entró al salón VIP. Una vez adentro, me decía que pasara y lo le respondía que no tenía credencial. Me insistió que ocupara mi carnet para entrar. Yo no quería, pero accedí, así que lo saque de mi billetera y le dije al guardia que era el sobrino del general y me dejó pasar. Adentro había una fiesta increíble. Lo estábamos pasando espectacularmente bien, hasta que dos sujetos de pelo bien corto y lentes, me tomaron del brazo, me metieron a una habitación y con luces como de interrogatorio me dijeron que me estaba haciendo pasar por el sobrino del general.

-¿Y usted qué hizo?

-Mira, no me trataron mal ni mucho menos, pero me dejaron al cuidado de otro sujeto con cara de pocos amigos, mientras les decía que se iban a arrepentir y les pasé mi carnet para que averiguaran. Después de 45 minutos los tipos volvieron y se deshicieron en disculpas. Y claro, después seguimos la fiesta (ríe). Por cierto, nunca más utilicé mi apellido.

-Usted reside en Vitacura. ¿Por quién votará en las municipales?

-Por mi prima Lucía, por cierto, para que pueda hacer lo que ella siempre ha querido.

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