El recurrente “error” comunicacional que tiene en jaque a Barría - El Mostrador

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Las debilidades de gestión en el Minsal

El recurrente "error" comunicacional que tiene en jaque a Barría

por 21 octubre, 2008

Las bajas defensas con que la socialista enfrenta la crisis del caso del sida no son casualidad. Mal que mal la fórmula de omitir información que termina en un escándalo tras ser divulgada por los medios de comunicación ya es toda una marca registrada al interior de la cartera. Tampoco el traspaso de responsabilidades ha sido una apuesta afortunada, ni la falta de serenidad de Barría a la hora de enfrentar la seguidilla de impasses que han caracterizado su gestión.

A diferencia de la destituida ministra de Educación, Yasna Provoste, la titular de Salud, Soledad Barría, no decidió partir de viaje cuando explotó el escándalo de los enfermos de Sida que no fueron notificados en Iquique: ya estaba ausente cuando la bola de nieve empezó a rodar.

Lo que sí tuvieron en común las concertacionistas fue la estrategia que utilizaron para comunicar la crisis: ambas optaron por omitir información  y hacer la vista gorda a la hora de darla a conocer públicamente, ya que sólo después de que se instalara a través de los medios de comunicación empezaron las declaraciones y los reconocimientos de estar hablando de un tema “ya sabido” al interior de sus respectivas carteras.

La propia Barría reconoció que había sido un error no haber dado a conocer el caso desde el Ministerio de Salud (Minsal), “porque hoy día aparece como que estamos reaccionando y, efectivamente, se habían empezado a tomar todas las acciones”.

Error que podría pasarle una cuenta muy cara, ya que diversos parlamentarios están pensando en impulsar una Acusación Constitucional en su contra, incluso algunos de su propia colectividad.

Escenario que se complicaría si el sumario interno que se abrió en el Hospital de Iquique el 14 de agosto pasado termina señalándola, sobre todo porque el propio Camilo Escalona anunció que si “se registra  negligencia, tendremos que valorar si esas negligencias responden a una conducta de un doctor, de un funcionario, un director, un jefe de servicio o de la máxima autoridad del ministerio”.

La reacción después de la tormenta

Pero no es la primera vez que la doctora, cercana a Michelle Bachelet, opta por esperar a que se desencadene la tormenta para mostrar que ya se habían tomado medidas en el asunto. Un caso muy similar fue el del suplemento alimenticio ADN Pediátrico, que terminó con  la muerte de varios niños. El Minsal tuvo conocimiento de que algo andaba mal con el medicamento en noviembre de 2007, pero recién en enero del año siguiente el tema salió a la luz pública.

La cartera de Barría tampoco ha sumado puntos de transparencia en los casos del montaje del Hospital de Curepto, el escándalo en el Hospital San José, las fallas del Hospital de Talca, las irregularidades en la administración de los fondos para el SIDA del Consejo de las Américas o la deuda hospitalaria.

Fórmula que, según el abogado y coordinador del Magíster en Comunicación Estratégica de la Universidad Católica (PUC), Patricio Dussaillant “es errada, porque hoy la opinión pública sanciona más la falta de transparencia que el reconocimiento del error”.

Y, según observa el doctor en comunicaciones, tal como las enfermedades “oportunistas” aprovechan de actuar sobre los pacientes con VIH, las autoridades e instituciones debilitadas por diversos escándalos están más propensas a recibir críticas y denuncias. Por eso, las crisis vienen juntas. “Pensar que no te van a encontrar errores es muy difícil: los periodistas los buscan, y en cualquier momento que estés débil alguien va a aprovechar de denunciar. En el caso de Iquique, estaba tibia la historia del padre que operaba con su hijo”.

Además de las omisiones, otra característica que ha marcado la gestión Barría es el traspaso de las responsabilidad a otros actores. Pero esta vez puede convertirse en un arma de doble filo, ya que el reconocimiento de Barría de que en este caso existe responsabilidad política pero enfatizando que “el caso se produjo en 2004”, durante la gestión de Pedro García, no la deja en buen pie si se demuestra que ya el 2000 se sabía de la existencia de problemas de notificación de personas contagiadas con VIH en Iquique, ya que ese año ejercía como ministra de Salud Michelle Bachelet, y Barría estaba a cargo de la Unidad de Gestión de Servicios del Minsal, que coordina la acción con los 28 servicios de salud del país.

Mantener la calma

Para Dussaillant, el accionar de Barría también se define por un “excesivo voluntarismo”. Lo que se grafica muy bien con su intento de colocar en la agenda de la campaña electoral el tema de la píldora del día después -que ha sido uno de sus caballitos de batalla-, lo que para el académico es contradictorio. “A pesar de que ya conocía el caso de Iquique, trata de poner ese tema de la píldora en la agenda electoral municipal, no sé si con el afán de tapar lo otro o qué”.

Tampoco suma puntos a su favor que al enfrentar a los medios muchas veces pierda la calma. Especialmente en situaciones de crisis, que no han sido pocas desde que asumió el cargo en marzo de 2006. En suma, que le saquen los choros del canasto no comulga con su estilo, lo que se vio claramente en el programa Tolerancia Cero el domingo pasado.

“Se manejaba mal, perdía la calma. Si hubiera sido hombre a lo mejor les pega. Lo que es muy complejo, porque precisamente en las situaciones de crisis hay que mantener la serenidad. Pero ella no lo hace”, opina Dussaillant.

Una reliquia ideológica

Dentro de su partido, Barría es bastante afín  al grupo heredero de la ortodoxia del mundo socialista.  De hecho,  dentro de la tienda de Camilo Escalona, es evaluada como una “ortodoxa de más”. Casi como “una reliquia ideológica por lo conservadora que es en términos doctrinarios”, explica el ex subsecretario de Salud, Antonio Infante (PPD).

De hecho, la percepción de su gestión en ciertos círculos políticos, es que su concepción del Estado es “añeja”, ya que insiste con el discurso del protagonismo estatal y se resiste a priorizar iniciativas como el Plan Auge, ya que “cree en los beneficios universales”.

Entre sus cercanos dentro de la colectividad se encuentra el diputado Sergio Aguiló, así como Jorge Arrate, al que apoyó durante su reciente proclamación como candidato presidencial. Y por supuesto la doctora Bachelet, con quien trabajó estrechamente mientras se desempeñó como ministra del área en el diseño de la estrategia contraria el Plan Auge, junto al actual jefe de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda, Juan Carvajal, que asesoraba desde fuera a la actual mandataria.

La línea de Barría también apunta a un fuerte “blindaje” en sus círculos de trabajo al interior del Minsal. De hecho, sus más cercanos no son gente “técnica”. Según fuentes ligadas al sector, ella “se rodea de gente de exclusiva confianza y se maneja bastante sola. Por eso el gabinete está bastante desvinculado al resto del ministerio y de la administración”. Y no se rodea de técnicos, sino que de operadores, entre cuyos nombres suenan fuerte el de su jefa de gabinete y ex socia en la consultora Minga, Nidia Contardo, o el del profesor de historia Alan Mrugalsky.

Lo que comparten fuentes del área, que aseguran que “no le cree a nadie más excepto a lo que ella y su grupo hermético plantean. Por eso las decisiones se toman en ese grupo, nadie más las discute”.

Esto, sumado al histórico cuoteo político de la cartera ha complicado la elección de personal idóneo, especialmente en los servicios de salud que están “repartidos” entre las distintas tiendas concertacionistas, como el emblemático Servicio de Salud Norte, donde “reina” el PPD. Lo que para muchos es la madre del cordero a la hora de evaluar su cuestionada gestión de la cartera.

Los costos para Bachelet

A pesar del complejo escenario que enfrenta la médico con especialidad en nefrología, ella ha descartado una eventual dimisión del cargo, al menos “mientras la Presidenta tenga confianza en mí”.

Lo que a la larga podría terminar atentando directamente contra la imagen de la mandataria, ya que según explica Dussaillant, otro gallo cantaría “si esto fuera un hecho aislado. Pero el historial es malo. Y se hace un poco inexplicable que la Presidenta la mantenga”.

A esto, se suma el enorme costo político que tendría para el oficialismo enfrentar una nueva acusación constitucional, situación que según el académico podría evitarse si, tal como se ha rumoreado en los pasillos de Palacio, el Ejecutivo opta por renovar el gabinete ministerial después de las elecciones del próximo domingo.

 

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