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Diez años después se agregó el análisis hecho por el doctor que lo auscultó

Cómo fue modificada la autopsia de Eduardo Frei Montalva

por 17 marzo 2009

Cómo fue modificada la autopsia de Eduardo Frei Montalva
Escondida más de veinte años estuvo la necropsia al ex mandatario en el Archivo de la Universidad Católica. Cuando en 2003 el ministro Alejandro Madrid la encontró, se percató que había sido hecha en dos partes. La primera en 1982, mientras que la segunda fue agregada a principios de los 90'. El principal médico que participó en el procedimiento, Helmar Rosenberg, aseguró que transcurridos más de 10 años, recordó que la tenía guardada en su escritorio y se la pasó a una secretaria para que la transcribiera y fuera agregada al expediente. Cuando la mujer fue consultada por el ministro Madrid, negó conocer el documento, generando así una nueva sospecha a este intrincado caso judicial.

Cuando un texto aparece dividido en dos y una de esas partes parece escrita con otro estilo, es que un segundo escritor metió la mano. Eso es exactamente lo que sucedió con la autopsia hecha por los doctores del Departamento de Anatomía Patológica de la Universidad Católica, Helmar Rosenberg y Sergio González al cuerpo del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, fallecido en 1982 en la Clínica Santa María. Es decir, esta última fue modificada o adulterada. Y aunque ambos profesionales lo niegan, sus explicaciones llaman a la sospecha.

Todo comenzó en 2003, cuando el ministro Alejandro Madrid encontró la necropsia guardada estratégicamente en el archivo de ese centro asistencial, en cuya carátula esta escrito sólo un rol, sin que pudiera saberse a quién se había auscultado. Era el informe 1-100-1982, mientras que adosado, diez años más tarde era el 9-82.

El magistrado, cuya personalidad aparentemente retraída está siempre llena de sospechas, halló un detalle en el documento que le llamó poderosamente la atención: la impresión de las hojas se había hecho con dos impresoras distintas y el papel parecía pertenecer a fechas distantes una de otra.

Las preguntas se multiplicaban con el hallazgo. ¿Por qué estuvo escondida por tanto tiempo? ¿Por qué la UC o Rosenberg y González, apenas supieron que se iniciaba una investigación por la muerte de Frei no pusieron al tanto a las autoridades del hospital de la existencia de la autopsia? ¿Por qué aparecía también impresa de formas distintas?

Como manda la lógica de la investigación judicial, Madrid se puso manos a la obra e inició los interrogatorios a los miembros del departamento.

De acuerdo a los informes a que tuvo acceso este diario, la autopsia y el embalsamamiento del cuerpo de Frei fueron ordenados por el entonces jefe del Departamento de Anatomía Patológica, Roberto Batahona -quien falleció hace unos años en un misterioso accidente automovilístico- a Rosenberg y González. Hasta ese momento, la historia tenía sentido, pues cronológica y documentalmente cuadraba.

Sin embargo, cuando el magistrado interrogó a Rosenberg, éste le explicó que Barahona quería hacer un estudio morfológico a los restos del ex mandatario porque "le inquietaban las posibles secuelas de una tuberculosis que habría sufrido Eduardo Frei en su juventud", dijo el profesional.

Y siguió: "Días después de realizar el estudio microscópico de las muestras tomadas, incluyendo la microscopía electrónica el 10 y 17 de marzo de 1982, y de efectuar un análisis de las alteraciones morfológicas encontradas, confeccioné un protocolo manuscrito de todo lo encontrado. El examen de la microscopía electrónica 82-41 (riñón) y 43 (hígado) no aportó datos de utilidad para la interpretación de los hallazgos, por lo que no figura en el protocolo", agregó Rosenberg.

Las dudas seguían estando allí, sobre todo por lo poco verosímil que resultaba que Barahona quisiera saber sobre una enfermedad que Frei había sufrido más de 50 años atrás. Más aún, porque Rosenberg había guardado en una grabadora el análisis. Y a principios de los 90' recién se lo pasó a la secretaria de la unidad, Carmen Victoria Barahona Solar, para que lo transcribiera, según su versión. Esta última es hija del fallecido jefe de esa unidad de la UC.

Madrid, entonces, la citó a declarar para saber cómo era el procedimiento de transcripciones y quiénes lo hacían. La mujer reveló lo siguiente:

"Respecto al procedimiento de cómo se confeccionan los Protocolos de Autopsias, debo señalar que éstos, una vez que el médico realiza su autopsia, se utilizaba el método del dictáfono, en donde se grababa en un microcassette todo el procedimiento y luego se me entregaba la cinta para mecanografiarla.

Esto se hacía generalmente al día siguiente, la parte histológica, que corresponde a las muestras de vísceras que se insertan en las placas de vidrio para un posterior análisis, la que quedaba pendiente, por lo que se mecanografiaba una vez que estuvieran listos los resultados y se agregaba al Informe, el que una vez terminado era entregado al médico que lo había solicitado para su firma y después se archivaba hasta que se juntaban cien informes para enviarlos a empastar", relató la mujer.

Hasta ese momento el testimonio de la mujer era meramente informativo, pero cuando le mostraron el mentado Informe 9-82, aseguró no reconocerlo.

"Con respecto al Informe de Autopsia N° 9/82, que corresponde a don Eduardo Frei, no lo reconozco como los Informes que yo mecanografiaba, ya que no corresponde el tipo de escritura de la máquina que yo usaba y tampoco el tamaño del papel utilizado, ya que yo en ese entonces, como era lo acostumbrado, utilizaba el papel tamaño oficio. Al revisar el informe de la Autopsia N° 9 del señor Frei, me percato que su letra corresponde a la de una impresora, presuntamente realizada por un computador. Pero en 1982 no existía en el Departamento un computador, lo que queda en evidencia en los demás informes de autopsias del citado tomo, que los confeccionábamos en máquina de escribir eléctrica", dijo la mujer.

Madrid envió al Laboratorio de Criminalística de Investigaciones los papeles para saber qué diferencia de tiempo había entre uno y otro. Sin embargo, esos profesionales nunca lo pudieron establecer, ya que carecían, primero, de la tecnología para hacerlo y segundo, de tenerla, resultaba casi imposible determinarlo.

¿Por qué Rosenberg guardó más de diez años el análisis de la autopsia de Frei? Esa pregunta de seguro la responderá el magistrado cuando en los próximos meses, se espera, dicte los primeros autos de procesamiento.

 

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