Sábado, 10 de diciembre de 2016Actualizado a las 13:29

Opinión

Energía, consumidores y ecologistas

por 21 abril 2009

Energía, consumidores y ecologistas
Esta alianza, sin quebrarse, ha sufrido un deterioro. El primero ocurrió cuando dos familias vinculadas al movimiento de defensa del medio ambiente, los Astorga y los Palma, se opusieron al paso del gaseoducto por sus terrenos en el Cajón del Maipo, y después transaron sus objeciones a cambio de millonarias indemnizaciones.  

Desde el principio la Defensa de los Consumidores contó con el apoyo del movimiento ecologista, especialmente por parte del Instituto de Ecología Política encabezado por Manuel Baquedano. Conadecus no habría podido subsistir en sus comienzos si no hubiera recibido la colaboración material y humana del IEP.

La base de la colaboración ha sido tener un gran objetivo en común: la calidad de la vida, expresada en  defender la sanidad de los alimentos y  la defensa del medio ambiente.

Con los años  esta alianza, sin quebrarse, ha sufrido un deterioro.

El primero ocurrió cuando dos familias vinculadas al movimiento de defensa del medio ambiente, los Astorga y los Palma, se opusieron al paso del gaseoducto por sus terrenos en el Cajón del Maipo, y después transaron sus objeciones a cambio de millonarias indemnizaciones.

Un sentimiento de desconfianza invadió a CONADECUS, pues su labor en defensa de los consumidores ha sido intransablemente inmune a todo beneficio monetario personal.

Posteriormente hemos visto con extrañeza  que grandes propietarios de empresas salmoneras en Aysén, que tienen terrenos cercanos a las proyectadas plantas hidroeléctricas, se oponen a su construcción e insinúan cobrar grandes indemnizaciones a cambio de retirar sus objeciones.

Por supuesto, el encarecimiento de los proyectos terminará siendo pagado por los consumidores.

Es en el tema de la energía donde han surgido las más grandes diferencias.

Para CONADECUS, el aumentar el consumo de energía eléctrica en los hogares chilenos es un objetivo superior que debe priorizarse por encima de toda otra consideración. En Chile el consumo por habitante está en alrededor de 2.500 kw horas al año, que es la mitad de lo que se consume en otros países de similar desarrollo. Dejemos de lado los países fríos en los que se consume hasta cuatro veces más por habitante.

Un dato  significativo: el consumo de energía en los hogares domésticos es sólo de un 20% del total consumido en el país. El 80 % restante se consume principalmente en la minería, en la industria, en  transporte eléctrico, en los centros comerciales y en el alumbrado público.

¿Por qué es tan importante llevar más energía eléctrica a los hogares?

Porque la electricidad es el único medio de calefaccionar, cocinar e iluminar el interior de los hogares, sin consumir oxígeno, sin contaminar y sin tener accidentes fatales. Los refrigeradores, los microondas, las máquinas lavadoras, los computadores y la televisión, son parte  fundamental del hogar moderno y de la liberación de la mujer y de muchos hombres del servilismo en la vida doméstica.

CONADECUS quiere que no se quemen combustibles en el interior de las casas y departamentos. Que se termine el consumo de leña en estufas, chimeneas, y cocinas. Que no se use parafina, gas de cañería, ni gas licuado para calefones, estufas, hornos, cocinas ni calderas, no sólo porque son contaminantes, sino porque la combustión incompleta produce CO que es venenoso. Todos los años se producen envenenamientos y muertes por los gases en el interior de los hogares.

Lo fundamental es entonces aumentar la generación de energía eléctrica  teniendo un plan nacional que permita el crecimiento económico (industrias, minería, grandes centros de distribución y comercialización, transporte, alumbrado público, etc) y que también permita aumentar el consumo de electricidad en los hogares  a costos accesibles para los consumidores de menos recursos.

¿De adonde viene la diferencia de enfoque con los ecologistas?

La generación de energía eléctrica por cualquier medio conocido y su transmisión por cables provocan un cambio en el territorio, en su atmósfera, en los cursos de agua, en el  panorama, en los ruidos del ambiente y en todos los aspectos sensibles para los seres humanos. Hay que hacer un balance entre las ventajas de la electricidad y su alteración del territorio y de los valores ecológicos.

Este balance debe hacerse conociendo los distintos proyectos, sus beneficios y costos ambientales.

Si la oposición  a proyectos de todo tipo se extiende a todas las formas de generación y de transmisión, condenamos  al país a tener escasez y racionamiento a  un plazo no muy lejano y a enfrentar el cambio climático, con los brazos cruzados.

Lo racional es que saliéndose del dogmatismo  mercadista  el país tenga un plan nacional energético en el que se  calculen las cifras de energía anuales que permitan el crecimiento económico y el abastecimiento de los hogares sin cortes, sin racionamientos y a precios accesibles.

Para cumplir ese plan debe considerarse  que las energías no convencionales según la actual tecnología y sus costos  pueden suplir en el corto plazo como máximo hasta un 20 % de la matriz energética. Para ello se considera principalmente la energía eólica, la solar, la geotérmica y la mareomotriz.

Para el 80% restante se debe evaluar el aporte de las centrales hidráulicas de pasada, que tienen muchas ventajas  y el inconveniente de que no pueden acumular agua entre las horas de baja y de alta demanda. Mucho menos entre las temporadas secas y las lluviosas.

Para la demanda no cubierta se deberán considerar las centrales hidráulicas con represas poco invasivas y que permitan regular el consumo entre temporadas e interanuales. También deben considerarse alternativas, si las hay, a la extensa transmisión en alta tensión en corriente continua de la energía desde las regiones décima y undécima hacia la zona central

Finalmente se deben aceptar las centrales térmicas de todo tipo, gas natural, gas licuado regasificado, diesel y  carbón  en un plan de emergencia, considerando las dos variables más importantes: su costo y la contaminación ambiental resultante.

En último término, pero importantísimo, se debe dar tiempo y recursos para estudiar y proyectar la instalación de dos plantas nucleares en Chile, para asegurar la generación estable durante los períodos de mantenimiento de las propias plantas nucleares y de las demás plantas generadoras.

Señores libre mercadistas, señores ecologistas fundamentalistas, no dejen  al mercado determinar  la calidad de vida  de los chilenos. Aceptemos un Plan Nacional Energético en el que el Estado asuma su rol y responsabilidad.

*Ernesto Benado es director de Conadecus.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes