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Análisis político

Un techo para Frei

por 22 abril 2009

Un techo para Frei
La pregunta es qué hará el chico veinteañero bien inspirado, con su declarada intención de cambiar lo que no le gusta, cuando más temprano que tarde la elección se empiece a jugar en el terreno de la real politik.

Si Sebastián Bowen hubiera sido dirigente hace 40 años, sin duda hubiera militado en la DC, probablemente en la mítica ala chascona del partido. Tiene buen apellido, un fuerte compromiso social y un vínculo con la Iglesia a través de su congregación más sexy y mundana: la Compañía de Jesús.

Como ex ignaciano, entiende y le atrae el poder, pero como joven crecido en los 90' ha bebido del desencanto y la tirria que generan los partidos políticos y esa camarilla que los maneja, reduciendo lo público a administrar parcelas, cuotas, pegas y lotes.

Bowen es el niño símbolo del emprendimiento social, ese espacio donde las nuevas generaciones de los sectores más acomodados han encausado el asistencialismo y cierta utopía de un modo práctico y concreto. En Un Techo para Chile, del cual era director social, el sueño es erradicar los campamentos, es decir la pobreza dura que todavía anda a pata pelada y hace caca en letrinas. Loable.

Si al ficharlo como coordinador general de su comando Frei buscaba un golpe de imagen, lo logró. El pupilo de Felipe Berríos puede traer a la candidatura del ex presidente un poco del carisma, capacidad de provocación -del estilo "cota mil"- y algo de la credibilidad que tiene el cura de los bototos embarrados, y entonces habrá sido un buen negocio contratarlo como rostro.  

La foto completa de los Frei boys irradia la frescura que la gerontocracia concertacionista perdió hace rato y es un acierto más de Halpern y Tironi, los demiurgos que por separado han sido decisivos en las exitosas campañas con las que el oficialismo se ha reelegido en tres ocasiones. Como dice un analista de la plaza, el grupo "tiene buen lejos".  Punto aparte merece el nombre de Oscar Landerretche, un economista tan brillante como el que más, pero que posee un talento con las letras bastante inusual en su gremio. Si el Diario Financiero fuera The New York Times, Landerretche sería el  Paul Krugmann chileno.

Sin embargo, la apuesta de Frei, que nadie puede criticar por falta de audacia, también encierra riesgos. Porque una cosa es esa foto para la prensa, lo comunicacional, y otra lo organizativo propiamente tal. Ahí los partidos son dueños y señores, y sus accionistas mayoritarios no soltarán una sartén que tienen por el mango. Y aunque los Frei boys brillen a la luz sol, el queque se corta entre las cuatro paredes de un subterráneo bastante más oscuro. "¿Tu ves a Escalona escuchando a Bowen como se hacen las cosas en el terreno social?", plantea un experto electoral.

La pregunta es qué hará el chico veinteañero bien inspirado, con su declarada intención de cambiar lo que no le gusta, cuando más temprano que tarde la elección se empiece a jugar en el terreno de la real politik. "El tipo tiene su dignidad y un liderazgo que lo puede llevar a patear la mesa a la vuelta de la esquina. Demasiada independencia y mucha valoración de sí mismo son complicadas en política", refuerzan.

El emprendimiento social ha sido atractivo y exitoso porque posee la capacidad de gestión, eficiencia y transparencia que en la política del Chile de hoy son contrarias a los intereses de quienes administran el statu quo. Por eso, si el elástico Bowen se corta,  Frei se pegará fuerte en los dedos.         

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