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Opinión

El triunfo de los secretos

por 30 julio 2009

El triunfo de los secretos
La presidenta Bachelet terció en la polémica de los candidatos afirmando que deben asumir que su pasado sea escrutado, y que por tanto deben estar disponibles para contestar rumores. Memoria corta tiene la mandataria, porque cuando la revista "Qué Pasa" reveló por allá por el 2003 sus supuestos vínculos con el FPMR, su único comentario fue: "Me niego a subirme a este carnaval de basureos.

La discusión que ha dominado la agenda pública de los últimos días -sobre la trayectoria empresarial de Sebastián Piñera- no será recordada ciertamente en la historia política chilena por la nobleza con la que se desarrolló. Aunque tampoco hay que escandalizarse mucho ni rasgar vestiduras: una elección con resultado tan incierto como la de diciembre no puede carecer de cierta rudeza, y así han sido siempre las campañas políticas desde que el mundo es mundo. Sin embargo, más allá de los golpes bajos y de las utilizaciones mezquinas, más allá de las acusaciones cruzadas de ambos lados y de las declaraciones grandilocuentes, el caso Banco de Talca deja algunas lecciones que sería bueno tener presente en los meses que quedan, si acaso algo bueno queremos sacar de todo esto.

La lección más importante es que los candidatos, por más que les pese, deben estar dispuestos a que la ciudadanía quiera conocer todos los pormenores de su pasado susceptibles de tener relevancia pública. Es natural y lógico que todo aspirante al voto popular quiera mostrar siempre su mejor cara, pero también lo es que los votantes -y sobre todo aquellos que aún no decidimos nuestro voto- queramos conocer con detalle sus respectivas trayectorias: las razones por las que tomaron tales o cuales decisiones, cómo han reaccionado cuando han enfrentado dificultades, en qué tipo de problemas se han visto envueltos.

En dos palabras, queremos saber qué los ha movido en su vida pues es demasiada la responsabilidad que cargarán si mañana triunfan. Queremos conocerlos bien, en sus virtudes y en sus defectos, en sus luces y en sus sombras. En ese sentido, a Sebastián Piñera no se le debería mover un solo pelo si la ciudadanía quiere saber qué pasó exactamente en 1982 cuando era gerente del Banco de Talca y tuvo algún lío judicial (aunque sin duda hay formas y formas de preguntarlo, y formas y formas de lanzar el tema a la palestra pública). También querríamos saber -y esta pregunta me parece mucho más interesante que la anterior- cuál fue su rol exacto en el Caso Chispas en una época en la que era al mismo tiempo senador y accionista, y cómo y en qué condiciones se desprendió finalmente de su paquete accionario en dicha compañía. El candidato de la Coalición por el Cambio no puede pretender, a la vez, capitalizar las ventajas de ser empresario y no hacerse cargo de las complejidades y dudas que un perfil como el suyo legítimamente genera entre muchos chilenos. Ser empresario es, bajo muchos respectos, una ventaja que Piñera saca a relucir cada vez que puede, pero bajo otras circunstancias puede convertirse en un pasivo que es absurdo no querer ver. Más que extrañarse y sobre reaccionar,  el comando del candidato opositor debería estar más que preparado para enfrentar este tipo de discusiones.

Sin embargo, Sebastián Piñera no es más que una cara de la moneda. La otra cara está en la Concertación, y a ratos resulta hasta irritante el doble discurso desplegado por el oficialismo. Así, la presidenta Bachelet terció en la polémica de los candidatos afirmando que deben asumir que su pasado sea escrutado, y que por tanto deben estar disponibles para contestar rumores. Memoria corta tiene la mandataria, porque cuando la revista "Qué Pasa" reveló por allá por el 2003 sus supuestos vínculos con el FPMR, su único comentario fue: "Me niego a subirme a este carnaval de basureos, de chisme y de enlodamiento de las personas y, por lo tanto, no voy a hacer ningún otro comentario".

Aquí el espectador no puede sino quedar un poco perplejo frente a la aclaración. ¿En qué quedamos? ¿estamos o no estamos disponibles para contestar rumores? ¿O acaso la regla que vale hoy no valía para ella? ¿no era importante saber si la candidata Bachelet había o no colaborado con el Frente? Pues bien, la otrora candidata ignoró olímpicamente todas estas preguntas, y -seamos francos- elegimos una Presidenta sin tener un amplio conocimiento de algunos pasajes de su historia política. De cualquier modo, Michelle Bachelet no es la única que nos debe algunas explicaciones. El locuaz Ricardo Lagos Jr. nunca dio una explicación medianamente coherente del por qué nunca devolvió la beca que obtuvo para cursar un doctorado que nunca terminó. Su padre, nunca dijo si sus sobresueldos de ministro fueron declarados o no como renta: ¿recuerdan al pobre y sudado Heraldo Muñoz invocando la majestad presidencial para eludir las preguntas de los periodistas?

El candidato Frei fue presidente de la república durante seis años, y su mandato también está en el origen de muchas preguntas legítimas. Por ejemplo, ¿los sobresueldos comenzaron en su gobierno? ¿Cuánto conocimiento tuvo de la situación? ¿Qué grado de conocimiento tuvo de las prácticas poco felices que se establecieron en el MOP bajo su mandato? ¿Qué pasó con sus "tres chauchas" mientras fue presidente? ¿Por qué las gestionó su hermano y no una administradora de fondos? ¿Aprobó él de algún modo las millonarias indemnizaciones que se pagaron altos funcionarios públicos hacia el final de su gobierno? Son todas preguntas que Frei tampoco ha respondido, y es de esperar que el día que algún buen periodista las formule con respeto y altura de miras sus respuestas estén a la altura de lo que él mismo ha exigido a su contendor: transparencia total. De lo contrario, todo este debate sólo habrá servido para empeorar aún más la ya pobre calidad de nuestra política.

* Daniel Mansuy Huerta es Master en Filosofía y Ciencia Política.

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