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Opinión

La dura batalla de la TV

por 17 agosto 2009

La dura batalla de la TV
No se puede desaprovechar la oportunidad histórica de enriquecer la pantalla, romper el clasismo y sacar de la marginalidad a muchas voces que hacen otro Chile, uno mucho más colorido, vital, crítico y maravilloso. El miedo y los intereses se imponen en el  país de la no-innovación. El gobierno ciudadano no se ha escuchado en la batalla de la futura televisión.

Ideología, poder, intereses y visiones...todo está en juego en los debates sobre la nueva televisión digital. Estamos perdiendo los promotores de mayor pluralidad social, temática y cultural en la televisión abierta chilena. Van ganando los actuales canales y la lógica fáctica del continuismo detrás de la Alianza y sectores de la Concertación, que no aceptan jugarse proactivamente por mejores "bienes públicos".

La batalla se da en tres frentes. Los pro-pluralidad queríamos transición a lo digital ahora. El gobierno aún no define la norma y propone una transición hacia el 2020, mientras hay países que ya "apagaron" la TV análoga (la que hoy conocemos). Tenemos una tendencia a favor de la norma europea que ha asumido la mayoría de los países y favorece la pluralidad de canales. La norteamericana tendría economías de escala en los aparatos de convertibilidad y la japonesa sería más eficaz en nuestra difícil geografía  y favorecería la "multiportabilidad" incluyendo la TV en los celulares. Lo criticable es la demora y la falta de un ente colegiado que resuelva el asunto de una vez, sobre todo considerando que las tres normas evolucionan a la convergencia.

El segundo frente fue TVN. La derecha se ocupó en negarle cualquier privilegio y en rechazar, junto a algunos parlamentarios de la Concertación, la posibilidad de ampliar su directorio en número y en "cualidad" de sus miembros: en el segundo informe borraron nuestra idea de que algunos de sus miembros fuesen un ex rector regional, un premio nacional y un experto audiovisual. Se buscaba enriquecer el actual esquema de representantes de las dos coaliciones principales, lo que restringe el pluralismo al control mutuo entre ellas, mientras regiones, pobres, indígenas, minorías, casi no existen como sujetos dignos de la TV pública. Sólo se avanzó en definiciones genéricas sobre su rol y en el desafío de que sus redes regionales lleguen a todas las provincias de las mismas (por ejemplo, la "Red O'Higgins" sólo se ve en el área de Rancagua, y no se sintoniza en San Fernando y Pichilemu, sin aportar a la identidad "regional" como espacio público comunicacional).

Pero la gran batalla es a quién le damos el mayor espectro que implica la TV digital. El Ministro Cortázar ha optado por el continuismo atenuado. Se amplia la cobertura de los actuales canales para que hagan lo que quieran (no se les pide nada relevante a cambio, como podían ser canales culturales-educativos salvo subir a 4 horas semanales dicha programación). Nuestra idea es que se pida un proyecto programático básico, que aporten servicios nuevos, sistemas para discapacitados. A su vez, se reserva espectro  para canales regionales, culturales y comunitarios, pero no se asegura por ley el fomento de los mismos y el financiamiento de los fondos concursables, los que quedan a la discrecionalidad del Gobierno de turno. Felizmente, aunque tarde y con timidez, el Consejo Nacional de TV sacó su voz y pide que se siga evaluando "el correcto funcionamiento" y en caso de escasez de espectro, se privilegie lo que enriquezca la pantalla. Ahí está el núcleo de la batalla que está en curso. Tampoco se  establece con fuerza un "portador público" que abra espacio a canales locales, alternativos y productoras independientes, ni un fomento a los canales educativos y deliberativos (del Congreso a los Consejos Regionales).

Los partidarios de la "renovación progresista", ONGs y redes sociales y regionales, daremos la batalla final. No se puede desaprovechar la oportunidad histórica de enriquecer la pantalla, romper el clasismo y sacar de la marginalidad a muchas voces que hacen otro Chile, uno mucho más colorido, vital, crítico y maravilloso. El miedo y los intereses se imponen en el  país de la no-innovación. El gobierno ciudadano no se ha escuchado en la batalla de la futura televisión.

 *Esteban Valenzuela es diputado independiente por Rancagua. Coordinador Programático Campaña Marco Enríquez-Ominami.

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