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Análisis Político

Los resultados de la fecha

por 24 septiembre 2009

Es evidente que el debate no tuvo nada de transgresor y fue más bien de regular a malo. En un formato que de tan veloz resultó estereotipado. El espesor de los golpes lo pusieron los punteros, aunque la escenografía se movió entre lo antiguo y lo viejo, sin que la sangre llegara al río. Nada generacional.

Como en un campeonato de fútbol, los resultados del debate presidencial solo trajeron noticias en la parte baja de la tabla de posiciones. En el otro extremo es posible que se haya estrechado la distancia entre los punteros. Pero nada dramático, sino en los márgenes de error de las encuestas pasadas, lo que deja al despliegue de campaña de los próximos meses la definición de las posiciones.

La expectativa de ver un Eduardo Frei parco y poco novedoso lo hizo ver más sólido de lo esperado, ya que salvo lapsus menores, tuvo intervenciones parejas, y propinó un golpe durísimo a Sebastián Piñera al citar el informe de Transparencia Internacional que lo vincula a prácticas indeseables de corrupción. Ello fue un momento clave del debate pues lo polarizó e imantó la atención entre él y Piñera,  haciendo pasar a segundo plano su discurso de continuidad.

El candidato de la Coalición por el Cambio no se vio bien. Su postura corporal y el descuido de su vestimenta lo hicieron aparecer desencajado. Ello le restó fuerza a sus intervenciones y en vez de la seguridad de ser el candidato con más opción, apareció con la timidez de un challenger novato y no mostró convicción.

Quien tampoco se vio bien fue Marco Enríquez-Ominami, quizás el candidato que más tenía que ganar y sobre el cual había más expectativas que finalmente no se cumplieron. Ello no es atribuible a la solidez izquierdista de Jorge Arrate, sino al hecho que ME-O compitió consigo mismo y no lo percibió a tiempo.

Su discurso fue errático, sin la claridad comunicacional ni efectos de auditorio que se esperaba de él,  excepto en los brillos ocasionales sobre el tema de vivienda con su alusión a la villa el Volcán de Puente Alto. No logró que se percibiera con claridad que es un aspirante serio a La Moneda, y estuvo perdido tratando de provocar las reacciones de sus adversarios sin lograrlo. Estos lo ignoraron en los pocos momentos de roce político que tuvo el programa, lo que finalmente lo hizo verse inocuo.

Quien más ganó fue Jorge Arrate, pues plenamente posicionado de su candidatura del Juntos Podemos Más, puede aspirar al 4 o 5% que tradicionalmente tiene en materia presidencial el PC, reencantando al mundo izquierdista desgajado de Navarro y a los viejos cuadros comunistas. Sobre todo a estos últimos trayéndolos de vuelta de su ensimismamiento concertacionista en la primera vuelta y, posiblemente,  posicionándolo para un pacto de mayor profundidad con la Concertación en la segunda vuelta. Sobresaliente en su dominio de los asuntos de Estado.

Es evidente que el debate no tuvo nada de transgresor y fue más bien de regular a malo. En un formato que de tan veloz resultó estereotipado. El espesor de los golpes lo pusieron los punteros, aunque la escenografía se movió entre lo antiguo y lo viejo, sin que la sangre llegara al río. Nada generacional.

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