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Carmen Soria critica la coherencia del candidato oficialista en Derechos Humanos

“Lo de Frei me parece de un oportunismo político feroz”

por 11 diciembre 2009

 “Lo de Frei me parece de un oportunismo político feroz”
La hija del diplomático español asesinado por la Dina cuestiona al ex Presidente. Según ella, Frei no tuvo interés en que se investigara la muerte de su padre y recuerda que en su gobierno nunca recibió a los familiares de detenidos desaparecidos. Ahora, dice, el senador DC “rasga vestiduras” con el tema.

Carmen Soria estuvo frente al televisor el martes pasado mirando el capítulo de Informe Especial que investigó las extrañas circunstancias en las que murió Eduardo Frei Montalva y no pudo evitar exasperarse por las declaraciones vertidas por el candidato presidencial de la Concertación, luego que el juez Alejandro Madrid tipificara el caso como homicidio.

Carmen lleva años exigiendo justicia y verdad para su padre, el diplomático español Carmelo Soria, asesinado por la Dina en 1976. En todo este tiempo, golpeó cada puerta que pudo. Incluida la de La Moneda, cuando el ahora abanderado presidencial era Jefe de Estado. No olvida lo que pasó.

“El que Eduardo Frei Montalva haya sido asesinado o muerto por la intervención de terceras personas era un secreto a voces para todo el país. Quiero ser muy respetuosa con la familia. Es terrible cuando te das cuenta las maneras brutales que tenían de asesinar. Pero lo de Frei (Ruiz-Tagle) me parece de un oportunismo político feroz. Cuando fue Presidente de la República nunca recibió a las agrupaciones de familiares. Yo le pedí audiencia y nunca me recibió. Es muy duro decir que ellos van a utilizar esto para la campaña, pero lo que yo le cuestiono, es que siendo Presidente de la República no trató ni siquiera de indagar lo que había pasado con su padre y tampoco acompañó a su hermana cuando presentó la querella ¿Por qué le va a importar ahora?", dice.

Carmen habla y mientras lo hace, sus ojos quedan clavados en un libro de figuritas que está pintando junto a su nieta. Su casa en La Reina tiene un envidiable aire bucólico. Está a media cuadra del Metro pero no se oye más ruido que el de los perros de la cuadra ladrando cada tanto. Parece un cruel premio de consuelo por la angustia en la que ha estado sumida desde julio de 1976 cuando su padre, fue encontrado muerto en un canal de regadío.

Yo le pedí audiencia (a Frei) y nunca me recibió. Es muy duro decir que ellos van a utilizar esto para la campaña, pero lo que yo le cuestiono, es que siendo Presidente de la República no trató de indagar lo que había pasado con su padre. Tampoco acompañó a su hermana cuando presentó la querella ¿Por qué le va a importar ahora?.

Revivir el pasado no es un tema que le guste. Su voz suena cortante, fuerte, como si estuviera enojada, pero también como si cada cosa que dijera fuese una verdad definitiva. “Perdona, pero me da lata contar la historia completa, es que llevo años con lo mismo”, se excusa.

Tiene razón. Debido a la cantidad de veces que ha estado en Tribunales frente al micrófono de Pablo Honorato, denunciando la lentitud de los procesos judiciales, su cara se hizo conocida para casi todo el público. Pero también ella se agotó de relatar el crimen que fracturó la vida de su familia. Se cansó, por ejemplo, de repetir que el 14 de julio de 1976 su padre Carmelo Soria era funcionario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), cuando la Brigada Mulchén de la Dina lo secuestró. Se aburrió de explicar que la dictadura creyó que podía ser un enlace del Partido Comunista con el exterior y que por eso el cadáver de Soria apareció dos días después en el canal El Carmen. Se hastió de denunciar por los medios que el caso fue archivado en 1996 -año en que Eduardo Frei Ruiz-Tagle presidía el país- por estar dentro de la ley de amnistía de 1978. Y sin embargo, treinta y tres años después pedirá que la causa se reabra porque no olvida que ninguno de los culpables está en la cárcel.

Aunque Carmen Soria oficialmente no representa a ninguna organización de Derechos Humanos, se ha ganado un lugar de respeto entre los familiares de las víctimas de la dictadura. No está dispuesta a renunciar. “Se siente una enorme impotencia frente a los Tribunales y frente al Estado chileno , el Estado jurídico, el Estado político, pero uno no se rinde”, dice.

Muertos de primera clase

En septiembre de este año el ministro Alejandro Madrid -que llegó al caso Soria por el veneno y el químico de la DINA Eugenio Berríos- procesó a siete oficiales en retiro del Ejército por obstrucción a la justicia (autopsia falsa, presiones a testigos) en este crimen.

Por eso, cuando Carmen dice que el caso de Soria con el de Eduardo Frei Montalva están unidos inmediatamente menciona a Eugenio Berríos y a Eduardo Frei Montalva. Según testigos, a Carmelo Soria, antes de quebrarle la columna cervical, lo envenenaron con gas Sarín. “Mi madre le entregó información a Carmen Frei cuando ella empezó a investigar la muerte de su papá” cuenta.

Según Carmen, el crimen de su padre y el de Frei Montalva, son casos “estrella” dentro de las miles de víctimas de la dictadura. Lo cual, le provoca emociones encontradas.

“Me parece un asco. Pero demuestra como la justicia y el Estado es clasista en cuanto al muerto. Todo lo que hemos logrado es porque mi padre era funcionario internacional y además era español. Por lo tanto conté siempre con el apoyo del gobierno español y de Naciones Unidas". Para demostrar su argumento Carmen cuenta que tiene un tío desaparecido (Carlos Godoy Lagarrigue) y en su caso, aparte de su familia y el Colegio Médico, "nadie más se hizo parte en la querella y se ha logrado muy poco”.

El retorno de Pinochet

El caso de Carmelo Soria fue uno de los tres que usó el juez Baltazar Garzón para detener a Pinochet en 1998. Carmen Soria cuenta que el mismo día que el dictador fue detenido recibió amenazas de muerte y salió a Madrid con ayuda de Amnistía Internacional. Según cuenta todas las organizaciones de derechos humanos que estaban allá exigían que Pinochet no fuera devuelto.

Pero “el gobierno de Frei guiado por los temores, por la conveniencia o por la conversación articulada y continua que tiene con la derecha decidieron que era muy jodido dejar a Pinochet allá y bueno tu viste todos lo trajeron de vuelta”.

Carmen Soria ya ha tenido demasiadas decepciones. Pero no son suficientes para graficar lo que le provoca lo que a su juicio son las deudas pendientes del candidato presidencial oficialista con los Derechos Humanos. “Tengo verdadera repugnancia por lo que hizo Frei que no tomó en cuenta la lucha de millares de chilenos y tampoco recordó a los millares de chilenos que murieron y están desaparecidos hasta hoy”, dice.

“No les voy a creer ahora”

Tampoco puede estar ajena a la efervescencia electoral a 48 horas de ir a votar. “Creo que la gente tiene que votar por la historia y la Concertación está en deuda con el país entero. Cuando Frei habla de lo que va a hacer y rasga vestiduras prometiendo cosas, cuando leo que el gobierno va a lanzar un maletín con medidas, entre las que va la ley de amnistía, me acuerdo que lo venimos pidiendo desde el año ’90 y estamos en el 2009. Yo no soy imbécil. No les voy a creer ahora. Si estamos en esta movida, preocupados porque se nos va a acabar la teta, que se les acabe entonces. Basta ya de jugar con el pueblo”. dice.

Antes de que se apague la grabadora confiesa: “voy por Marco, en este sentido, porque estoy cansada. Le puedo criticar muchas cosas, pero quiero otra generación en el aparato del Estado. Que me saquen a las mismas caras que se dan vueltas en los ministerios y en los directorios de las empresas privadas y que en cuanto a los Derechos Humanos prometen y prometen, pero han hecho lo mínimo”.

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