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La tarde en que el comando concertacionista celebró una derrota

El mejor discurso de Eduardo Frei

por 14 diciembre 2009

El mejor discurso de Eduardo Frei
A la hora del segundo cómputo hay alboroto de triunfo. Ya han contado los parlamentarios que se perdieron, los que se reeligieron y los que ganaron, como Tellier, a quién la multitud nombra con ternura como si la empleada hubiera comprado su primer auto propio. “El infeliz de Marco tiene la culpa de todo”, dice una mujer cuando termina el cómputo, que como buenos tahúres con calculadora en mano, ya saben que marca una tendencia irremontable.

Han pasado dos o tres minutos desde que Eduardo Frei dio su discurso final de agradecimiento y ya tengo una minuta con extracto, al lado del computador que estoy usando por cortesía del comando. Me la entrega un ex compañero que trabaja en algún ministerio, de esos que el público olvida que existen, pero que tienen la misma escala de sueldos que el resto de la administración pública: “Ya no quedan opciones intermedias compañero”, dice cuando me la está pasando.

Junto con el discurso imprimieron también un instructivo que es como basado en un manual de la Guerra Fría o en la teoría de la Aguja Hipodérmica, porque logra que me quede pensando en el discurso que acaba de terminar: “No represento intereses de nadie, sino los de todos los chilenos”, “tenemos que ir por las calles llevando el mensaje progresista, humanista, de respeto hacia todas las personas”, “no a la Amnistía ni a la Ley de Punto Final, los tribunales tienen que hacer su trabajo”, “tenemos que abandonar las malas prácticas, queremos méritos y no contactos, quiero excelencia en la atención pública”, “no podemos tener un gobierno que concentre en las mismas manos el poder económico, de los medios de comunicación y el poder político”, fueron algunas de las frases que dijo Frei.

Pizarro en la cancha de rugby

Creo que fue su mejor discurso, teniendo en cuenta que no será un político que pase a la historia como un buen orador. Pero lamentablemente era sólo eso, un discurso.

Aunque para ser justos en la carpa y el salón dispuestos en el Hotel San Francisco como cuartel del comando, el ambiente era bien progresista. Los periodistas hablaban con los garzones como entre iguales, había aire acondicionado, café galletas ricas y agua saborizada con cascaritas de cítricos.

Pero también circulando en la carpa con olor a alfombra nueva, estaban de nuevo Eugenio Tironi y Ricardo Solari. Los gestores más reconocibles del modelo público-privado sobre el cual está cimentada la “gobernabilidad” de la Concertación. Tironi estuvo con Hidroaysén y Salcobrand, y Solari en el directorio de Alsacia, operadores del Transantiago. Se puede juntar negocios y política con mucho menos plata de la que cuesta una línea aérea.

Falta poco para que hable Frei. Aparece Camilo Escalona, pegado a su mujer y lo ovacionan. Llega José Pablo Arellano, conversa con Ximena Aldana, la mujer de Juan Carvajal, que trabaja en Hacienda pero parece una extra de Blade Runner.

Claro que se les vio poco, porque la cocina real a la que ellos pertenecen estaba en un salón acondicionado en el segundo piso del hotel. Bajo la carpa estaba la renovación. Sebastián Bowen atendía periodistas o conversaba con figuras del comando en directo para la web. Paula Narváez y Laura Albornoz, de buen humor, también estaban para darle cuñas a la prensa.

Porque para la vocería “oficial”, esa escena que transmitieron todos los canales después del primer cómputo, la juventud que viene a refrescar la política no habló. Sólo flanquearon a Jorge Pizarro en una tarima semivacía. El senador salió como en su juventud a jugar rugby con un discurso muy duro pero que en el fondo sólo podían creerlo las abuelitas de Enrique Maluenda: “Contra todo lo que decían las encuestas manipuladas, mal hechas para decirlo de manera benevolente, sacamos más votos de los que decían los medios de comunicación. Tenemos que convocar a los chilenos demócratas, progresistas, abiertos de mente que quieren vivir en un país democrático, inclusivo, solidario, donde cabemos todos”, fueron algunas de las palabras de Pizarro.

“El infeliz de Marco”

¿Otra vez los medios? Si La Época, el estandarte de la prensa independiente estaba vinculado a la DC, igual que el diario Siete en cuyo directorio estaba Genaro Arriagada. O será mejor hablar de los colegios y la universidad y los institutos de algunos personajes DC, que han aprovechado muy bien el modelo de educación patrocinado por la derecha tan perversa; germen de la desigualdad que ahora los atormenta.

O quizá sirva más recordar la estadística de distribución del ingreso, enquistada durante los gobiernos de la Concertación (el 10% más rico se lleva el 47% de los ingresos) en la que sólo somos superados por países africanos. Me pregunto si la falta de temperamento para arreglar las cosas en 20 años, pudo haber sido por miedo a los militares. Es una buena respuesta para la galería. Pero veo a Fernando Villegas reporteando para su canal y se me ocurre parafrasearlo: “Los alumnos flojos son flojos y no van a aprender nunca. Por eso hay que preocuparse de los que tienen talento”.

La realidad es muchísimo más pedestre. Cuando Patricio Rosende se detiene en cada región para dar el primer cómputo, la gente se agolpa frente a la pantalla como apostadores de hípica que aplauden cada vez que escuchan un lugar donde Frei gana. Que no son muchos. “La Novena siempre ha sido facha”, dice alguien cuando oye que han perdido en la Araucanía. “Inclusivo”, “solidario”, suenan más conceptuales que nunca.

“El infeliz de Marco tiene la culpa de todo”, dice una mujer cuando termina el cómputo, que como buenos tahúres con calculadora en mano, ya saben que marca una tendencia irremontable.

Aún así a la hora del segundo cómputo hay alboroto de triunfo. Ya han contado los parlamentarios que se perdieron, los que se reeligieron y los que ganaron, como Tellier a quién la multitud nombra con ternura como si la empleada hubiera comprado su primer auto propio.

La ovación a Camilo

Empieza a llegar gente a la carpa. El primero es Eduardo Jara uno de los encargados territoriales y lo aplauden Luego Ángela Jeria, la madre de la presidenta (ahora que se acerca el mundial de Sudáfrica podrían convocar a Francisca Dávalos la hija de Bachelet que juega fútbol). Aparece Francisco Reyes, Carmen Romero, Ángel Parra vestido completamente de blanco. Todos suben al escenario, formando un tumulto que alcanza para escuela de samba. En la plazoleta se oye una batucada. Pienso que hemos avanzado muy poco y que ya hay más de una generación perdida, condenada a ser esclava de la “deresha” por falta de acceso a las cosas que importan. Dos militantes se burlan de Enzo Pistacchio que está en el escenario. “Seguro está buscando votos para la junta dicen”. Ahí se encuentran José Antonio Gómez con Escalona en son de paz.

Falta poco para que hable Frei. Aparece Camilo Escalona, pegado a su mujer y lo ovacionan. Llega José Pablo Arellano, conversa con Ximena Aldana, la mujer de Juan Carvajal, que trabaja en Hacienda pero parece una extra de Blade Runner. Todos son abrazos ruidosos de triunfo.

Los periodistas corremos hacia dentro. Llega María Antonieta Saa aliviada por “haberle ganado a la Karla (Rubilar) que tenía dos alcaldes a su favor, pensé que iba a ganar por menos”, dice. De pronto escoltados por Paula Narváez salen esquivando el tumulto y recibiendo flashes los ministros Carlos Maldonado y René Cortázar junto a Pablo Halpern.

Se quedan Heraldo Muñoz y María Teresa Chadwick que se pasea con una de sus hijas ex candidata a Concejal por Santiago y su nieta. Conversa algo con Heraldo Muñoz y luego otro invitado se acerca a abrazarla: “Tenemos pega”, le dice. “Muucha pega”, responde ella.

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