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Decano también es candidato a rector del plantel pontificio

Cómo Medicina UC ha dificultado la investigación por el asesinato de Frei Montalva

por 13 enero 2010

Cómo Medicina UC ha dificultado la investigación por el asesinato de Frei Montalva
Las dos entrevistas del doctor Enrique Paris, director del Centro de Información Toxicológica de la UC, cuestionando los peritajes que establecen el homicidio de Frei, contaron con la venia del decano Ignacio Sánchez, actual candidato a rector. La autopsia del mandatario -caratulada misteriosamente N.N.- estuvo escondida en el archivo del hospital UC y sólo fue posible hallarla 20 años más tarde, gracias a un informante que habló con la familia del ex presidente. Los patólogos de dicha casa de estudios que hicieron la necropsia, también aparecen vinculados a la ex Colonia Dignidad.

Una verdadera campaña para tratar de desacreditar la investigación que sustancia el ministro Alejandro Madrid, por el homicidio de Eduardo Frei Montalva, es la que ha llevado adelante la Universidad Católica (UC), luego que el magistrado sometiera a proceso en calidad de encubridores a los patólogos que realizaron la autopsia al ex Mandatario, Helmar Rosenberg y Sergio González, el 7 de diciembre pasado.

Declaraciones públicas apoyando a dichos profesionales y ataques frontales a las peritos Carmen Cerda  y Laura Borgel -quienes establecieron el uso de Talio y Gas Mostaza que le provocaron la muerte- son sólo algunos de los hechos que en los últimos días se han ventilado públicamente.

El principal artífice de todo lo anterior ha sido el decano de la Facultad de Medicina, Ignacio Sánchez y su delfín, el doctor Enrique Paris, director del Centro de Información Toxicológica, quien a mediados de diciembre, en una entrevista otorgada al diario El Mercurio (ver documento anexo), cuestionó duramente los peritajes de Cerda y Borgel, sin siquiera conocer el contenido de los mismos.

Una vez que el matutino publicó el contenido de los estudios, el 10 de enero pasado, Paris volvió a la carga en el periódico de Edwards, criticando abiertamente la investigación llevada por Madrid, señalando que Frei no había sido asesinado, desconociendo los otros elementos que sustentaban los análisis de las peritas y de la indagatoria judicial. Sin embargo, Paris cometió un error garrafal que derrumbó toda la estrategia a favor de Rosenberg y González y lo desacreditó públicamente.

La bóveda secreta

Paris aseguró que en la caja fuerte del decanato, es decir en la propia oficina de su jefe, estaban guardados algunos de los restos que le extrajeron a Frei en enero de 1982, cuando falleció en la Clínica Santa María y que pondrían a disposición del tribunal para que se realizaran contraperitajes y así acreditar el supuesto error de Borgel y Cerda.

El hecho provocó la molestia de la familia Frei, ya que, supuestamente, la UC había entregado todo lo que tenía al ministro Madrid. Por esta razón, solicitaron que la justicia tomara medidas para establecer si ello era cierto, máxime cuando en 2006, el propio Rosenberg, en una entrevista concedida al vespertino La Segunda, aseguró que los restos analizados “habían sido eliminados”.

El escenario, en todo caso, dejó a la UC en muy mal pie y el decano Sánchez obligó a Paris a informar que había cometido un error o a decir que dijo lo que dijo sin querer decirlo, como queda demostrado en una grabación de Radio Cooperativa, donde se hallan las dos versiones del profesional.

El lunes hubo reuniones todo el día en el decanato para hacer frente a las declaraciones de Paris, para evitar que la imagen de la UC se viera “dañada”. En Casa Central, las máximas autoridades desconocían los hechos.

Otro hecho que revela cuál ha sido la postura de Sánchez, lo constituye una comunicación interna a toda la facultad, el mismo día de los procesamientos dictados en contra de Rosenberg y González. En el e-mail, respaldó de manera tajante a los facultativos, señalando que la justicia demostraría su inocencia y que tenía plena confianza en que serían absueltos.

Junto a los mencionados se hallan procesados el ex agente de la CNI Raúl Lillo Gutiérrez, el ex chofer de Frei e informante del mismo servicio Luis Becerra y el doctor Patricio Silva, quien operó a Frei en la segunda oportunidad, todos en calidad de autores.  El ex médico de la DINA, Pedro Valdivia lo está en calidad de cómplice.

Operación interna

Lo que hubo detrás de este autodesmentido no fue menor al interior de la UC. Primero, porque Paris contó con la autorización del decano Sánchez para hacerlo, como también para otorgar las dos entrevistas a El Mercurio. Y segundo, porque detrás de ésta última, se halla una estrategia del decano Sánchez para posicionarse como uno de los candidatos a la rectoría de la casa de estudios, cuyo titular debiera ser nombrado en el corto plazo, luego que Pedro Pablo Rosso cumpliera el periodo estatutario en el cargo.

Fuentes internas indicaron que una de las teorías que se maneja es que si Sánchez es nombrado rector, Paris asumiría un cargo de mayor jefatura como el decanato, aunque otros facultativos descartaron tajantemente tal posibilidad.

Fue tal la complicación y el desorden comunicacional, que este lunes hubo reuniones todo el día en el decanato para analizar los alcances y hacer frente a las declaraciones vertidas por Paris para evitar  que la imagen de la UC se viera “dañada”. Asimismo, en la Casa Central reinaba el caos, ya que las máximas autoridades desconocían los hechos.

Uno  de los médicos del recinto que conversó con este diario, indicó que Paris si bien es un “díscolo” que suele manejarse “por las suyas”, esta vez contó con la venia del decano y que la entrevista de El Mercurio no pasó ni siquiera por el “análisis de riesgo” y “control de daños” del departamento de comunicaciones, que se vio “golpeado” y “sorprendido” con la publicación.

Por esta razón, durante la tarde del lunes se resolvió emitir una declaración pública donde se estableció la postura oficial de la entidad (ver documento anexo), negando que hubieran restos o biopsias de Frei y que todo se  había entregado al tribunal, toda vez que se reiteró la voluntad de colaborar con la investigación.

El decano de la Facultad de Medicina de la UC, Ignacio Sánchez

El decano de la Facultad de Medicina de la UC, Ignacio Sánchez

Sin embargo, la historia de la autopsia hecha a Eduardo Frei, desde 1982 hasta 2009, se contradice con el ánimo mostrado esta semana por la UC y revela una conducta secretista que ha dificultado y obstaculizado la labor del ministro Madrid.

¿Relaciones casuales?

Cuando Frei murió en enero de 1982 en la Clínica Santa María, de acuerdo a los antecedentes que existen en el proceso, la familia no se enteró de la realización de la necropsia, ni menos que se vació el cuerpo colgándolo de una escalera, pasando a llevar todos los protocolos en este sentido; tampoco que las vísceras habían sido llevadas a la UC para su análisis posterior ni la redacción de un documento con las conclusiones.

Pasaron varios años, hasta que en 2000 los historiadores Cristián Gazmuri y Patricia Arancibia Clavel, lanzaron una biografía el ex Mandatario -Eduardo Frei Montalva y su Época- donde señalaban que no pudieron hallar la autopsia. Carmen Frei, entonces, aprovechó la hora de incidentes del Senado para hacer frente al texto.

“El último aspecto que me propongo exponer ante ustedes con relación a esta biografía es el trato que en ella se da a la muerte de mi padre. La historiadora a quien me he referido, supo con detalle que varios miembros de mi familia tenemos el derecho a la duda sobre las causas de su fallecimiento”, dijo aquel 11 de octubre de 2000.

Arancibia Clavel es hermana de Enrique, el único condenado como “partícipe necesario” del crimen que afectó al ex comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats, ocurrido en Buenos Aires, Argentina, en septiembre de 1974 por obra de la desaparecida Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Su otro hermano Roberto, en tanto, fue jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) a principios de 2000 cuando se ventilaba el juicio en el país transandino.

El informante

Públicamente, Carmen Frei solicitó en varias oportunidades que, si alguien tenía la autopsia o la ficha clínica de su padre, la entregara.

Debieron pasar casi dos años para que una persona, bajo reserva de identidad, se reuniera con el abogado querellante de la familia, Álvaro Varela, revelándole que la autopsia estaba virtualmente escondida en el archivo del Hospital de la UC.

Varela entregó los datos al ministro, quien ordenó el allanamiento en marzo de 2003 a la UC (ver documentos anexos). Las sorpresas recién comenzaban. La autopsia estaba rotulada como N.N. y por primera vez se supo que Rosenberg y González  la habían realizado, luego de una publicación  hecha por este diario en abril del mismo año.

Ambos facultativos fueron interrogados por el ministro (ver documentos anexos), y reconocieron la autoría, asegurando desconocer por qué había pasado tanto tiempo guardada, toda vez que el ex ministro Patricio Rojas y el médico Patricio Silva Garín, quien operó por segunda vez a Frei y está procesado como autor por el juez Madrid, conocían perfectamente del contenido. Pero estos dos últimos lo negaron. Las dudas se abrieron aún más y un nuevo detalle agregó una mayor cuota de misterio.

La  secretaria de la unidad de anatomopatología, Carmen Barahona, es hija del Roberto Barahona, ex jefe de Rosenberg y González cuando Frei murió y según declararon estos últimos, quien les ordenó realizar el análisis a los restos del ex Mandatario.

Cuando a la mujer le fue exhibida la necropsia, aseguró que desconocía el documento y que no era el que había redactado en su oportunidad.

“Con respecto al Informe de Autopsia N° 9/82, que corresponde a don Eduardo Frei, no lo reconozco como los Informes que yo mecanografiaba, ya que no corresponde el tipo de escritura de la máquina que yo usaba y tampoco el tamaño del papel utilizado, ya que yo en ese entonces, como era lo acostumbrado, utilizaba el papel tamaño oficio. Al revisar el informe de la Autopsia N° 9 del señor Frei, me percato que su letra corresponde a la de una impresora, presuntamente realizada por un computador. Pero en 1982 no existía en el Departamento un computador, lo que queda en evidencia en los demás informes de autopsias del citado tomo, que los confeccionábamos en máquina de escribir eléctrica”, dijo la mujer al juez Madrid, dejando entrever que pudo haber sido modificada ex profeso.

Rosenberg, ante el magistrado, dijo que los apuntes con las conclusiones los mantuvo guardados por más de 15 años en su escritorio y que en los 90 le ordenó a la suscrita transcribirlo, produciéndose una nueva contradicción.

Exhumación secreta

Madrid comenzó a ordenar peritajes respecto a la autopsia y a fines de 2004 desenterró a Frei desde el Cementerio General, en una diligencia inédita en la historia política y judicial chilena.

Los primeros resultados del FBI indicaron que el ADN era el de Frei y concluía: “no drugs”, según reveló la perito Carmen Cerda a la revista Qué Pasa.

Pasaron seis años, es decir hasta 2009, cuando el mismo informante que habló con Varela en 2002, le indicó que la UC no había entregado todo y que existía un libro de autopsias y microscopías inéditas a los riñones, pulmones e hígado de Frei Montalva (ver documentos adjuntos).

Madrid nuevamente allanó la UC comprobando que la entidad había escondido información relevante para el caso.

Cuando analizaron el libro donde estaban anotadas las autopsias, un nuevo elemento ligó la diligencia hecha en 2003. En esta oportunidad, el magistrado descubrió que la relación de estos exámenes post mortem, estaba asociada a los nombres completos de cada una de personas fallecidas, exceptuando una línea en la que sólo se leía “EFM” (Eduardo Frei Montalva, la explicación es nuestra). Hasta ahora nadie ha podido dar una explicación satisfactoria en el caso por esta situación, a lo menos sospechosa.

Tanto Rosenberg como González, han asegurado en sus declaraciones que los exámenes a los restos de Frei no eran una autopsia, aunque el libro incautado parece indicar lo contrario.

Amigos permanentes

Los médicos antes mencionados aparecen ligados también al segundo hombre de la Colonia Dignidad, Hartmut Hopp.

De acuerdo a una declaración prestada por este último en la foja 7.049 del tomo 19 del expediente, conoció a Rosenberg cuando éste le ayudó a entrar a la UC a estudiar Medicina, ya que había hecho estudios previos en Estados Unidos.

Hopp fue uno de los miembros clave de la cúpula de Villa Baviera y está probado en distintos casos judiciales que aplicó medicamentos para controlar sicológicamente  a los colonos, como que también colaboró en la fabricación de toxinas para lo cual usaba al ex Bacteriológico, conocido hoy como Instituto de Salud Pública (ISP), donde obtenía ratas de laboratorio para sus experimentos. Esta aseveración aparece en un documento agregado al proceso publicado  en 2002 por El Mostrador.

Este medio intentó obtener una versión a través del Departamento de Comunicaciones del decano de la Facultad de Medicina, Ignacio Sánchez, pero se indicó que ésta no sería posible. Asimismo, este medio trató de conversar con Paris, pero no hubo respuesta.

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