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Análisis Político

Hinzpeter, “el tirante del medio” del Gobierno

por 31 marzo 2010

Hinzpeter, “el tirante del medio” del Gobierno
La foto en El Mercurio del domingo pasado, con el retrato de Salvador Allende a sus espaldas, le da al ministro cierta desfachatez e incorrección congruente con su tesis de que la reforma tributaria es una necesidad política para sacudirse del karma de que este es “el gobierno de los empresarios”.

Los políticos habitualmente se pelean entre sí: dentro de un lote, de un partido, de una coalición o entre éstas. Lo hacen con razones o sin ellas, como un modo de marcar contrapuntos y saldar cuentas. Lo que los políticos no hacen es enredarse en  pleitos con los medios de comunicación. Y menos con  los encuestadores (a lo más los presionan a través de sus redes). Saben que de éstos depende su futuro.

Por eso, la respuesta frontal y al hueso del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, al director del Centro de Estudios Públicos, Arturo Fontaine, no deja de ser notable. Mal que mal, ese think tank  maneja  la ficha que hace vivir o morir a los políticos: la encuesta CEP.

Sin embargo, la frase de que “no hay que prestar atención a personas que miran la realidad desde sus cómodas oficinas”, es más que un punto comunicacional alto en defensa del Presidente. De partida deja claro que la vocería política del gobierno -la única que importa-, está radicada en él.

Esto luego de dos semanas absolutamente olvidables para La Moneda, con el tema de los conflictos de interés de Piñera copando la agenda y fuera del control del Gobierno. Dos semanas, las de la instalación, cuyo mayor problema fue el contraste entre la promesa de la excelencia y la cruda realidad de que la selección de personal para el Ejecutivo poco o nada tiene que ver con el manual de RR.HH. de la NASA.

Y de nuevo, en medio de las chambonadas de los gobernadores DICOM, la asertividad en Palacio corrió por cuenta del mismo Hinzpeter. Este se dio el gusto de aplicar su doctrina de transparencia y corrección de errores con una puesta en escena para refirmar autoridad y marcar estilo: hizo viajar a Santiago al gobernador del Bío-Bío (vinculado a la Colonia Dignidad) a dar explicaciones y luego de 15 minutos de audiencia lo dejó caer ante la prensa. Una buena clase de ejercicio de poder 2.0.

De partida deja claro que la vocería política del gobierno -la única que importa-, está radicada en él.

Con un Presidente salpicado en su credibilidad y una derecha social y económica exhibiendo lo mejor del espíritu de fronda, al menos hasta ahora el ministro del Interior se ha instalado como “el tirante del medio” del Gobierno. Sí, ese tirante sin el cual los volantines zigzaguean de un lado para otro, sin  norte claro. Hinzpeter se ha empoderado  bien, armó una red de intendentes y gobernadores que le reportan a él y se resistió a la tentación fácil de echar mano al poder territorial de la UDI, sabiendo que entregarle más de lo debido al gremialismo significa “dormir con el enemigo” para una futura batalla electoral.  Colocó a la cabeza de la ANI no a un experto sino a un cercano, definiendo lo que la Agencia es en los hechos: un instrumento de control e información del Presidente y el ministro del Interior.

La foto en El Mercurio del domingo pasado, con el retrato de Salvador Allende a sus espaldas, le da al ministro cierta desfachatez e incorrección congruente con su tesis de que la reforma tributaria es una necesidad política para sacudirse el karma de que este es “el gobierno de los empresarios”.  Hasta el minuto su toma de control es redonda. Si capitaliza la ambiciosa agenda de seguridad pública que trae bajo el brazo –cuyo primer balance para “el día del joven combatiente” es comunicacionalmente positivo- estaremos ante un político que la encuesta CEP no podrá dejar de medir con atención.

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