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Opinión

Piñera, el holandés

por 15 julio 2010

Piñera, el holandés
El tono usado por el mandatario en su primera cadena nacional recuerda el estilo de juego del equipo de Holanda en la última final del Mundial: Décadas esperando llegar a esa instancia y cuando lo hace, en vez de desplegar su juego elegantemente, prefiere pegar patadas.

El Presidente Piñera anoche realizó su primera cadena nacional para referirse a la cifras de la CASEN y las políticas públicas que implementará. Políticos y gente ligada a los medios han criticado que la cadena no tuvo mucho sentido. Pero lo importante, a mi juicio, no es que el Presidente nada dijo; lo importante es que el Presidente se desdijo.

Porque esa cadena nacional utilizó un tono evidentemente distinto a su primera reacción del día martes, cuando presentó por primera vez las cifras de la CASEN. Cambio de tono que denota una cierta ansiedad político-comunicacional que ya parece hacerse característica de la actual administración. Política recuerda el estilo de juego del equipo de Holanda en la última final del Mundial: Décadas esperando llegar a esa instancia y cuando lo hace, en vez de desplegar su juego elegantemente, prefiere pegar patadas.

El día martes, el Presidente entregó una versión insuficiente y antojadiza de las razones que explican las actuales cifras. A su juicio, el aumento de 1,4% en el índice de pobreza se explica, en resumen, por la ineficiencia y la corrupción del gobierno anterior.

Sorprendentemente, nada, pero absolutamente nada, señaló respecto de la crisis financiera internacional que afectó al mundo entero en 2008 y 2009 –la crisis más grande desde la Gran Depresión de los años 1930, lo que significó que cayera el producto en todo el mundo y ciertamente en Chile, así como una significativa alza en el desempleo (de 6% para la CASEN 2006 a 8,6% en la CASEN 2009). Eso sólo para poner algo de contexto.

Pero sobre todo, el Presidente ni siquiera mencionó al pasar el extraordinario aumento de un 36% en los precios de los alimentos de la canasta básica (que es precisamente la variación que actualiza el valor de la línea de pobreza), aumento que todos sabemos, tuvo un origen fundamentalmente externo.

Estas omisiones le valieron una dura crítica de parte de la Concertación y autoridades del anterior gobierno, pero también, reproches sutiles, pero no menos frontales, en su propio sector. En el fondo, el Presidente abandonó el sitial de convocante y pasó al terreno del beligerante. En vez de él hacer el llamado a trabajar unidos y, por ejemplo, convocar a una nueva Comisión Meller con plazos más acotados y tareas más precisas, optó por tomar el pandero de la política pequeña y denunciar que unas irregularidades en Valparaíso y unos supuestos viajes suntuarios en no sé en cuál Ministerio son los factores explanatorios de la pobreza en Chile.

La editorial de El Mercurio no pudo soslayar este error: “El Gobierno habría debido advertir a este respecto” –refiriéndose al aumento en el precio de la canasta. Y prosigue: “ya que, dado esto, la tasa de pobreza esté algo sobreestimada”. Pablo Longueira fue más directo y señaló que no es bueno que el gobierno intente politizar el tema.

El tono beligerante sólo fue bien recibido en los beligerantes, en aquellos que disfrutaron el domingo pasado con las patadas voladoras de los holandeses. Los Allamand y los Espinas de este mundo encontraron una nueva trifulca en la cual involucrarse. Y por el otro lado, Francisco Vidal y su coro de vuvuzelas –ruidosas pero inefectivas—aprovecharon el momento para soplar fuerte en contra del oprobioso y cruel gobierno anterior del cual formaron parte.

Pero el tono impropio de la autoridad fue percibido por la mayoría sensata. Y llevaron al gobierno a cambiar el tono y el llamado. De ahí la cadena nacional de anoche. Si se persiste en la línea conciliadora, el llamado puede repuntar y ser bien recibido.

Porque en el fondo, lo que queda de la CASEN 2009 es el avance y las insuficiencias. Avance en materia de políticas sociales, que lograron proteger como antes no se hacía en momentos de crisis económicas de envergadura. Hay que mencionar también que el coeficiente de Gini que mide la desigualdad mantiene la buena trayectoria que se evidenció a partir del 2006. O sea, que lentamente se avanza en materia de desigualdad. Pero la CASEN también demuestra las muchas insuficiencias en nuestro sistema de protección, así como las vulnerabilidades de la nueva clase media (aquella que viene saliendo recién de la pobreza) ante cualquier imprevisto como una crisis o el desempleo. ¿Qué significa todo ello? Que nos resta mucho trabajo todavía para construir una sociedad más justa.

Todos nos sentiríamos llamados a colaborar en ese esfuerzo. Afinando instrumentos y haciendo más eficaces las políticas sociales, como correctamente ha apuntado el Ministro Kast --claro que sin mucha novedad, porque aquello ya había sido señalado transversalmente el año 2008 por la Comisión de Equidad. Evitando que la corrupción y los conflictos de interés terminen desviando la atención de la autoridad. Trabajando de buena fe por la justicia social.

Si el Presidente así lo hace, contaría con el apoyo de la mayoría sensata. Y puede que no obtenga dividendo inmediato, pero claramente sí habría ganancia futura. Podrá perder un balón en la media cancha, como el holandés, pero todos sabemos que no son esos los balones que hacen historia.

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