Miércoles, 7 de diciembre de 2016Actualizado a las 20:35

Soterrado conflicto con el ex edecán de la presidencia, comandante Santiago Jaman

La última del todopoderoso Secretario del Senado

por 5 agosto 2010

La última del todopoderoso Secretario del Senado
Los funcionarios de la Cámara Alta suelen decir que “si el diablo existe, está aquí”. Así resumen la influencia que Carlos Hoffmann Contreras ha logrado acumular en su nada despreciable carrera. Nadie se explica cómo ha burlado sanciones a raíz de una serie de incidentes en los que ha estado involucrado. Historias sobre este flemático señor, que camina por los pasillos de la Corporación con toda tranquilidad como si fueran parte de su feudo, se relatan por montones, pero siempre en voz baja. De la misma manera fue que se supo cómo le ganó el gallito a su último adversario.

El miércoles 28 de julio, el primer punto que votó la Sala de la Cámara Alta, apenas iniciada la sesión, fue la designación del nuevo edecán de la presidencia. El trámite fue corto y rápido. Nadie preguntó nada, nadie acotó o comentó nada. Casi un minuto tomó el proceso en que por unanimidad se ratificó el nombre propuesto por el senador Jorge Pizarro, el del capitán de navío Roberto Berardi Gaete. Así se daba por cerrado un problema difícil que los parlamentarios trataron de mantener en el más absoluto sigilo, por no decir que en el más rotundo secreto. Y en cuyo resultado fue parte trascendental un antiguo, casi mitológico, funcionario del Congreso: el secretario de la Corporación, Carlos Hoffmann Contreras. Capítulo que se suma a otros que han puesto en tela de juicio su idoneidad para seguir ejerciendo el cargo y que concluyó con la intervención directa del presidente de la instancia y del Comandante en Jefe de la Armada.

La ratificación del nuevo edecán se podría entender como un asunto de rutina, un trámite administrativo más. Pero en este caso no fue así. Porque el procedimiento para llegar a eso fue lento y azaroso. Seguido de cerca, como siempre ocurre en estos casos, por los funcionarios del Senado, que veían con impotencia como, una vez más, Hoffmann se saldría con la suya. Contando para ello con la colaboración de la Comisión de Régimen Interno, que se entiende como la instancia superior jerárquica del secretario del Senado.

Todo comenzó cuando el secretario advirtió a las instancias correspondientes, a fines del año pasado, que era necesario pedir una terna a la Armada para reemplazar al edecán, el comandante Santiago Jaman Matic. Aunque no era imperativo, según reconocen algunos parlamentarios, porque también era posible que el nuevo presidente de la Cámara Alta optara por ratificar al oficial para un nuevo periodo legislativo. Pero no, a Hoffmann “ya se le había atravesado el edecán”, comenta un funcionario.

Y es en enero cuando, según quienes han seguido la trayectoria de este intríngulis, se inicia una cadena de acontecimientos que confluyeron en la renuncia del edecán, cansado –se comenta- de los atropellos sufridos de parte de Hoffmann y conciente de que no tenía ninguna posibilidad de salir airoso de un sumario al que lo sometió a principios de abril, y que estaba en curso hasta su renuncia, considerando que el secretario del Senado era “juez y parte en el proceso”, dado que una de sus funciones es actuar como “ministro de fe” en materias administrativas de esta instancia.

Con su imagen respetable y todo, en su gallito con Jaman, al secretario se lo acusa de haber telefoneado al Comandante en Jefe de la Armada, a principios de marzo, utilizando el nombre del presidente del Senado Jovino Novoa, para insistir en el envío de la terna para seleccionar al reemplazante del edecán. Lo que se tradujo, recuerdan en la Cámara Alta, en que el almirante solicitara una audiencia con Novoa para exponer la conducta de Hoffmann, quien habría utilizado el nombre del senador para poder hablar directamente con el Comandante en Jefe, conducta que molestó a la autoridad de la Armada. Se desconoce si fue amonestado por su comportamiento, todo indica –sostienen las mismas fuentes- que su actitud fue pasada por alto por Novoa.

El alto funcionario ha acumulado ya 50 años de carrera profesional con varios cuestionamientos que generan dudas acerca de las razones que aún lo mantienen en su cargo. Controvertido y poderoso, son pocos los que se atreven a hablar de Hoffmann. Y cuando es posible, la conversación se efectúa necesariamente en los recovecos más escondidos del Congreso y en el máximo sigilo. Nadie quiere correr el riesgo de ser sorprendido con un periodista, por la figura parsimoniosa de Hoffmann o algunos de sus fieles servidores.

El calvario de Jaman

En la Cámara Alta responsabilizan a los senadores del poder que ha acopiado el polémico funcionario. “Una pega estable, si se considera que la dictadura no le hizo mella. Porque en ese período trabajó en las comisiones legislativas” que reemplazaron la función parlamentaria, confidencia un senador. Lo que nadie se explica, y los senadores tampoco, es que desde el regreso a la democracia, Hoffmann ha debido enfrentar algunas acusaciones que hubieran terminado con la carrera de cualquier otro funcionario. Lejos de eso, éste pudo seguir ascendiendo hasta ocupar, hace unos diez años, la más alta designación en el Congreso.

Más extraño resulta todavía que muy pocos senadores acepten hablar del personaje. Incluso cuando se les comenta el tema, algunos preguntan derechamente: “¿para qué quiere meterme en líos?”.

El más grande escándalo fue expuesto por la prensa, allá por el año 2003. Quedó al descubierto que en 1989, Hoffmann enfrentó un proceso judicial por falsificación de firma y prevaricación en la inscripción de un dominio minero, según constatan documentos policiales y judiciales de la época. Si bien el caso fue sobreseído temporalmente en 1996, se sembró la duda acerca de la honorabilidad del funcionario. A pesar de que esto se hizo público, la Comisión de Régimen Interno de la Cámara Alta no tomó ninguna medida en su contra. Otro elemento que produce suspicacias es que, en esa oportunidad, el abogado que contrató para su defensa fue José Luis Alliende, actual prosecretario del Senado. De allí los comentarios acerca de que en estos años, el funcionario, se ha rodeado de gente de su entera confianza, hasta armar una red que lo ha vuelto “todopoderoso”.

Posteriormente, se suscitaron otra serie de hechos relacionados con su gestión en el Congreso. Pero nada. A pesar de la gravedad de los mismos, los senadores siguieron sin tomar medidas como Corporación, aunque individualmente uno que otro expresó públicamente su molestia y pidió investigar. Se acusó a Hoffmann de estar implicado en el espionaje al computador de un parlamentario; de haber grabado las sesiones de la Comisión de Régimen Interno. Pero nada. Y tampoco reaccionaron en enero, cuando se supone que se hizo pasar por el presidente del Senado para hablar con el Comandante en Jefe de la Armada.

De la misma forma y pese a ser informados de cada paso del proceso, por el propio Jaman, los senadores tampoco tomaron medidas al conocer las “irregularidades” que se produjeron en el sumario. La investigación se basaba, según explicó Hoffmann a los senadores que integran la Comisión de Régimen Interno, en “discrepancias encontradas en su última rendición de cuenta de gastos menores”.

Entre las faltas que se habrían producido, y que según una fuente del Senado “podrían constituir delito”, se mencionan la desaparición de algunas hojas del expediente y otras detalladas en una carta que Jaman envió a Hoffmann, con fecha 5 de julio. Pero, de nuevo, todo esto se pasó por alto y según lo reseñan los hechos posteriores, el tema se cerró con la  renuncia acordada del ahora ex edecán, avenencia a la que habrían llegado el presidente de la Cámara Alta, Jorge Pizarro, y el Comandante en Jefe de la Armada, almirante Edmundo González.

Aunque fue negada la existencia del acuerdo, lo cierto es que en una carta suscrita por su abogado Hugo Botto Oakley y entregada por Jaman a los senadores que integran la Comisión de Régimen Interno, dirigida a Pizarro, se solicita “pagar a mi representado, el equivalente a un mes por año de servicios prestados, en su calidad de edecán del Honorable Senado” y basa la petición en “el acuerdo alcanzado con el señor Comandante en Jefe de la Armada de Chile, en el sentido de que mi representado presentara su renuncia voluntaria”.

En la misma misiva, se hace ver a Pizarro “el hecho que a consecuencia del acuerdo antes aludido, impidió que esta defensa desarrollara toda su labor profesional para acreditar que los “cargos” formulados a mi representado podían ser “descargados” suficientemente, en el procedimiento legal y justo que la Carta Fundamental asegura a todos los ciudadanos de esta república democrática por igual”.

El poder de la información

Aunque este relato cuenta con el respaldo de la documentación ad hoc, la mayoría de los senadores involucrados aseguran desconocer los hechos relatados y sostienen que la salida del edecán se debió a que había cumplido su período y que correspondía su reemplazo. Con ello hacen tabla rasa de las conversaciones personales que sostuvo Jaman con varios de ellos para explicarles la situación con detalles.

Tras este último episodio, la incógnita que ronda en los pasillos del Senado es cuál es la razón por la que Hoffmann resulta inamovible. Extrañamente quienes se supone son sus jefes, explican que él es quien ostenta todo tipo de atribuciones administrativas en la Cámara Alta y que para destituirlo se requiere un quórum de dos tercios. Lo que es muy difícil de conseguir dada su trayectoria. Sin embargo, no es tan así. Según consigna el reglamento del Senado en su artículo 220 del párrafo 1º, que alude expresamente al secretario, éste “será elegido y podrá ser removido por la mayoría del Senado en votación secreta”.

Así las cosas no parece que el quórum sea el problema para sacar a Hoffmann. Más extraño resulta todavía que muy pocos senadores acepten hablar del personaje. Incluso cuando se les comenta el tema, algunos preguntan derechamente: “¿para qué quiere meterme en líos?”. Y es este tipo de actitudes las que alimentan la especulación entre los funcionarios del Senado. Especulación de la que muchos parlamentarios están concientes. En los recovecos de la Cámara Alta se le atribuye al secretario el poder del conocimiento. “Conoce todas las yayitas de los senadores, por eso que puede hacer cualquier cosa y nadie se atreve a cuestionarlo”, dice un funcionario, que no es el único, porque los comentarios en ese tenor se repiten.

Pero habría otro motivo por el que el Senado como institución no puede operarse de Hoffmann. Y es que hace años él y algunos otros altos funcionarios del Congreso habrían suscrito un acuerdo confidencial según el cual al dejar sus funciones recibirían una alta indemnización. Según postula un parlamentario, la suma con que se premiaría la larga trayectoria del secretario alcanzaría los 580 millones de pesos. Lo que sin duda complica a la Corporación. De allí que cada cierto tiempo, generalmente cuando ha estado involucrado en alguno de estos episodios que se han hecho públicos, Hoffmann anuncia su salida, pero sigue en el Congreso.

Encontrón con Letelier

Quien ha planteado que es necesario analizar la permanencia de Hoffmann en el Senado es el jefe del comité del Partido Socialista, Juan Pablo Letelier. A su juicio, el comportamiento del funcionario hace imprescindible evaluar si su estadía en el cargo beneficia o no a la Corporación. Para el parlamentario los hechos que han puesto en tela de juicio la honorabilidad del secretario debieran ser analizados. Y no duda en mencionar un impasse que ha tenido con el secretario debido a unos exonerados políticos de la Cámara Alta. Letelier sostiene que lejos de solucionar el problema, el funcionario le mintió derechamente y no ha cumplido con lo que se le pidió, que fue buscar un arreglo a la situación. Por esta razón el senador volvió a tener un encontrón con Hoffmann en la reunión de la comisión de Régimen Interno del miércoles 28 de julio.

En el Senado especulan que habrían sido los episodios que durante la década del 2000 han ido quedando al descubierto los que le impidieron a Hoffmann cumplir con el sueño de convertirse en el presidente mundial de la Asociación de Secretarios Generales de Parlamentos el año 2008. Tan entusiasmado estaba con la idea que, a través de terceros, había sondeado la posibilidad de contratar los servicios de una agencia para que le hiciera un plan de comunicaciones para “potenciar su trabajo”, pero la fecha coincide con su frustrada postulación.

Quizás dando por seguro el respaldo del Congreso, o tal vez porque temió que no se lo dieran, una vez más tomó la iniciativa. Según se supo con posterioridad, la Cámara Baja no había tomado conocimiento de la postulación de Hoffmann, quien, a través de la oficina de enlace del Congreso con la Cancillería, había hecho llegar una carta de promoción a todas las embajadas de Chile en el extranjero. De la movida se enteró una comitiva de diputados en un viaje a Vietnam y estimaron que el funcionario había efectuado estas gestiones a “espaldas” del Parlamento. Por lo que el episodio se cerró cuando se revirtió la misiva, con otra que se envió posteriormente. Por esto el capítulo que terminó con la renuncia de Jaman ya no sorprende.

Es de justicia señalar que Hoffmann niega haber tenido participación alguna en los hechos que se relatan en relación con el ex edecán, a quien fue imposible contactar. Asegura desconocer la postura crítica de algunos parlamentarios respecto a su trabajo y haber tenido un cruce de palabras con el senador Letelier. El secretario explica que el reglamento del Senado establece que las funciones del edecán terminan el 31 de marzo de cada período legislativo, que dura cuatro años. También niega de plano la existencia del documento que le otorgaría una indemnización millonaria al dejar el cargo.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes