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Cuando el amor se disfraza de agresión

por 3 septiembre 2010

Cuando el amor se disfraza de agresión
Según los expertos, en gran medida se debe al temor que siente la agredida, y por amenazas del agresor, pero también por el amor y los sentimientos, factores importantes que inciden a la hora de continuar una relación de pareja marcada por la violencia.

“Aun te amo, no se si por iluso/a o fatalista. No se si por cobarde o masoquista” así versa la letra de la canción del guatemalteco Ricardo Arjona. Una canción que grafica muy bien qué significa el amor en la vida de las personas.

Un sentimiento que muchas veces hace sentirnos completos y felices, pero que también nos causa daño y muchas veces nos hiere.  Pero,  por qué insistir en seguir con una persona que nos hace sentir mal, que maltrata y lastima.

Según los expertos,  en gran medida se debe al temor que siente la agredida, y por amenazas del agresor, pero también por el amor y los sentimientos,  factores importantes que inciden a la hora de continuar una relación de pareja marcada por la violencia.

Pese a que las estadísticas del Servicio Nacional de la Mujer indican que en Chile, el 50,3% de las mujeres ha declarado ser víctima de violencia, muchas de quienes interponen la denuncia en contra de sus parejas, terminan desistiendo del trámite.

Roberto Rodríguez, de la Unidad Especializada en Violencia Intrafamiliar del Ministerio Publico, indica que cerca de un 50% de las denuncias que se interponen en los tribunales terminan en nada “un alto porcentaje de las demandas terminan con disentimiento. No está claro cuanto opera el temor y en cuanto el sometimiento de que más importante de la agresión es el amor que siente por el victimario” sostuvo.

Por miedo o amor, lo importante es que hay un alguien dentro de la relación que es agresor y otro/a que es la víctima. La violencia domestica, es el crimen encubierto más numeroso de la humanidad, dado que transcurre dentro de un ámbito privado, de afectividad que dificulta una transparencia del fenómeno.

Omar Ruz, director de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, advierte que hoy el amor opera departe del agresor como una coartada o chantaje permanente y de parte de la victima como un elemento de contención, de justificación y hasta de autoinculpación en muchos de los casos, lo que hace mantener el vinculo más allá de la violencia a la que ha estado sometida.

Para el profesional, no basta con empoderar a la victima para que rompa la relación con su agresor, sino que es necesario recoger el fenómeno que se da desde lo afectivo y ayudarlos a terminar con una relación ya sea en buenos términos, o bien, prestarle a ambos la ayuda para que puedan recomponer el vínculo.  En ese sentido, indica que es necesario que los programas estatales vayan dirigidos en esa dirección, es decir, no solo enfocarse en la víctima,  sino que también en el agresor.

“Cualquier programa que trabaje con hombres o mujeres debe manejar esta variable que interviene en romper o mantener. Solo es factible retomar la relación con rehabilitación y recomposición para que el vinculo se de en un plano diferente,  en una relación horizontal, en  igualdad de condiciones y ambos como sujetos de derechos”.

Sobre la base de resultados obtenidos por instituciones que trabajan con hombres violentos,  de aquellos que completan el proceso de rehabilitación, cerca de un 50% logra sanarse y sólo entre un 15 y un 20% vuelven a reincidir en hechos de violencia.

En materia gubernamental, Chile -a diferencia de países como El Salvador, Australia y EE.UU- está muy atrás en lo que respecta a experiencia de trabajo con hombres victimarios. Recién el año pasado el Estado chileno comenzó a enfocarse e invertir en esta nueva mirada.

Ruz,  sostiene que el trabajo con hombres que ejercen violencia hacia la mujer debe enfrentase como un problema social-educacional. Indica que mayoritariamente son personas que desarrollan buenas relaciones sociales, pero que tienen una masculinidad mal construida.

“Es importante que el tratamiento vaya ligado con la prevención, pero principalmente se debe enfocar a una nueva masculinidad. La relaciones de familia y de pareja no se construyen con hombres agresores, pero tampoco con hombres reprimidos”.

La comprensión e intervención con hombres y mujeres insertos en ámbitos de violencia, fue abordado por expertos en el marco  del seminario “Violencia, Familia y Amor” organizado por la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) en conjunto con el Centro Hombres Libres.

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