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Fue estrecho colaborador de Rodolfo Seguel en los 80

El informante CNI del PPD

por 6 diciembre 2010

El informante CNI del PPD
Manuel Berríos Saleh es hoy un militante cofundador del partido y que además integra el Consejo Directivo Nacional de la Federación de Trabajadores del Cobre. También es dirigente del sindicato Nº5 de la División El Teniente de Codelco. Dos documentos de la CNI lo destapan como agente-informante a sueldo en los años 80, infiltrado en la entonces Confederación del Cobre.

La información sorprendió en el Partido por la Democracia (PPD) y cayó pesada en la Federación de Trabajadores del Cobre, porque un ex agente informante de la CNI está hoy enquistado en ambas organizaciones. La presidenta de ese colectivo, Carolina Tohá, dijo “tendremos que ver su situación”, y el presidente de la Federación cuprífera Raimundo Espinoza, se resistía a creerlo.

Manuel Berríos Saleh, el ex CNI, es cofundador del PPD desde fines de 1987 y en las últimas elecciones de junio 2010, cuando Tohá  fue elegida presidenta nacional, integró por la región de O’Higgins la lista “Una nueva práctica política”, postulando en un cargo a vicepresidente pero no resultó electo. Antes de ese año fue democratacristiano.

Berríos es hoy además miembro del Consejo Directivo Nacional de la poderosa Federación de Trabajadores del Cobre. Una instancia donde, como sostiene Raimundo Espinoza, se comparten “secretos” relacionados con la lucha sindical y el accionar de los trabajadores del cobre con Codelco.

El nombre de Berríos Saleh figura en una lista de la Central Nacional de Informaciones (CNI) en calidad de agente-informante pagado por esta organización represora, infiltrado por varios años en el movimiento sindical en la década de los años 80, cuando éste comenzaba a erigirse con fuerza en la oposición a la dictadura.

Su nombre aparece justamente por sobre el del “topo” Víctor Hugo Gac Pinochet, otro agente-informante infiltrado en los años 80 en el movimiento sindical. La única diferencia entre ambos es que Berríos ganaba 60 mil pesos mensuales por su trabajo, 10 mil menos que Gac. Aunque tenían el mismo “agente de control”, un tal “Félix G.”

Estas huellas están marcadas en el documento de la CNI “Relación de Informantes”, vinculadas con un llamado “Plan Congrio”.

El documento está incorporado en el expediente del proceso por los cinco militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) secuestrados y asesinados por la CNI en septiembre de 1987 que instruye el ministro Mario Carroza, timbrado por un sello de la CNI acompañado del código “E.1.2.” (ver documento anexo).

Fuentes calificadas del Ejército en materias de inteligencia y consultadas para esta nota, afirmaron que el código “E” correspondía en la CNI a “una unidad de infiltración e informantes”, y los números 1 y 2 tienen relación con el tipo de lista de que se trata.

Manuel Berríos figura en esta nómina con la chapa “Jorge Guzmán” y su área de trabajo en su calidad de agente-informante, igual que el “Topo” Gac, está señalada en el documento como “sindical”.

La “Brigada Política”

Y como para no dejar dudas, en un segundo informe de la CNI denominado “Nivel de Información e Infiltración de Informantes de C.1.1.2.”, bajo una denominada “Agrupación Tal-Tal”, el nombre de “Jorge Guzmán”, la chapa de Berríos Saleh, aparece asignado a espiar en el “Nivel Cúpula de la Confederación de Trabajadores del Cobre”. El mismo lugar donde permanece hasta ahora, pero esta vez encumbrado en la máxima instancia de dirección: el Consejo Directivo Nacional.

“Julio Muños Otarola (hoy desaparecido) compartió tan estrechamente con Berríos, sin siquiera sospechar que podía estar trabajando para la CNI, sus mismos asesinos. Incluso Berríos fue el último en ver a Julio el mismo día que desapareció”, afirma impactado el ex parlamentario.

La diferencia con aquellos tiempos de la CNI, es que la Confederación es ahora una Federación debido a la reducción del número de sindicatos afiliados en los años 90.

Berríos Saleh integra hoy además la directiva del sindicato de trabajadores Nº5 de la División El Teniente de Codelco, y es el encargado de coordinar la capacitación de la Gerencia de Servicios y Suministros de esta División.

Según las fuentes de inteligencia militar consultadas, en la CNI los documentos signados con la letra “C”, como el segundo mencionado, correspondían a la “Brigada Política Metropolitana”. En este mismo segundo informe, “Mauricio Olate”, que era la chapa operativa de Gac, aparece destinado a espiar en los años 80 en el “Nivel Cúpula de la CUT”. Ello efectivamente ocurrió, codeándose estrechamente en aquel tiempo como miembro del comité ejecutivo en la entonces llamada Coordinadora Nacional Sindical, con su presidente Manuel Bustos y el actual presidente de la CUT, Arturo Martínez. Fue el mismo Gac quien admitió su calidad de agente infiltrado en una declaración judicial, según lo publicó La Nación Domingo el 5 de julio de 2009.

Entre estos informes de la CNI está también el nombre de Luis Becerra Arancibia, bajo la chapa “Luis Prieto” quien, como se conoció públicamente, a comienzos de los años 80 fue también un agente-informante infiltrado por la CNI en su calidad de chofer del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, con un sueldo mensual de 50 mil pesos.

Al interior de la CNI, la referida “Brigada Política Metropolitana” era la instancia que tenía a cargo la infiltración de agentes en los distintos organismos y ámbitos de personalidades que a la dictadura le interesaba espiar, ya sea para obtener información husmeando sus pasos, o simplemente para matarlos.

El cruel destino

Cuando entre 1983 y 1987 la Confederación de Trabajadores del Cobre fue presidida por el DC Rodolfo Seguel, Berríos era su secretario privado y brazo derecho. El trío inseparable lo completaba Julio Muñoz Otárola, uno de los cinco militantes del FPMR secuestrados y asesinados por la misma CNI para la que colaboraba Berríos.

“Me impacta demasiado esta información, porque Manuel Berríos era el hombre más cercano a mí en todos los años que presidí la Confederación, eran los años más duros de la lucha contra la dictadura. Y ahora pensar que me dicen que fue un agente informante pagado por la CNI. No lo puedo creer, me afecta mucho saberlo”, es la reflexión del ex diputado Rodolfo Seguel.

Por esas cosas crueles del destino, Seguel rememora que quien en esos años, entre otras actividades, cuidó de su persona, fue el frentista Julio Muñoz, militancia que él dice desconocer de éste en aquel tiempo. “Julio compartió tan estrechamente con Berríos, sin siquiera sospechar que podía estar trabajando para la CNI, sus mismos asesinos. Incluso Berríos fue el último en ver a Julio el mismo día que desapareció”, afirma impactado el ex parlamentario.

Una reacción similar tuvo el ex presidente de esa Confederación, Nicanor Araya, quien sucedió a Seguel en el cargo hasta 1989. “Es algo que me afecta profundamente conocerlo ahora. Berríos era en ese tiempo un hombre muy servicial que se hacía querer por todos, por eso jamás podríamos haber sospechado nada de él”, dice el ex diputado concertacionista desde Calama donde está radicado.

Un apacible encuentro

En su oficina de Codelco en Rancagua donde visitamos a Berríos para que explicara la aparición de su nombre en los archivos de la CNI, nos llevamos una sorpresa. No le dio mucha importancia a la información, a pesar de que le enseñamos los dos documentos mencionados. Con una calma asombrosa se limitó a decir “yo creo que alguien usó mi nombre con el fin de perjudicarme, tan simple como eso”. Le comentamos que de aquella lista, varios ya han reconocido judicialmente que efectivamente fueron agentes informantes infiltrados pagados por la CNI. Pero su comentario reposado es el mismo, “alguien me quiso perjudicar, yo nunca trabajé para la CNI”.

Como hasta ahora Berríos no ha sido interrogado por un juez acerca de su colaboración con esa organización, le informamos que ahora lo será, pero tampoco se mostró preocupado. “No tengo ningún problema en declarar ante un juez”, dijo. “Ahí estamos pues, con el Presidente Ricardo Lagos”, dice sonriendo relajado al comentar una fotografía que adorna su oficina en el apacible lugar de Codelco en Rancagua, lejos del bullicio de la calle y rodeado de rosas blancas.

Con la misma calma que nos recibe, nos acompaña hasta la salida a paso lento bajo el pesado sol del mediodía. En el trayecto intercambia saludos amistosos y comparte chistes con varios compañeros de trabajo. Se detiene, señala la salida, y nos estrecha ambas manos con una sonrisa, como una suerte de bendición papal.

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