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Ex aspirante a oficial perdió posibilidad de ser piloto luego del rito

Cadete de la FACH sufre lesiones graves en “bautizo” militar

por 7 diciembre 2010

Cadete de la FACH sufre lesiones graves en “bautizo” militar
La institución inició una investigación interna después de casi un año de ocurrido el hecho y lo hizo sólo porque el afectado ingresó una denuncia a la Fiscalía de Aviación. La presentación no sólo es por la golpiza, sino también por la violación -por parte de un oficial- de su e-mail, que revelaba los contactos con el abogado Alfredo Morgado. Este último indicó que se debe determinar si es una práctica institucional avalada por la superioridad. El Mostrador publica un video de los hechos.

La Fuerza Aérea (FACH) inició una investigación interna, luego que un ex cadete de la Escuela de Aviación denunciara que producto de un “bautizo” -propinado al terminar su primer vuelo sin acompañante- resultó con lesiones en su oído, lo que le impedirá convertirse en piloto.

Paralelamente, el ex alumno ingresó una denuncia penal en la Fiscalía de Aviación por este hecho y por delito informático, ya que un superior habría violado su correo electrónico para conocer los contactos que mantenía con su abogado. La autoridad ya realizó los primeros interrogatorios, con miras a esclarecer responsabilidades.

El caso afecta a Óscar Salas, un joven de 22 años oriundo de Los Ángeles, quien cursaba cuarto año, es decir, a punto de egresar. Sus compañeros, como manda la tradición interna, lo golpearon, lanzaron huevos, harina, lo arrastraron por el cemento de la pista y le rasparon la piel con una lija. Semidesnudo y pese a los gritos de dolor, el superior a cargo llamaba a que lo siguieran golpeando, porque “sabemos que es cagón”.

Todo lo anterior, quedó registrado en un video que revela El Mostrador. En las imágenes, todo comienza como un juego entre hombres de armas; risas, patadas en el trasero, el pelo rapado en equis, pero poco a poco los golpes comienzan a subir de intensidad y se le cubre la cara con la polera, como si se tratara de un campo de prisioneros. Del castigo quedaron registrados sólo 2,55 minutos, pero según el afectado, este duró cerca de 10.

De los golpes que recibió, asegura Salas, hubo uno que alcanzó el oído. De ahí en adelante comenzaron todos sus problemas.

Al respecto, Alfredo Morgado –quien patrocina la causa junto a su colega Emilio Carreño- confirmó la presentación de las acciones legales así como la investigación en curso.

“El objetivo fundamental de esta denuncia es establecer las circunstancias en que se produjo la golpiza a este aspirante a oficial de la Fuerza Aérea. Asimismo, que la autoridad competente de la Fiscalía de Aviación determine qué grado de conocimiento tuvieron los superiores sobre este bautizo. Si se trata de una práctica común, cotidiana, aprobada y por tanto institucionalizada y desde cuándo viene ocurriendo”, explicó Morgado.

A renglón seguido, el profesional afirmó que detrás de la presentación de la denuncia hay un elemento central: “Incluso cuando una persona forma parte de las Fuerzas Armadas no pierde sus derechos constitucionales, éstos siempre permanecen con ella”.

Luego de todos los vaivenes, finalmente el Consejo de la escuela resolvió que Salas, si deseaba seguir en la FACH debía bajar a segundo año en la rama terrestre. “Le cuento a mi padre nuevamente. Él se sorprende. Me pide que le consiga una audiencia con el coronel a cargo. Lo hago, pero me sancionan, me dictan horas de arresto, me reprenden. Mi viejo lloraba. Fue un período muy malo que pasamos como familia”, reitera.

“Y en este caso existe un hecho que se relaciona con la violación de las comunicaciones privadas que revisten la mayor gravedad, sobre todo porque son las que se producen entre una víctima y su abogado. Y lo anterior, en relación a la negativa y el impedimento para investigar estos hechos en un principio, porque se debió realizar apenas la superioridad tomó conocimiento de ellos y no cuando estaba ad portas una denuncia a la fiscalía”.

Para Morgado la situación por la que atraviesa su cliente reviste la mayor importancia, trayendo a colación la reciente presentación de un recurso de protección por parte de una ex oficial de la FACH, quien fue desvinculada por “fraternizar” con un subalterno.

“Todo esto nos podría indicar que los valores y principios fundamentales deben regir plenamente dentro de las Fuerzas Armadas y no deben ser trastocados, por lo que es indispensable que recuperen su norte, que pasa por el respeto a la intimidad de las personas y que exista una adaptación a los tiempos que corren, que estén en sintonía con la modernidad”, concluyó Morgado.

En cuanto a los bautizos, conocidos también como “ritos de totemización”, el asunto no es nuevo. En enero de este año, luego de un artículo y un video revelado por este diario, se conoció un hecho similar en la Escuela de Fuerzas Especiales de Carabineros, donde un funcionario resultó con quemaduras.

Este medio intentó obtener una versión oficial de la FACH, pero se indicó que no habría comentarios, debido a que existen dos investigaciones en curso.

Hay que recodar que la formación de un piloto cuesta varios millones de dólares al Estado, debido al valor de las aeronaves, el combustible y las horas hombre invertidas en los aspirantes. De hecho, estos profesionales del aire son muy codiciados por el sector privado.

Es más, en 2008 la FACH aumentó la prima a $ 15 millones para evitar que sean cooptados por las aerolíneas. Por ejemplo, de 25 pilotos egresados, 20 emigran a la empresa privada. Y un dato no menor es que sólo el curso para volar un F-16 vale US$ 2 millones.

La cronología

La golpiza se produjo el 6 de diciembre de 2009, luego que Salas finalizara positivamente su primera incursión sin que un superior lo acompañara en un avión Pillán, usado para estas prácticas. En otras palabras, daba el primer paso -dijo en entrevista con este medio- para “cumplir mi sueño de ser piloto y servir al Estado y a la patria”.

Pero algo salió mal en el bautizo, que lideraba el capitán Rodrigo Araya. Al día siguiente, Salas tuvo que concurrir a la enfermería por las lesiones que presentaba, no pudiendo continuar con los vuelos de prueba. Según su versión, el médico que lo trató quedó sorprendido y dejó estampado el hecho en la ficha médica, prescribiéndole cinco días de “trabajo liviano”.

Posteriormente su instructor, el teniente Jorge Gallo, lo reprendió duramente  por “acusar” el hecho en la central médica de la escuela. “Por gente como tú se acaban las tradiciones”, le habría dicho el superior, expresó Salas.

“Querían que de todas formas volara, pero le dije a mi teniente Gallo que el roce con el paracaídas y el calor podían poner en riesgo la seguridad del vuelo y me volvió a reprender”, recordó.

Uno de los datos que Salas se empeña en reafirmar es que obtuvo el primer lugar en el curso de “combate individual”, igual ponderación en ingeniería, que aprobó el curso de paracaidismo militar, que por su buen desempeño fue designado brigadier, que tenía  la undécima antigüedad de su promoción y que gozaba de una buena salud.

El 22 de diciembre viajó al sur a visitar a su familia. De regreso de sus vacaciones, a fines de enero, volvió a retomar los vuelos de práctica, los que se retrasaron debido a las lesiones.

Esto es de verdad

En su primer vuelo en la unidad que la FACH tiene en Quinteros, Salas comenzó a presentar problemas de salud: vómitos, dolor de cabeza, de oído y mareos. Hasta ahí, podía ser la falta de adaptación que afecta a los humanos cuando dejan de pilotear, por lo que continuó con la instrucción.

cadete fach 3De vuelta en Santiago, fue derivado al hospital de la FACH, en Santiago. Debido a los problemas provocados por el terremoto no había tecnología ni especialistas, le indicaron. De todas formas lo atiende un profesional, a quien le relata la situación. El médico le pregunta si sufre de vértigo, a lo que contestó que no, que ingresó completamente sano a la escuela, e incluso, que aprobó el curso de paracaidismo.  “Una persona que tiene vértigo no se puede lanzar desde un avión”, dijo Salas.

Posteriormente se le realizó un examen,  y cuando uno de los médicos revisó los resultados “me miró con cara de preocupado”, dijo.

“Me dice que tengo lesionado el oído izquierdo. Que está trabajando a un 60 % por una lesión. Yo pregunto por qué y me indica que no sabe, pero que no me preocupe porque todo se solucionaría con pastillas que terminarían con el vómito mientras volaba”, recuerda Salas.

El ex cadete insiste, además, que pese a que se ordenaron otros análisis para establecer por qué tenía una lesión en el oído, éstos nunca le fueron realizados.

Salas entonces comenzó a volar medicado, con tres remedios que debía tomarse cada ocho horas. Si bien en un momento le sirvieron para evitar los síntomas, asegura que las molestias nunca desaparecieron y que incidieron en sus calificaciones.

Según Salas, de ahí en adelante se acrecentaron sus problemas y comenzó un hostigamiento constante para que se fuera de la escuela. “No me dejaban salir, me decían que, como estaba enfermo, debía quedarme de lunes a lunes. Querían que me cansara, que me aburriera. Esto es muy común en la escuela, así funciona”, insiste.

“Un día me llamaron al Departamento de Asuntos Especiales que resuelve las bajas, los temas académicos de la escuela. Allí me habla un coronel para informarme que debían bajarme de curso, porque estaba atrasado. Fue un golpe para mí, porque yo llegué a la FACH a ser piloto y me estaban cortando mi sueño, sobre todo cuando estaba tratando de recuperar la salud”, asegura Salas.

Pese a lo anterior, afirma el ex cadete, hizo un par de vuelos más. “Quería seguir, pero nunca me dieron el alta médica y nadie me decía, ni me dijo nunca, por qué tengo este problema en el oído”.

“Por esos mismos días me indican que había reprobado mi curso de vuelo. Y otra vez se me vino el mundo encima. Contarle a mi familia era muy doloroso. Además, no sólo perdía la plata que mensualmente se invierte pagando en la escuela (unos $ 250 mil), que incluso es más cara que una universidad, sino los 2,9 millones que es la fianza si uno se retira o lo echan”, explicó.

El joven asevera que luego vino un tiempo de indefiniciones suyas y de la autoridad, mientras un consejo interno se reunía para evaluar su continuidad en un curso inferior y en la rama terrestre de la FACH. Durante ese período, insiste, lo enviaban a comer solo al casino, recibía constantes castigos, no sólo él, sino que involucraban al resto de sus compañeros, quienes por lógica comenzaron a culparlo de todo.

“En ese momento finalmente llamé a mis padres, señalándoles que no seguiría más en la escuela, porque ya era demasiada la presión y no me estaba haciendo bien”, dijo.

Discusión telefónica

Los progenitores de Salas viajaron a Santiago. Se reunieron con el capitán Óscar Hevia, quien les explicó los problemas que -a su juicio- enfrentaba el cadete. “Pero fue una versión arreglada, donde le dicen a mis padres que tengo un problema en el oído, pero no cuál. Ellos (la FACH) reconocen mi problema de salud, pero nunca me tratan”, explica.

cadete fach2Luego de todos los vaivenes, finalmente el Consejo de la escuela resolvió que Salas, si deseaba seguir en la FACH debía bajar a segundo año en la rama terrestre. “Le cuento a mi padre nuevamente. Él se sorprende. Me pide que le consiga una audiencia con el coronel a cargo. Lo hago, pero me sancionan, me dictan horas de arresto, me reprenden. Mi viejo lloraba. Fue un período muy malo que pasamos como familia”, reitera.

El padre del ex cadete finalmente se contactó con el oficial, con quien tuvo una áspera discusión, señalándole que de no curar a su hijo, revelaría el video donde aparecía el bautizo que le habría provocado la lesión en el oído.

Ya fuera de la FACH, asegura Salas, “comenzaron las llamadas a mi padre y a mí para que no denunciáramos el hecho. Nos decían que todo era negociable, que todo se podía arreglar, que podía volver”.

De acuerdo a su versión, sostuvo una reunión junto a su padre donde estaban las autoridades de la escuela, “el director, el médico y el jefe de cadetes y me ofrecen todas las facilidades”.

Salas finalmente acepta esta nueva fórmula para volver a la FACH. Bajaría dos cursos, sería personal de tierra; rendiría una prueba de tres ramos -cuya duración es de un semestre- en sólo 30 días. En síntesis, creyó haber reordenado su destino, toda vez que tendría la posibilidad de obtener la atención médica necesaria.

“Pasan los días y comienza el hostigamiento de nuevo, hasta que me llama el capitán Óscar Hevia e imprime desde su computadora dos hojas de mi intercambio de correos electrónicos con el abogado Alfredo Morgado. Me trató de traidor. Ahí me di cuenta que ellos deberían  haber denunciado esta golpiza cuando comencé a presentar mis problemas en el oído”, rememora.

La insistencia

Fuera de la institución Salas no se contentaba. Tampoco con la ausencia de atención médica. Volvió a insistir, asegura, con cierta ingenuidad, “porque todo esto me había traído hasta problemas emocionales. Además, seguía teniendo el sueño de ser piloto, porque si ellos me curaban, ¿por qué no podía serlo?”, continuó.

Por esta razón, envió una carta en septiembre pasado pidiendo el reintegro.  Pasaron las semanas y el 7 de noviembre es convocado a la escuela. Lo sientan al centro de una oficina. Hay varios oficiales, incluido un general. “Me sentí raro. Me hicieron varias veces las mismas preguntas, como si hubiera una grabadora, como si fuera un interrogatorio. Yo les indiqué que buscaba la atención médica para sanarme y terminar mi curso de piloto. En ese momento aparece también un doctor, que era el jefe de la enfermería, quien nunca me había tratado, señalándome que se me había dado el alta médica, hecho que no es cierto”, apuntó Salas.

Fue esta última reunión la que llevó al ex cadete a presentar la denuncia a la Fiscalía de Aviación, cuestión que sumado al video, derivó en una investigación interna.

De acuerdo a Salas no todo terminó ahí. Porque una vez ingresada la acción legal -en noviembre- llegó a su casa una carta certificada, donde le indicaban que se abría un nuevo cupo en la Escuela de Aviación.

Paralelamente, el capitán Hevia reunió a todos sus ex compañeros de curso, explicándoles la situación en que se encontraba cada uno de los que participaron en el “bautizo”. “Les dijo que algunos de ellos serían sancionados y que cuando la investigación terminara, todos ya serían oficiales, por lo que afectaría sus carreras”, reveló.

“Entonces, varios compañeros me llamaron por teléfono, insistiéndome en que era sólo un bautizo, que no hubo mala intención y que pensara en ellos”, afirmó.

- ¿Por qué entonces decidiste presentar la denuncia?

- Primero, quiero decir que yo también participé en bautizos, pero siempre hubo supervisión, nunca pasó nada. Y la denuncia la presento porque no quiero que algo así vuelva a pasar y que los oficiales asuman su responsabilidad. La institución en sí no es mala, sino algunas personas que la componen.

- ¿Y qué buscas con todo esto?

- Quiero que me indemnicen por el daño que sufrí. Incluso el sicológico.

- ¿Piensas que tus ex compañeros pensarán que eres un traidor?

- Mucha gente dirá que soy un traidor, que por qué hago esto ahora, pero les quiero decir a esas personas que no lo soy, que están todas las pruebas de que nunca me sanaron el problema de mi oído.

- ¿Aún quieres volver a la FACH?

- No. Nunca más. Quiero entrar a la universidad, estudiar ingeniería comercial, pero tengo que empezar de cero y con un daño por dentro que es irreparable.

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