Domingo, 4 de diciembre de 2016Actualizado a las 11:31

Los difíciles 9 meses de Alfredo Moreno a cargo de RR.EE.

El parto del canciller

por 9 diciembre 2010

El parto del canciller
Aceptó uno de los ministerios más complejos. Al interior de la Cancillería coexisten distintos grupos de poder, entre ellos la Red Hamlet. Los contactos de Alfredo Moreno y de Piñera eran empresarios y altos ejecutivos pero a ninguno le interesó una embajada. Moreno viene precedido por sus características de gran negociador y ha sido elogiado por su pragmatismo en las relaciones con América Latina. Pero todos coinciden en que el verdadero canciller es el Presidente.

Las dotes de negociador de Alfredo Moreno no le han sido de gran utilidad en la Cancillería. Un ministerio bastante hermético donde coexisten varias trenzas de poder: la Red Hamlet, un grupo funcionarios DC con vínculos de amistad con la derecha, y el de los compañeros de generación de la Academia Diplomática. Todos funcionarios de carrera, que se cuidan las espaldas y que –según un ex embajador de la Concertación- no son necesariamente los mejor preparados.

“Al gobierno le costó mucho encontrar gente. Los contactos de Moreno y del Presidente son empresarios y altos ejecutivos. A nadie le interesaba una embajada. Estar lejos del país, de sus negocios y de la familia son costos que no estaban dispuestos a asumir”, afirma la misma fuente. A Andrónico Luksic se le ofreció la embajada en China, al abogado Jorge Carey, la de Estados Unidos. No aceptaron. Hernán Somerville dijo sí a la embajada de China, pero se arrepintió. No le gustaron ni la sede diplomática ni el presupuesto asignado.

Los pocos nombramientos que le resultaron fáciles fueron en el área económica: Jorge Bunster, ex gerente general de Copec, en la dirección de relaciones económicas, y  Félix de Vicente, ex gerente de una de sus empresas, en ProChile.

Ante la falta de oferta, el Canciller subió a algunos ministros consejeros al rango de embajador. En su mayoría, personeros de derecha, pero no de excelencia, ya que al puesto de ministro consejero se accede por años de antigüedad o por amistad.

“Lo otro que hizo fue recurrir al grupo de la DC que cuando le conviene está con la Concertación y ahora con Piñera. Entre ellos, Pedro Pablo Cabrera, actual director de Academia Diplomática; Francisco Pérez Walker, director general de asuntos consulares y de inmigración; Carlos Klammer; director de política consular; Carlos Appelgren, embajador en Bruselas”, explica un analista internacional. Agrega que son funcionarios que tienen  vínculos con la derecha por razones sociales o de amistad. Rostros familiares para Piñera por su pasado democratacristiano.

El deseo de pasar a la historia

Históricamente, los temas internacionales no han sido el fuerte de la derecha, que cuenta con pocos expertos en la materia, mientras en la Concertación abundaban.

Moreno no se llevó a su propio jefe de gabinete como todos los ministros, sino que escogió a un funcionario interno: Milenko Skoknic, DC, ex embajador en Austria, a quien se le ofreció ser director económico, pero el Canciller ya tenía a Bunster para el cargo.

“Es la primera vez que los funcionarios de carrera manejan todo, lo que no implica un premio a la meritocracia. Hay una equivocada comprensión de lo que es el mundo de las relaciones exteriores: una parte son los buenos funcionarios de carrera, pero también hay personas del mundo académico, empresarios que han trabajado en temas de economía internacional, diputados y senadores que llevan dos o tres años en la comisión de Relaciones Exteriores. Moreno no los ha convocado”, sostiene Luis Maira, ex embajador en Argentina.

El hecho de que Piñera haya puesto en el Edificio Carrera a un hombre proveniente del mundo del retail es, a juicio de los entendidos en materia internacional, “una señal de que el Presidente quiere manejar los temas importantes de la política exterior”. No es lo mismo colocar a un político de fuste como Andrés Allamand, quien aspiraba el puesto, que a un personero de la empresa privada. “Aunque Moreno se ha centrado en cumplir las directrices que le da el Presidente, ha tenido una aproximación pragmática en el manejo de los temas regionales. Ha buscado entendimientos con gobiernos ideológicamente distintos –Venezuela, Argentina, Perú, Ecuador y Bolivia- y eso ha sido reconocido incluso por la oposición”, sostiene un experto.

El canciller tiene una única, pero relevante experiencia internacional. Fue miembro del G-50, grupo que integran 50 mujeres y hombres de negocios de alto perfil en Latinoamérica. Sólo se puede acceder por invitación y sus nombres permanecen en reserva. Se reúnen una o dos veces al año en Washington a conversar con líderes mundiales y a reflexionar sobre las necesidades y desafíos de la región.

Pragmatismo propio del mundo de los negocios que comparte con Piñera, quien fue el primer Presidente en viajar a Ecuador a solidarizar con Rafael Correa después del intento de golpe de Estado en su contra. Dentro de esa política que no es del agrado de la UDI, el gobierno le ha dado pequeños gustitos al partido de Jovino Novoa como el reconocimiento -tardío, eso sí- al régimen que, a través de un golpe de Estado, se hizo del poder en Honduras.

“Moreno es un buen conciliador, lo que es una virtud en la diplomacia. Cuando habla con cancilleres y presidentes extranjeros no aparece como un tipo virulento, apasionado ni ideológicamente extremo”, observa Boris Yopo, analista internacional y ex embajador en Sudáfrica.

Por otra parte, un ex funcionario sostiene que el Canciller se involucra poco con los funcionarios, que no baja del piso 15 donde ocupa el escritorio de Andrés Bello. Y afirma que con Bolivia, “Piñera corrió con colores propios, da la impresión que quería solucionar el problema  para pasar a la historia”.

Pasado DC

Moreno fue DC como Piñera. Influido por su madre Gloria Charme, quien votó por Radomiro Tomic en 1970, el Canciller fue candidato a presidente del centro de alumnos del colegio San Ignacio por la lista DC y centroizquierda en 1973. Perdió por lejos.

Como jefe de la acción social, no concitaba simpatías ni convocatoria en una época radicalizada. El fallecido padre Renato Poblete escribió en una carta al Director en El Mercurio: “No todos conocen el lado más sobresaliente de este próximo canciller, que no es un matiz de su vida. Como estudiante se preocupó por no vivir en una burbuja, y conocer y abrir su mundo y el de sus compañeros a la realidad social de los demás. El colegio lo distinguió con el premio más significativo: el mejor ignaciano del año 1973”.

Entre sus méritos académicos destacan haber sido uno de los tres mayores puntajes de la PAA y el mejor alumno de Ingeniería Civil.

La faceta social se mantuvo en el tiempo. Integró el directorio de la Fundación Paréntesis, que rehabilita a jóvenes con problemas de alcohol y drogas; y de la Teletón. El viernes pasado se lo vio atendiendo llamados  y riéndose a carcajadas con la imitación de Piñera que hizo Stefan Kramer.

Su familia fue opositora a Pinochet, votó que No en el plebiscito, pero ni Fabio ni José Miguel, dos de sus tres hermanos, recuerdan qué marcó el Canciller en 1988. A esas alturas, su pensamiento político había virado hacia la derecha. Un cambio que se produjo en la carrera de Ingeniería Civil en la UC, donde conoció un modelo económico que lo conquistó. En la elección de 1989, Moreno fue el encargado de comunicaciones de la campaña de Hernán Büchi. “Desde entonces ha votado siempre por la derecha”, cuentan los hermanos.

Sus redes de poder

De la UC a Chicago. Con una beca de Odeplan que pagó como tantos trabajando para la dictadura. Fue asignado a la Comisión Progresa, que liquidó los bienes del grupo Cruzat Larraín, a cargo del área de comunicaciones del desaparecido conglomerado que incluía la radio Minería y las revistas Ercilla, Vea y Deporte Total. “Perdían plata, pero logró equilibrar sus resultados y las dejó con pequeñas utilidades”, dice Alberto Marraccini, miembro de aquella comisión.

El secreto fue acompañar a Ercilla de un libro y enciclopedias por capítulo. Muchos se llevaban los regalos y dejaban la revista en el kiosko. Ese mismo modelo lo replicó con su socio André Le Foulon cuando fundaron Editorial Santiago después de dejar las revistas y la radio. El negocio, en el que ganaron mucha plata, sigue en pie, pero reducido en tamaño.

Telemercados Europa resultó ser una apuesta a ganador. La empresa que despacha pedidos de abarrotes a domicilio fue comprada a Andrés y Mario Navarro, fundadores de Sonda. Perdía $140 millones anuales y la dieron vuelta. Uno de los ejecutivos que trabajó en esa compañía fue Félix de Vicente –la cabeza de ProChile- con quien, pese a la diferencia de edad, son muy amigos. “Yo era gerente de finanzas y el más joven. Él hacía comités dos veces a la semana hasta las 11 de la noche. Trabajábamos los sábados medio día. Así logramos tener utilidades al segundo año”, contó De Vicente, quien se transformaría en empresario.

Hay dos negocios en los que fracasó: la compra de Helen Harper que no pudo competir con la ropa importada  y la agricultura. Con su amigo Juan Bilbao plantó papas  en Curicó que se pudrieron por una plaga. Nunca más se atrevió con la agricultura y por eso arrienda los dos campos en Molina, donde mantiene el haras Palmas de Peñaflor.

Doble mediador en la fusión Falabella-Sodimac

Con el tiempo Moreno se haría conocido como uno de los negociadores más cotizados en el mercado. Una de las operaciones complejas que llevó adelante fue la fusión de Sodimac, de la que era director, con Falabella. Había que poner de acuerdo a los siete hermanos del Río, dueños de la cadena de artículos para el hogar y la construcción, y a cinco ramas de la familia Solari, socias de Falabella.

Moreno partió negociando por los del Río y terminó haciéndolo también por Falabella, debido al conflicto que se generó entre las hermanas Solari (María Teresa, María Luisa y Liliana) con Juan Cúneo y Reinaldo Solari. Estos últimos querían igualar la cantidad de acciones que tenían las Solari, que eran mayoritarias, pero les ofrecían un precio que ellas consideraron bajo. El asunto se trabó y el propio Cúneo le pidió ayuda a Moreno, quien logró que mejoraran la oferta económica a las Solari y que las partes quedaran satisfechas. “Tiene un talento enorme para entenderse con la gente, para convencer a cualquiera, sin ceder. Nunca se enoja, no es confrontacional. Es duro para negociar, trata de mantener sus puntos de vista, pero lo hace de una forma siempre atenta”, dice Bernardo Fontaine, quien negoció por Falabella junto a Sergio Cardone Solari.

La crisis del 82, en la que medio Chile quebró por la devaluación  y el sobreendeudamiento, puso a Moreno en el lugar preciso y en el momento indicado.  No sólo porque su paso por la Comisión Progresa le permitió conocer e incursionar en el negocio editorial, sino porque terminó sentado en el directorio del Banco de Chile.

Llegó convocado por Vicente Larraín, presidente del Patronato Nacional de la Infancia, cuyo principal activo eran acciones del Banco de Chile que valían poco y nada. El nexo fue su hijo Felipe Larraín, el ministro de Hacienda, quien conoció a Moreno porque fueron compañeros en Ingeniería Comercial. Carrera que el Canciller cursó en paralelo a Ingeniería Civil y, que pese al ofrecimiento de hacerla en tres años, no quiso. Si partió a hacer un MBA en la Universidad Chicago.

Tenía 29 años, era el director más joven del Banco de Chile y gracias a una campaña de  recolección de votos entre los minoritarios, consiguió que el Patronato tuviese dos sillones en lugar de uno en el directorio.

Conciliador de interes del "Choclo" Délano y los Luksic

Dos décadas más tarde se encontraría sentado junto a uno de los mejores amigos de Piñera: Carlos Alberto Délano, el "Choclo", miembro del llamado tercer piso y uno de los que acompañó al actual Presidente a Megavisión cuando se produjo el Piñeragte.

Délano y su socio Carlos Eugenio Lavín se convirtieron en los accionistas más importantes del banco, a través de Penta, dueña de la AFP Cuprum. Hasta ese momento, el Chile no tenía un controlador; era parte de las empresas en las que se aplicó el capitalismo popular.

Moreno era hombre de confianza de Adolfo Rojas, ex interventor y presidente del banco, pero partidario de que la institución perteneciera a un conglomerado relevante. El resto de los accionistas eran Juan Cúneo y Eduardo Fernández León, socio de Banmédica y  del Consorcio. La situación se complicó cuando los Luksic decidieron tomar el control del Banco de Chile el año 2000. Nuevamente, Moreno hizo de negociador: representó a Penta y tuvo de contraparte a Francisco Pérez Mackenna, gran amigo suyo desde la época de la Universidad de Chicago.

El actual ministro logró que los Luksic pagaran un valor muy superior al precio de las acciones en la bolsa a Penta y a Fernández León. Moreno no formaba parte de ninguno de los grupos en pugna, pero se vio beneficiado con la operación. Había  comprado acciones durante el capitalismo popular y por su 1% recibió US$ 12 millones.

Si a eso se suman las utilidades de Telemercados Europa –que, en la última década, oscilaban entre US$ 1 millón y US$ 2 millones anuales- más el producto de la venta de dicha empresa y lo que ha ganado en la Editorial Santiago, su patrimonio asciende a US$ 60 millones. Es el ministro más rico del gabinete. Gabriel Ruiz-Tagle lo supera, con US$ 120 millones, pero ostenta el rango de director (de ChileDeportes).

Amistad con Agustín Edwards

Moreno tejió poderosas redes por su papel de facilitador. Y su pasión por el rodeo lo llevó trabar amistad con Agustín Edwards, quien lo nombró en el directorio de El Mercurio. La condición de Moreno fue no recibir pago para evitar cualquier conflicto de interés, a lo que Edwards accedió.

El Canciller es dueño de uno de los cuatro criaderos más grandes de Chile con 100 caballos en su fundo en Molina. Y es tal su fanatismo que montó un espectáculo que exhibe en la Semana de la Chilenidad con sus caballos y jinetes que, vestidos a la usanza de cada época, recorren la historia de Chile. La Presidenta Bachelet llevó varias veces a sus pares extranjeros a ver el número ecuestre, entre ellos, a Álvaro Uribe, otro apasionado por  los caballos.

La Red Hamlet

El canciller tiene una única, pero relevante experiencia internacional. Fue miembro del G-50, grupo que integran 50 mujeres y hombres de negocios de alto perfil en Latinoamérica. Sólo se puede acceder por invitación y sus nombres permanecen en reserva. Se reúnen una o dos veces al año en Washington a conversar con líderes mundiales y a reflexionar sobre las necesidades y desafíos de la región. Moisés Naím, director de la influyente revista Foreign Policy y fundador del grupo, sostuvo a la desaparecida revista Poder: “Alfredo ha destacado siempre por su inteligencia e iniciativa. Pienso que intentará avanzar sobre la base de acuerdos y consensos”.

Sin embargo, el nombramiento de embajadores ha sido uno de los puntos bajos de su desempeño. Uno de los errores más gruesos fue enviar como cónsul general en La Paz a Jorge Canelas,  protagonista del Wikileaks chileno, al filtrarse un correo electrónico dirigido a Pedro Suckel en el que afirmaba que “el mejor estado de nuestras relaciones con Bolivia es no tener relaciones”.

El e-mail, enviado el 8 de septiembre de 2000 con copia a cerca de 30 personas, fue dado a conocer en junio de 2002 por el diario La Nación. Tenía, además, otro agravante: Suckel era, en ese momento, ministro consejero en la embajada de Perú, país clave a la hora de acordar una solución a la salida al mar de Bolivia.

Ambos pertenecían a la Red Hamlet, el grupo de altos miembros de la Cancillería que asesoró secretamente a Joaquín Lavín durante su campaña presidencial de 1999 en materia de política exterior. No abandonaron la Cancillería: Suckel es actualmente, contra toda lógica, cabeza de la nueva dirección de países limítrofes  que incluye a Argentina, Perú y Bolivia.

Junto a la Red Hamlet, el otro grupo de poder dentro del Minrel es el del subsecretario Fernando Schmidt, del que forman parte sus ex compañeros de promoción.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes