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Las versiones encontradas de Andrés Schöting y Fernando Batlle en el proceso

El abogado que salió llorando de la habitación de Karadima y que niega haber sido abusado

por 29 marzo 2011

El abogado que salió llorando de la habitación de Karadima y que niega haber sido abusado
Batlle dice que Schöting le contó que Karadima se había sobrepasado con él y que, al día siguiente, el cura lo mandó a confesarse. Pero Schöting lo niega y defiende al religioso con vehemencia. Ambos se conocieron en la Iglesia Los Castaños. La partida del párroco y guía espiritual los llevó, junto a otros jóvenes, a emigrar a El Bosque. Católico ferviente, Schöting es miembro de una de las instancias más importantes de la iglesia chilena: el Tribunal Eclesiástico de Apelación.

Una de las aristas menos ventiladas del caso Karadima es la contradicción entre los testimonios de los cuatro querellantes y los de quienes ellos mencionaron como víctimas de abusos del cura condenado por el Vaticano.

Uno de los casos más llamativos es el de Fernando Batlle, el único de los querellantes abusados cuando era menor según el fiscal Xavier Armendáriz, y Andrés Schöting Herrera.

Batlle, quien respaldó la acusación de “criminal” formulada por James Hamilton en contra del ex Arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, declaró tener “recuerdos claros” de lo que le relató llorando Schöting cuando ambos tenían unos 19 años de edad.

En el 10º Juzgado del Crimen de Santiago de Santiago, cuyo juez Leonardo Valdivieso sobreseyó  la causa argumentado la prescripción de los delitos, sostuvo: “Efectivamente, fui testigo mientras estuve en el Parroquia El Bosque de que el señor Karadima le efectuó similares tocaciones genitales sobre la ropa a otros jóvenes, entre los cuales cabe señalar a Andrés Schöting Herrera y a Jorge Merino, de quienes tengo recuerdos claros”.

Ante una nueva consulta entregó más detalles. “Cuando tenía aproximadamente 19 años, en circunstancias que esperaba a un amigo en el interior de la parroquia, quien momentos antes había estado en la habitación de Karadima, al salir me dijo llorando que Karadima se había sobrepasado con él en su habitación, ante lo cual yo le dije que lo confrontara, ya que esa situación no podía ser. Al día siguiente me comentó que lo había comentado y que Karadima le había dicho que se fuera a confesar con Francisco Errázuriz de las impurezas que había cometido con un sacerdote. Este amigo se llama Andrés Schöting Herrera quien, a la sazón, tenía aproximadamente unos 19 años”.

Errázuriz vivía junto a Karadima en la casa parroquial, cuya misión era albergar a sacerdotes mayores. Batlle sostuvo el viernes que el sacerdote era maltratado por Karadima, quien lo hacía comer en un rincón y se burlaba de él llamándolo “don Panchi”.

Söchting: “No sé por qué lo inventa”

Con el tiempo Schöting se tituló de abogado al igual que Batlle. Mantuvo contacto con Karadima, quien le bendijo la ceremonia de compromiso con su novia y actual señora. El primero en tomarle declaración fue el fiscal Xavier Armendáriz, antes de que la causa fuera derivada a la justicia antigua debido a que los delitos ocurrieron antes de la reforma procesal penal.

“Entre los 14 y los 20 estuve diariamente con el padre… subía a su pieza, lo acompañaba en sus salidas… Nunca vi una actitud impropia o equívoca en el terreno sexual. De lo que se dice que se me haya visto salir de la pieza de Karadima llorando (...) es totalmente falso, nunca pasó algo así, no sé por qué lo inventa”, dijo ante el fiscal.

Errázuriz vivía junto a Karadima en la casa parroquial, cuya misión era albergar a sacerdotes mayores. Batlle sostuvo el viernes que el sacerdote era maltratado por Karadima, quien lo hacía comer en un rincón y se burlaba de él llamándolo “don Panchi”.

Manteniendo la misma línea de defensa hacia Karadima, en una carta al director en el blog de El Mercurio explicó que fue contactado por uno de los denunciantes con quien se reunió personalmente. Este  lo invitó a participar en dicho grupo “dada la cercanía que tuve con el padre Fernando, a lo cual me negué rotundamente”.

Además afirmó que la fecha en que dejó de ir a la parroquia El Bosque no coincide con lo declarado por el querellante Batlle, con quien fue careado. Schöting viajó varias veces con Karadima “y, por eso, me niego a creer rotundamente que las acusaciones sean ciertas”.

Schöting señaló a El Mostrador que “yo ya hice declaraciones cuando partió el asunto” y cortó el teléfono. Batlle no pudo ser contactado por este diario.

Abogado del Tribunal de Apelación de nulidades religiosas

A diferencia de Batlle, quien se alejó de la Iglesia Católica, Schöting es un católico practicante y férreo defensor de sus preceptos. Es miembro del Tribunal de Apelación Eclesiástico que se encarga de revisar las nulidades religiosas. Ejerce como uno de los defensores del vínculo y, como tal, encargado de entregar las razones de hecho y de derecho por las cuales un matrimonio no debe ser disuelto.

El tribunal revisa tanto las causas aprobadas en primera instancia como aquellas  apeladas por una de las partes. Para la Iglesia Católica el matrimonio es un sacramento y, por lo tanto, debe ser defendido. El informe que elabora Schöting es clave, ya que es considerado por los jueces ante de dictar sentencia.

Los miembros del Tribunal son elegidos por el Arzobispo de Santiago y aprobados por el Vaticano.

Frente al debate por la exhibición de la película El Código Da Vinci, Schöting manifestó su opinión en una carta al director de El Mercurio aludiendo a una columna de Carlos Peña, rector de la UDP, donde comparó la férrea defensa del mundo musulmán frente a las caricaturas hechas al profeta Mahoma con la tibia reacción de los católicos ante el filme que, tras un fuerte debate, llegó a las salas de cine. “Recientemente se ha conocido la petición del Opus Dei para que la productora de la película elimine aquellas escenas que pudieran ofender al mundo cristiano (…) Se ha dicho que los tiempos de la Inquisición ya pasaron, que la Iglesia no tiene derecho a presionar de esta manera. Creo que la Iglesia está en todo su derecho de expresar sus ideas, de influir, de presionar y defender lo que crea es lo justo”.

Peña le respondió. “Comprendo perfectamente que algunos católicos puedan sentirse heridos frente a expresiones que deforman su credo y su culto. Pero ocurre que en ningún sistema jurídico ése es un estándar para reclamar protección”.

Los jóvenes que cambiaron la iglesia de Los Castaños por El Bosque

Schöting y Batlle, así como José Andrés Murillo, otro de los querellantes, coincidieron siendo adolescentes en la Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes, conocida como Los Castaños. Eran seguidores de su párroco Cristóbal Lira Salinas, quien oficiaba de guía espiritual y confesor.

Un hecho fortuito –la abrupta partida del sacerdote- los hizo emigrar a la Parroquia de El Bosque, debido a que el reemplazante de Lira no logró concitar el entusiasmo de su antecesor. Un grupo de 14 jóvenes, entre ellos, Batlle, Murillo y Schöting terminó formando parte del amplio número de jóvenes que siguió con devoción al sacerdote causante del mayor terremoto en la iglesia chilena.

Karadima puso, como en otros tantos casos, en veredas opuestas a quienes fueran dos amigos que diariamente asistían a misa en la parroquia de Providencia*. Y que, diferencia de muchos feligreses, se quedaban junto a él. Eran parte de los elegidos.

*N. de la R.: Posteriormente a la publicación de este artículo se nos informó que Fernando Batlle en verdad fue siempre feligrés de la parroquia de El Bosque.

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