Piñera…. y punto - El Mostrador

Lunes, 18 de diciembre de 2017 Actualizado a las 05:37

Análisis

Piñera…. y punto

por 19 julio, 2011

Piñera…. y punto
Los más optimistas dicen que Longueira ya está adentro y es cierto. Pero estar adentro no significa estar en todas. Y menos estar en lo importante. El Presidente tiene a un Longueira cerca para consultarlo… pero cuando quiera. A cambio, el ex senador ya no puede andar exhibiendo power points ni mostrando en reuniones los mails que intercambia con el mandatario. Bueno, no debería.

Hasta el sábado pasado, el grueso de la derecha y los opinólogos de la plaza, le pedían al Presidente dos condiciones para tomarse en serio el cambio de gabinete. Una era cirugía mayor en el equipo político. La otra, que debía ser consecuencia de la primera, un nuevo diseño en la estructura de toma de decisiones. Es decir, desconcentración del poder de sus manos. Para esto, se decía, era condición sine que non remover a su mano derecha, Rodrigo Hinzpeter, y poner a alguien con autonomía en Interior.

Los que pedían la cabeza de Hinzpeter pretendían, sin decirlo, doblarle la mano a Piñera. Pero eso, no pasó. El arribo de Andrés Chadwick a la Segegob no alcanza a ser un golpe de timón en el equipo político tampoco. Aunque el ex senador es UDI “histórico”, un gremialista comentó que desde la campaña está tan cercano al Presidente y a Hinzpeter que “no se lo siente de este lado”. Y la permanencia de Larroulet en la Segpres no es precisamente una señal para enmendar un esquema que ha sido deficitario en la construcción de acuerdos en el Congreso.

Como parte de la ofensiva de declaraciones que se montó para presionar al Presidente, también se habló de incorporar a un UDI al Segundo Piso, el lugar estratégico donde se corta el queque en La Moneda. Pero eso tampoco ocurrió.  Entonces ¿no cedió en nada el Presidente? Sí, por supuesto, que lo hizo. Pero sin entregar poder.

La incorporación  de Longueira –su principal enemigo en el sector- a Economía puede resultar en una relación win win con La Moneda al tomar una agenda de mutua conveniencia: fiscalización de abusos de las grandes empresas y protección de los consumidores –surfeando en la ola dejada por el caso La Polar-, sumadas a la mejora en las condiciones de competitividad de las golpeadas Pymes, puede ser la vía para sacudirse el estigma de ser el gobierno de los empresarios. Plataforma que empalma perfecto con la cacareada UDI popular, concepto que hace suspirar al ex senador, critico de la derecha de los salones. Los más optimistas dicen que Longueira ya está adentro y es cierto. Pero estar adentro no significa estar en todas. Y menos estar en lo importante. El Presidente tiene a un Longueira cerca para consultarlo… pero cuando quiera. A cambio, Longueira ya no puede andar exhibiendo power points ni mostrando en reuniones los mails que intercambia con el mandatario. Bueno, no debería.

Como parte de la ofensiva de declaraciones que se montó para presionar al Presidente, también se habló de incorporar a un UDI al Segundo Piso, el lugar estratégico donde se corta el queque en La Moneda. Pero eso tampoco ocurrió.  Entonces ¿no cedió en nada el Presidente? Sí, por supuesto, que lo hizo. Pero sin entregar poder.

La otra delicadeza del Presidente con el gremialismo fue no defenestrar a Lavín. Completamente fuera de combate para seguir adelante con las riendas del conflicto estudiantil, el ex candidato de la UDI andaba dando explicaciones por su vínculo con la UDD y quedó bastante moreteado por el golpe de la caída libre en las encuestas. Lavín obtuvo un lindo funeral vikingo saltando hacia el flamante Ministerio de Desarrollo y Planificación.

Mucho más no hay. Tal vez el repliegue de Golborne a Obras Públicas,  limitando al mínimo los riesgos para que el ex gerente del retail llegue en buena forma a la presidencial. Y el salto de Felipe Bulnes, el otro hombre de confianza del Presidente, junto a Hinzpeter, a la primera línea de batalla, como una señal que en la agenda educacional La Moneda se jugará grandes cosas.

Todos buenos movimientos tácticos. Movimientos que permiten tomar agüita, poner paños fríos a las ansiedades y descomprimir un aire que en la derecha venía cortándose con cuchillo hace un rato. Pero táctica no es estrategia. No hubo giro radical. Ni cambio de rumbo. Ni golpe de timón. Y probablemente nunca lo habrá, porque así es Piñera. Y punto.

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