Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 20:10

Las contradicciones del llamado “Bielsa de la política”

La reinvención de Andrés Velasco y las críticas a su nuevo discurso

por 7 diciembre 2011

La reinvención de Andrés Velasco y las críticas a su nuevo discurso
Todo lo que dijiste puede ser usado en tu contra. Una máxima que empieza a pesarle al ex ministro de Hacienda de Bachelet, quien intenta instalarse en los partidores de la próxima presidencial. Con una agenda y discurso ambiente cargado a la izquierda, Velasco se ha convertido en el niño símbolo de una Concertación que gobernó confortablemente con las premisas del modelo neoliberal, pero que ahora parece pesarle en la conciencia.

Andrés Velasco no ha parado. Desde que se autodefinió como precandidato presidencial y un pequeño grupo de seguidores lo bautizó como “el Bielsa de la política”, el ex ministro favorito de Michelle Bachelet no ha parado de besar guaguas y abrazar “señoras Juanita” en sus visitas a sectores populares. Tampoco ha parado de participar en congresos y lanzamientos, donde la tónica ha sido hablar golpeado, criticar al gobierno de Piñera y defender la obra de la ex Presidenta, en una suerte de liberación del corset que modera las opiniones de aquellos que se refieren a la realidad desde un gabinete ministerial.

La semana pasada, como en los típicos “road show” de empresarios que buscan levantar capital fresco o de los escritores que salen de la soledad de sus despachos, el ex catedrático de Harvard, quizá uno de los economistas más brillantes del país, dio entrevistas a quien quisiera escucharle. Desde Estado Nacional pasando por radios y diarios hasta el canal de noticias de TVN, el mensaje fue el mismo: renovación, terminar con la desigualdad y hablar de lo bien que lo hizo Bachelet y lo mal que lo está haciendo Piñera.

¿A qué se debe su nuevo estilo directo, muy distinto a la mesura con la cual solía hablar desde la responsabilidad del ministro de Hacienda?

“Yo siempre he sido muy franco al referirme a lo que no me gusta o no me parece bueno para Chile”, responde Velasco. “Por eso pudimos sostener buenas políticas económicas, a pesar de las presiones, durante 2006-2010, tanto en la parte de auge como en la de crisis del ciclo. La única diferencia es que un Ministro de Hacienda habla principalmente de los temas de su cartera. En mi etapa actual corresponde que me refiera a todos los asuntos, políticos o económicos, donde las cosas podrían hacerse mejor”, agrega.

Ministro versus candidato

El jueves pasado en el Centro Cultural Gabriela Mistral, Velasco lanzó “Contra la desigualdad”, libro que escribió junto a Cristóbal Huneeus.

En el texto, el ex ministro de Hacienda y el economista, proponen 15 medidas para mejorar las oportunidades de empleo en Chile y señalan que la brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre es de 78,5 veces.

Según el cientista político Patricio Navia este es una de las contradicciones más evidentes del creador del think tank Expansiva: “Su apoyo al paro nacional que convoco la CUT es una. Él dijo apoyar ese paro -en entrevista en radio Zero- dado el alto nivel de desempleo. Pero el desempleo era inferior a cuando el fue ministro. Creo que su apoyo al paro fue un error”.

En la ocasión, además, Velasco volvió a decir que está en la carrera presidencial, que está abierto a participar en elecciones primarias de la Concertación y habló de la importancia de renovar la clase política incorporando a jóvenes.

Al lado suyo en la testera, el ex ministro era escuchado por Camilo Escalona, invitado estelar a comentar el libro y quien, ironías aparte, fue uno de los tapones de la renovación generacional de la Concertación en el gobierno pasado y el principal enemigo de hacer elecciones primarias en la última carrera presidencial, lo cual derivó en que Marco Enríquez-Ominami, uno de los militantes jóvenes del PS, renunciara a la coalición y lanzara candidatura propia.

En las primeras filas del evento figuraba el ex Presidente Patricio Aylwin, quien dio su venia al candidato Velasco al decir que “Andrés tiene condiciones para hacer un buen papel”, y personeros de la línea histórica del antiguo oficialismo, como José Antonio Viera-Gallo y Edmundo Pérez Yoma, así como el ahora outsider, amigo de Velasco, Pablo Halpern.

La escena completa es un buen ejemplo de las tensiones entre la movida historia del Velasco ministro y el Velasco candidato, que recuerdan sus críticos de las “dos almas de la Concertación”; esa mezcla de ring de box y política de sobremesa que cruzó al gobierno de Michelle Bachelet cada vez que se vio obligado a decidir entre su lado más estatista o aquel más libremercadista.

Caso a caso

En el gobierno de Bachelet –quien prologó el libro- Velasco partió siendo el ogro neoliberal para el ala más “progresista” y terminó convertido en el superhéroe de la regla del superávit fiscal del 2% que permitió al país capear la crisis de 2008.

En el camino, Velasco, quien hoy promociona su tesis de mejor empleo y distribución, chocó con el entonces ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade cuando el titular de Hacienda propuso flexibilizar el empleo. Se pelearon nuevamente cuando el socialista, que le decía “rucia” a Bachelet, propuso la creación de una AFP estatal, a lo cual Velasco se opuso tajantemente. Otra disputa ocurrió cuando se discutía la ley de Subcontratación a fines de 2006 y luego, cuando un fallo judicial revirtió una orden de la Dirección del Trabajo para incorporar a los subcontratados de Codelco.

Cinco años después, el ahora candidato Velasco pasó de rechazar los petitorios de los trabajadores a apoyar el paro nacional que convocó la CUT, en un intento fallido de apoyarse sobre la popularidad del movimiento estudiantil, en agosto pasado.

Según el cientista político Patricio Navia este es una de las contradicciones más evidentes del creador del think tank Expansiva: “Su apoyo al paro nacional que convoco la CUT es una. Él dijo apoyar ese paro -en entrevista en radio Zero- dado el alto nivel de desempleo. Pero el desempleo era inferior a cuando el fue ministro. Creo que su apoyo al paro fue un error”.

Otro episodio contradictorio según sus críticos está relacionado con las reivindicaciones de los estudiantes. En 2006, a raíz de la “revolución pingüina” que marcó la agenda del inicio del gobierno bacheletista, la Mandataria destrabó el conflicto constituyendo la Comisión Nacional de Educación que planteó reformular la LOCE, recomendó crear una Superintendencia de Educación y promover una ley de aseguramiento de la calidad de la Educación.

En medio de todo el debate, cuando los parlamentarios díscolos exigieron mayor presupuesto para Educación y rechazaron la partida presentada por Hacienda en la Cámara de Diputados, el ministro Velasco visitó un jardín infantil y habló de la derrota en el Congreso. “Las movilizaciones, las presiones, no pueden hacerse a costa de los niños, no pueden hacerse a costa de la educación”, dijo, tal como podría decirlo hoy su sucesor Felipe Larraín, si Hacienda tuviera el peso que tuvo como eje gravitante de los gabinetes concertacionistas.

Si ahora, tras las masivas manifestaciones estudiantiles de los últimos meses, los jóvenes consiguieron instalar la necesidad del cumplimiento de la ley y una mayor fiscalización a nivel escolar y universitario, en ese tiempo la Concertación no estaba disponible para enredarse en disputas con los grandes conglomerados universitarios privados. Según el entonces ministro de Educación Martín Zilic, Velasco tampoco estaba a favor de fiscalizar a través de la creación de la Superintendencia del ramo:

“Cuando lo planteamos en 2006 no hubo consensos para llegar a implementar la Superintendencia como debe ser implementada y en eso hay culpables de la Concertación y de Alianza. Desde el inicio en el Ministerio planteé el tema de la Calidad como el tema central. La presidenta Michelle Bachelet me pidió que lo diera a conocer en un comité político. Y lo hice. Andrés Velasco –ministro de Hacienda– no estaba de acuerdo con aumentar el marco regulatorio y la ministra Veloso fue algo mas irónica preguntando si había existido antes en la historia de Chile una Superintendencia de Educación”, recordó Zilic en una entrevista con El Mostrador. Aunque “en esa oportunidad sentí claramente el apoyo de la Presidenta que me dijo yo creo en una salud pública y en una educación pública de calidad”, añadió Zilic, lo concreto es que la Superintendencia durmió el sueño de los justos hasta la implosión estudiantil de este año.

Otro consultado, un experto en educación que siguió de cerca todo el proceso de la revolución pingüina y el trabajo legislativo del gobierno de Bachelet en la materia, asegura que el problema del gobierno entonces fue que “sencillamente no hizo la pega que tenía que hacer en educación. No se cuanto influía Velasco en eso, lo único que se es que no tomaba el tema, lo delegaba a su subsecretaria, lo cual hace pensar que no le dio tanta importancia”.

“Sería bueno hacer críticas basadas en hechos y no en fantasías”, responde Velasco. “Tomemos el ejemplo de educación. En los 4 años de Bachelet echamos a andar la subvención preferencial para los alumnos pobres, reajustamos la subvención básica y expandimos masivamente la educación pre-escolar. Por eso durante nuestro gobierno el gasto en educación creció un 13% real por año, más que en ningún gobierno para el que se tengan datos. El que diga que entre 2006-2010 se escatimaron recursos para la educación no habla con la verdad”.

Otra situación que se le critica al discurso actual del ex titular de Hacienda, quien dijo que la reforma social hecha durante el gobierno de Michelle Bachelet fue "la mejor de la historia", es relativa a la distribución de la riqueza y la brecha entre ricos y pobres que, tras el fin de la dictadura, no se redujo.

Al contrario, el año 2009, casi al fin del período de la administración Bachelet, la brecha entre ricos y pobres subió según la encuesta CASEN 2009. Mientras el 10% más rico subió en nueve puntos porcentuales sus ingresos, el 10% más pobre apenas lo hizo en 1 punto. Es decir, quien entonces ganaba $113.000 pasó a ganar $114.000 en tanto el que ganaba $2.700.000 subió a $2.950.000. Puesta en distancia, dicha brecha significa que el 10% más pobre vivía con el 1,5% de los ingresos totales del país y el 10% más rico concentraba el 39,2% de los ingresos. Descontando subsidios, la diferencia total entre uno y otro grupo en ese minuto era de 46,2 veces.

Esta cuestión también es rebatida a El Mostrador por Velasco, quien afirma que “durante los últimos 20 años el desarrollo de políticas sociales audaces —de salud, educación, vivienda, pensiones— tuvo un impacto grande en la distribución del ingreso total de los hogares. De hecho, tomando en cuenta el impacto de todas estas políticas, la brecha entre ricos y pobres en Chile se reduce a la mitad. A mi me tocó diseñar y aplicar la reforma de pensiones, que da beneficios a más de un millón de jubilados, ha reducido en más de dos puntos porcentuales la pobreza en la tercera edad, y en el futuro bien puede eliminar la indigencia en este grupo. Me tocó también llevar a cabo el subsidio al empleo joven, una política muy novedosa para Chile y América Latina que hoy beneficia a más de 200 mil jóvenes y que tiene un potencial grande para reducir la desigualdad”.

Noticias Relacionadas

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes