Miércoles, 7 de diciembre de 2016Actualizado a las 20:35

Por primera vez habla con un medio de comunicación

Elizabeth Escudero Martchenko: la hermana desconocida de Miguel Krassnoff

por 20 diciembre 2011

Elizabeth Escudero Martchenko: la hermana desconocida de Miguel Krassnoff
El ex agente de la DINA vivía en Los Dominicos. Su media hermana y su madre, en una casa de material ligero en el sector norte de Santiago. Ella cuenta que las invitaba a almorzar y las pasaba a buscar en auto. Él nunca se ha referido a su única pariente viva. Ella dice “lo quiero, lo echo de menos”. Él no le ha mandado un mensaje desde el Penal Cordillera. El fue militar; ella es guardia de seguridad. "Hay que ver para creer como decía mi madre. Él es un buen hombre", señala.

Miguel Krassnoff tenía 15 años cuando nació su media hermana: Elizabeth Escudero Martchenko, a la que nunca ha mencionado públicamente. Es su única pariente viva desde que murió su madre, Dihna Martchenko, en 1992 de un cáncer gástrico que se prolongó por nueve años.

Habita en una casa esquina de material ligero en Quilicura. Se ve que ha sido ampliada, pero es la más pobre de los dos pasajes pavimentados que se entrecruzan. Las de sus vecinos tienen dos pisos o antenas de TV satelital. Varias son de ladrillos. La suya es de madera -la misma con que se construyen las mediaguas- y la obtuvo su madre mediante un subsidio en 1981.

Por primera vez esta hermana sin rostro del ex agente de la Dina, condenado a 144 años de cárcel, habla con un medio de comunicación. “El es un buen hombre. Es mi hermano y me da pena que esté preso”, dice a través de la reja y es la única oportunidad en que muestra emoción. Pero no se deja fotografiar.

-Su hermano está condenado a 144 años por la detención y desaparición de 25 personas, dos secuestros en calidad de cómplice y un homicidio.
-No puedo creer nada… Él es un hombre bueno.

-¿Sabían usted y su madre que era agente de la DINA?
-Él decía que trabajaba en el Ejército, en algo de estadista.

-Estadísticas tal vez.
-Puede ser.

-Además, presenció y aplicó torturas.
-Mi mamá me enseñó que ver para creer.

-Usted no leyó la lista “yo fui torturado por Krassnoff”. ¿Cree que alguien va a inventar algo tan doloroso?
-No la vi. Es difícil para mí opinar.

-Más difícil es que usted pueda haber sido testigo de los delitos de su hermano. ¿Estaría dispuesta a leer testimonios de las víctimas y de quienes vieron por última vez a los secuestrados?
-Sí.

-¿Él le ha mandado algún mensaje desde el Penal Cordillera o la ha incluido en la lista de visitas?
-No.

-¿Y por qué no ha ido a verlo? ¿Él no quiere acaso?
-Me da pena verlo preso, pero voy a ir. Lo quiero, lo echo de menos.

Elizabeth hoy trabaja como guardia de seguridad al igual que su marido Francisco Pailallán, padre de su hijo de ocho años. Ella de día; él de noche. Es una mujer maciza, de estómago prominente, cara ancha y pelo muy corto. Hace tres años fue empleada puertas afuera. Nunca abre la reja de la casa y no permite registrar en ese momento la conversación. Explica que desconfía desde que Mónica Echeverría, autora del libro “Krassnoff, arrastrado por su destino”, la fue a ver. “Ella no me dijo que iba a escribir mal de mi hermano; sólo que quería saber la historia de la familia”.

“El nos invitaba a su casa en Los Dominicos”

Dice que fue invitada al lanzamiento de la cuarta edición del libro “Miguel Krassnoff, prisionero por servir a Chile” en el Club Providencia, pero no pudo entrar porque llegó a las 19:00. A esa hora comenzaba el acto y una multitud increpaba a los convocados. No aclara quién la convidó. No fue el alcalde Cristián Labbé, cuyo rostro le es familiar. “Parece que fue al matrimonio de mi hermano”. En las tres oportunidades en que se lanzaron las ediciones anteriores, no fue incluida.

-¿Qué relación tenía con su hermano?
-Nos invitaba a almorzar a su casa en Los Dominicos y nos venía a buscar en auto.

-¿Cuando usted y su madre veían cómo vivía no pensaban que él podía ayudarlas?
-¿Por qué? Yo soy independiente y mi madre era muy orgullosa.

-¿Cuando su madre tuvo cáncer le dio apoyo para una buena atención médica?
-Cuando mi mamá se enfermó me pasaba una ayudita en la mano, en secreto. Yo no le contaba a ella. Mi mamá no habría aceptado ayuda, porque era orgullosa.

-¿Él venía vestido de militar a buscarlas? En esa época no eran bien recibidos.
- Una vez se salió un canal por aquí cerca y él vino vestido de militar para ver cómo estábamos.

-¿Es cierto que él reniega de usted y de su madre porque ella se casó con un hombre que él consideraba de bajo estrato social?
-Mi papá trabajaba en Chilectra. Mi mamá se separó muy luego. Yo no mantengo relación con mi papá.

Como una muestra de cercanía con aquel hermano que iba ascendiendo en el escalafón, que fue jefe de seguridad de Augusto Pinochet, viajó a Panamá a entrenarse en técnicas de inteligencia, vivió en Brasil y pidió su retiro en 1998, Elizabeth Escudero menciona que ella y su madre vivieron en Arica e Iquique cuando Krassnoff fue destinado a ambas ciudades.

Fueron tres años, desde 1967 a 1970. Poco antes del Golpe Militar murió la abuela materna, María Chipanoff, un personaje central en la vida de Krassnoff, quien le hablaba ruso y le inculcó la admiración por los cosacos -su abuelo y su padre lo fueron- de los que tanto se enorgullece y se siente heredero.

Hay lagunas en el relato. Dice que su madre trabajó como traductora en el Ministerio de Relaciones Exteriores, que hablaba francés, alemán y ruso. Pero de la década del 50 se salta a la del 70 cuando pasó a ser funcionaria de Cema Chile. Traducía, según ella, los folletos de los productos que “exportaba” la fundación creada por Lucía Hiriart de Pinochet.

Ella estudió en el colegio San Patricio, católico y privado, a unas cuadras de Tomás Moro, donde su madre arrendaba una casa. Después se cambió al Liceo 19 en Ñuñoa. Habla ruso -dice- pero no lo escribe. “Mi mamá hablaba castellano sin acento. Era muy culta, vivió en Francia, donde conoció al papá de Miguel”.

Guardia de seguridad al igual que su marido

Elizabeth hoy trabaja como guardia de seguridad al igual que su marido Francisco Pailallán, padre de su hijo de ocho años. Ella de día; él de noche. Es una mujer maciza, de estómago prominente, cara ancha y pelo muy corto. Hace tres años fue empleada puertas afuera. Nunca abre la reja de la casa y no permite registrar en ese momento la conversación. Explica que desconfía desde que Mónica Echeverría, autora del libro “Krassnoff, arrastrado por su destino”, la fue a ver. “Ella no me dijo que iba a escribir mal de mi hermano; sólo que quería saber la historia de la familia”.

-Ella es la madre de Carmen Castillo, la pareja de Miguel Enríquez. Estaba embarazada y quedó herida cuando su hermano estuvo en el operativo en que murió Enríquez.
-Yo no lo sabía en ese momento. Me enteré después.

Comienza una lista de aclaraciones sin mediar pregunta. Que no es verdad que su padre sea mapuche. Y, por ende, ella también. “Mi hija (Nataly, la mayor, de 28 años, nacida de otra relación) trató de postular a la beca indígena, buscó hacia atrás, hasta los tatarabuelos y no encontró nada”. Su madre no murió en un hospital público, sino en la casa de Quilicura. Que miente la compañera de trabajo de su madre en Cema Chile cuando declara que le llamaba la atención esa mujer grande que recogía las sobras del almuerzo y el pan. “Da a entender que éramos pobres y era para dárselos a los perros de la Plaza Almagro”.

Ironías de la vida, su marido es del Partido Comunista, “pero no hablamos de política… ¿para qué?” Probablemente, no haya sido un militante activo con un cuñado que perseguía a la izquierda y, con especial obsesión al MIR. “Mi marido no se metía cuando venía Miguel”.

-¿Qué cosas compartía con su hermano?
-El vodka que mi mamá preparaba en la casa, y la comida rusa.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes