“Son millones los que tienen el alma mala” - El Mostrador

Lunes, 18 de diciembre de 2017 Actualizado a las 15:16

Camila Vallejo y los últimos dichos de Sebastián Piñera:

“Son millones los que tienen el alma mala”

por 15 marzo, 2012

“Son millones los que tienen el alma mala”
A la actual vicepresidenta de la FECH también se le apareció marzo. Y lo hizo con sentido de autocrítica: “Hay que replantearse las cosas. El camino va por no repetir la misma pauta del año pasado, no se pueden hacer paros tan prolongados nuevamente. Hay que convalidar las clases con las demandas”, dice. En conversación con El Mostrador también analiza la performance del Presidente y su eventual candidatura al Parlamento.

Camila Vallejo paró. Tomó un compilado de textos de Karl Marx y se fue con su familia, la penúltima semana de febrero, a Cochamó, X Región.

Descansó, hojeó también una novela cuyo nombre no recuerda, miró los cerros y de vuelta se encontró con los protagonistas de siempre. Con ella misma y la fotografía con Roger Waters. Con ella misma en medio de una manifestación, luciendo unos pantalones cortos en una fotografía de Las Últimas Noticias. “No sé por qué le pusieron que eran hot pants, na’ que ver”, dice, y aún no le encuentra sentido a ser admirada por su belleza.

Aunque casi lee sólo prensa en Internet y no ve tele, también se encontró con Sebastián Piñera y sus declaraciones en la última edición de Tolerancia Cero, donde el Mandatario consideró que entre ciertas personas que se manifiestan hay algunos “malos del alma”.

“Si creer que tener un alma mala es apostar a defender derechos, a creer que a través de la organización se pueden hacer cambios, entonces son millones los que tienen el alma mala”, dice y hunde su dedo en el corazón de La Moneda: “Hay una realidad que no se está queriendo evidenciar. Cuando uno es incapaz de generar una autocrítica, entra en un efecto de negación de la realidad y no asumir que ha habido errores”.

-¿Piñera es inteligente?
-No sé… Es una persona que ha manejado mal políticamente los conflictos sociales.

-¿Es mal político?
-Mmmm, yo creo que le falta…

-¿Qué le falta?
-Le falta vocación pública. A este gobierno le falta eso y creo que cada vez que se señala el querer mayor igualdad de oportunidades hay poca credibilidad.

-Tú estuviste con Piñera en La Moneda cuando se reunieron el año pasado… ¿Le creíste?
-Es poco creíble, porque no se ve consecuencia. Entonces no puedo creer lo que me dicen, sino que tengo también que comprobar el hecho. Y eso es lo que le falta.

“A Piñera le falta vocación pública. A este gobierno le falta eso y creo que cada vez que se señala el querer mayor igualdad de oportunidades hay poca credibilidad”.

Se apareció marzo

Cuando el movimiento por la educación está a punto de (re) arrancar, ella no extraña al ex ministro Bulnes. Y no es porque quiera particularmente al nuevo titular de la cartera, Harald Beyer. Es simplemente porque ahora, cuando hace memoria de uno de los levantamientos sociales más grandes en la historia de Chile, no hay muchos puntos que destacar en la contraparte.

“No tenemos nada que extrañar de ningún ministro. Nos han tocado distintos ministros con dificultades para poder dialogar. Con Lavín era muy difícil, porque no considerábamos que fuera un interlocutor válido. Era muy difícil hablar de lucro con alguien que tenía un conflicto de interés. Con Bulnes se endureció mucho más el diálogo, porque fue como el perrito guardián del gobierno en materia de educación”.

-¿Y cómo es la relación con el nuevo ministro?
-No hemos tenido tiempo de juntarnos. Sólo nos vimos para una entrevista en una revista. Y la verdad es lo mismo (se ríe). Lo que pasa es que Harald Beyer es mucho más tecnócrata. Maneja el tema de la educación hace ya tiempo. Tiene relación con la Concertación y también con los sectores liberales de la derecha y yo creo que fue puesto ahí para generar un ambiente de más gobernabilidad al interior de las distintas coaliciones, pero él tiene una base ideológica sumamente clara.

-Pero también es el perfil del ministro para este segundo tiempo. De más diálogo y menos tomas…
-Las tomas y los paros cumplieron sus objetivos, pero no los podemos rechazar per sé como mecanismo de presión. Hubo un momento en que las tomas ya no cumplían el objetivo y eran mejor para nuestra contraparte, para generar división internamente, para no entregar becas, para demostrar que las instituciones se veían erosionadas producto de esto. Hay que replantearse las cosas. El camino va por no repetir la misma pauta del año pasado, tiene que ver con que no se pueden hacer paros tan prolongados nuevamente. Hay que convalidar las clases con las demandas. Ir a clases, pero replanteándose la educación que queremos.

-¿Hay un consenso o se está debatiendo?
-Se está debatiendo. En la Chile, por medio de los centros de estudiantes, se ha establecido una seudo pauta de discusión, nada tan rígido, sino un balance de 2011 y la proyección de la movilización para este año.

-Asumiendo el diagnóstico sobre las tomas, Alberto Mayol planteaba la tesis de que una salida era jugársela por una gratuidad de hecho. O sea, dejar de pagar. ¿Qué piensas?
-Es que depende de qué institución pare. Hay muchas instituciones públicas que se verían afectadas y eso es justamente lo que quiere atacar la contraparte: la educación pública. Entonces no le vamos a dar en el gusto. La opción sería dejar de pagar los créditos, porque se ha bancarizado mucho la forma de financiamiento, pero para eso se requiere mayor organización con el sector privado de la educación y no existe tanto. Eso es difícil. Pero si se paran los portuarios, ¿te imaginas el daño que se genera?… por eso es tan necesario que el sector productivo se involucre en este proceso y por eso los trabajadores tienen que estar acá… Por eso el gobierno no quería que nos involucráramos con los trabajadores, quería separar las aguas. Porque decían que se estaban aprovechando del movimiento estudiantil. Que los estudiantes eran los puros y los trabajadores eran como los viejos rancios que venían a manipular el movimiento…

-Eso tiene más relación con la figura de Arturo Martínez o de otros dirigentes como Jaime Gajardo. Además, esa molestia surgió incluso al interior de la propia Confech.
-Está bien, pero el estudiante jamás va a decir ‘no me voy a asociar con los trabajadores por tal persona’. Los estudiantes siempre plantearon acercarse a este sector. ¿Quién soy yo para decir que me cae mal un dirigente? ¿Quien sería un profesor para decir que no se va a aliar con la Fech, porque le cae mal su presidente? Entonces si a ti te dificulta porque es poco mediático, que es tosco, no sé, cualquier cosa, bueno tienes que lidiar con eso, pero no por esa razón vas a dejar de trabajar con ellos.

-Pero al Gobierno le duele el movimiento en la medida que tú tienes números en las encuestas que te avalan. Eres la cuarta figura en la CEP y la adhesión al movimiento está por sobre el 70%, por sobre cualquier otra agenda política como la unidad con los trabajadores.
-El movimiento generó empatía primero por la demanda, porque hace sentido y eso no implica caer en populismo. Porque por puro populismo te preocupas de las encuestas y dices lo que la gente quiere escuchar simplemente. Y no se trata de eso. Se trata de captar lo que hace sentido o como hacer sentido respecto a una realidad para poder visualizarla. Antes la gente pensaba que estaba bien pagar por todo. Hoy no.

-Pero la irrupción también tiene que ver con que tú y Giorgio son rostros nuevos, con que presentan recambio y no están contaminados…
-Sí, puede ser… los liderazgos son necesarios, pero hay algo que se sostiene más. Esto no se levanta gracias al carisma o la idea de lo nuevo de los dirigentes. Tiene que ver con cómo se quiere contar la historia. Hay quienes dicen que se juntaron un par de dirigentes y presentaron una oposición al gobierno y otros que decimos que no, que el debate tiene décadas de discusión. Hay una construcción histórica que apareció antes de la aparición de Giorgio y yo. Esto no se debe al mero liderazgo, tiene que ver con el malestar. Ni en Magallanes ni en Aysén se vieron liderazgos de gente tan joven o mediática, pero hay organización. Con eso se construye historia, no con los meros liderazgos, porque si no hay nada atrás, no te sirve de nada.

El Congreso y los partidos

Los estudiantes han apoyado a la ciudadanía en el conflicto en Aysén y también evalúan sumarse a otros actores en un contexto de demandas sociales. “Hay una nueva mirada, porque nos dimos cuenta que para cambiar la educación de Chile no basta con elaborar propuestas, sino que hay que acompañarlas con cambios en el sistema político, por eso dijimos que queríamos gratuidad y no se podía plantear así, sin una reforma tributaria. Por eso nos dimos cuenta que teníamos que cambiar el binominal para tener mayor representatividad en los espacios institucionales”.

-Qué te parece la propuesta de Larraín y la DC de avanzar hacia el cambio del sistema política.
-Hay un tema ahí que tiene relación con más intentos de generar acercamientos con la derecha que una propuesta per sé, como algo simbólico. No sé si es bueno o malo. Yo creo que es definitorio con la tensión que existe en la Concertación. Hay muchos que creen que la Concertación como bloque está destruida y ahora tiene que ver si toma una postura hacia la derecha o hacia la izquierda.

-El comité central del PC debe proyectar un puesto político para ti. ¿Dónde te sentirías más cómoda?
-Obvio que en el tema de la organización social.

-¿En el Congreso no?
-Es que no es algo personal. Es un objetivo político que el Parlamento cambie su correlación de fuerzas, que se permita tener una mayoría política para hacer cambios constitucionales, etc. Yo no sirvo sola ahí. Lo relevante no es que yo esté en el Parlamento, sino que el movimiento defina auto representar y no delegar en otro esa responsabilidad.

-Hay gente que opina que si Camilo Ballesteros o tú tienen un puesto político pudo haber aprovechamiento o traición al origen del movimiento…
-Esas son visiones muy sesgadas de la visión de la política, porque nos han mal acostumbrado a creer que la política es personal y partidista, como que yo hago mi ‘carrera política’… pero cuando uno decide asumir una responsabilidad es por una cuestión colectiva.

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