Renuncia de Álvarez empaña operación Aysén y deja con gusto amargo a La Moneda - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 14:06

Es el segundo ministro después de Bulnes que le cierra la puerta por fuera a Piñera

Renuncia de Álvarez empaña operación Aysén y deja con gusto amargo a La Moneda

por 28 marzo, 2012

Renuncia de Álvarez empaña operación Aysén y deja con gusto amargo a La Moneda
Su frase “mi renuncia es política", dejó al descubierto y sin pudor los conflictos que rodearon el cierre del conflicto en la Patagonia, instaló un fuego cruzado con el vocero Andrés Chadwick y opacó inapelablemente la gira por Asia del Presidente, quien recién vuelve al país este sábado. Y aunque Álvarez expresó que era el fin de su carrera en el servicio público, ya se habla de integrarlo a la nueva mesa directiva de la UDI que se constituirá este fin de semana.

Bastante poco duraron el ánimo festivo y las cuentas alegres en La Moneda con el triunfo que se anotó el equipo político liderado por Rodrigo Hinzpeter y Andrés Chadwick al zanjar con éxito el fin de semana la crisis de Aysén. Es que la mediática renuncia del UDI Rodrigo Álvarez a la cartera de Energía empañó una de las pocas operaciones políticas exitosas de la actual administración en los últimos meses e instaló nuevamente en el tapete una de las mayores debilidades gubernamentales: la desprolijidad en la conducción política. Su frase “mi renuncia es política", dejó al descubierto sin pudor los conflictos que rodearon el cierre del conflicto en la Patagonia, instaló un fuego cruzado con el vocero de Palacio y opacó inapelablemente la gira por Asia del Presidente Sebastián Piñera, quien recién vuelve al país este sábado.

El impacto de la renuncia de Álvarez va más allá del record de ser el cuarto ministro que deja la cartera de Energía en dos años. Sin detallar ninguno de los episodios que gatillaron su renuncia, en una línea puso de relieve que tras su decisión había una intensa trama: “Mi exclusión pudo ser necesaria e imprescindible, pero hay formas que se deben guardar”, dijo.

Desde Asia, el Mandatario optó por un hermético silencio al ser consultado por la renuncia de su ministro. Es que había molestia. El viernes en la noche le llegó el mail con su renuncia y a pesar de las peticiones de que esperara su regreso al país para conversar sobre la situación, el paso al lado que dio Álvarez en el gabinete fue filtrado a la prensa con lujo de detalles antes que fuera oficial.

Así, Chadwick salió a confirmar la dimisión con una fuerte declaración. “El Presidente se encuentra en una gira muy importante. Y obviamente el hecho de que se haya dado a conocer en forma prematura escapa de la voluntad del Gobierno, pero los hechos son así”, precisó.

La renuncia plantea problemas serios en miras al Consejo General de la UDI este fin de semana. Algunos incluso imaginan la escena, señalando que podría ocurrir que Álvarez ingrese al salón ovacionado por los más de 400 consejeros, mientras que el jefe de Estado arriesga ser pifiado. Aún cuando oficialmente la invitación no ha sido cancelada, sino por el contrario es confirmada, un observador del partido estima que “es probable que desde Presidencia estén reevaluando la asistencia de Piñera”.

Pero fue más duro aún cuando añadió que “ni el ministro Álvarez ni ningún ministro entiende que pueden haber razones de carácter personal que puedan primar sobre los objetivos y tareas que el Gobierno se va fijando día a día”.

No se ocultaba la molestia y a esas alturas, en los distintos patios de La Moneda se hablaba abiertamente de una “pataleta” de Álvarez. Aunque reconocían como certeros varios de sus descargos, recordaban que no era el primero —ni será el último en esta administración— que hace el trabajo de joyería ante un conflicto social y otro termina llevándose todos los aplausos.

Un ejemplo que se sacó a colación reiteradamente ayer en Palacio fue el del subsecretario de Interior, Rodrigo Ubilla, quien estuvo encargado de afrontar en terreno la crisis por el gas en Magallanes el verano pasado. Sin embargo, a la hora de los consensos, fue el entonces titular de Energía, Laurence Golborne, quien fue puesto en la primera fila para cosechar los réditos de dicho acuerdo.

“Las negociaciones no pueden ser vistas como algo lineal, como una foto, eso es un error”, explicaban en La Moneda, junto con recordar que Hinzpeter y Chadwick se arriesgaron al traer a los dirigentes a Santiago, en un escenario en que apremiaba una solución considerando que las cosas en la Patagonia “estaban al límite del desborde”.

Algo así fue lo que desde Interior se le explicó a Álvarez —en el marco de una pauta el jueves en la mañana en el Patio de Las Camelias— para amortiguar el golpe de haberse enterado por la prensa que los dirigentes de Aysén llegaban esa tarde a Santiago para una cita clave con Hinzpeter y Chadwick.

Aunque el viernes tampoco se le llamó durante las ocho horas que duraron las negociaciones que lideró Laurroulet y en las cuales hubo espacio para reuniones paralelas de todo tipo para afinar el acuerdo. Incluidas las conversaciones con el equipo político y con el ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

Los cercanos a Álvarez afirman que él planteó no una, sino que varias veces distintas soluciones al conflicto de Aysén, partiendo por lo de la Zona Franca, pero que cada vez que llamaba a Santiago, recibía negativas para avanzar en esa línea. Critican que el equipo político se apropió de dichas propuestas, las hizo suyas y lo marginó. “Se podría haber aplicado semanas antes, evitando el dolor en Aysén…”, dijo el ex ministro y acotó que “al cambiarse el mecanismo de resolución del problema, en la práctica se redujo enormemente mi capacidad de actuar como ministro en el futuro. En efecto, pregunto ¿en qué conflicto sectorial o en cuál región o ante qué tema puedo ahora ser un interlocutor?”.

En todos sus años de diputado y también en su paso por el Ministerio de Hacienda, Álvarez ha acumulado una fama transversal de disciplinado, afable, buen negociador y confiable. Por eso, su mediática renuncia no cuadraba con su estilo “serio” de hacer política, aunque su entorno de asesores puntualizaban que “hasta el más disciplinado tiene un límite y se termina aburriendo”.

Renuncia sin eufemismos

Los dados estaban echados. Ya había mandado el mail a Piñera y el sábado en la mañana Álvarez avisó su decisión al diputado UDI, José Antonio Kast y al equipo político de Palacio. Comentan que durante el fin de semana, no tuvo señales de ninguna índole de sus pares del gabinete, a pesar que el domingo estuvieron en contacto directo por el terremoto-temblor de aquella tarde y sólo el lunes, el vicepresidente Hinzpeter lo contactó para conversar en La Moneda esa tarde, un diálogo que a todas luces no llegó a buen puerto.

Algo que tenía sorprendidos a algunos cercanos del ex diputado de la UDI era que, para enfrentar este episodio, se salió de su habitual parsimonia. Pese a que recibió el respaldo público de parlamentarios y dirigentes del partido, en sordina muchos de ellos criticaban el que su renuncia se haya filtrado, dejando al gobierno sin espacio de maniobra. Esto, con los resultados que están a la vista. Así, el propio ex ministro explicitó en la declaración pública que leyó a la prensa —y tras la cual se negó a responder preguntas—, que con su renuncia al ministerio se cierra un capítulo de 15 años en el servicio público. Primero como parlamentario y en esta administración como subsecretario de Hacienda y, finalmente, en la cartera de Energía. De allí que al confirmarse su dimisión, la principal interrogante apuntaba a cuál sería su siguiente destino.

En los pasillos de la casona de calle Suecia un rumor comenzó a tomar fuerza. Sólo a días del Consejo General en el cual la UDI deberá ratificar la nueva directiva, con Patricio Melero a la cabeza y José Antonio Kast en la secretaría general —mesa que en la práctica se estrenó con este episodio—, la idea de que un grupo de parlamentarios vería con buenos ojos que Álvarez asumiera un cargo en dicha instancia fue tomando cuerpo. Con todo, como él mismo lo explicitó en la declaración pública que leyó ante la prensa, negándose a responder preguntas, el futuro de Rodrigo Álvarez es incierto.

La frase oficial y que más se oía en la sede UDI, que estuvo invadida de periodistas durante toda la jornada de ayer, era que el ex ministro “se va para la casa”. Aunque por lo bajo se comentaba que el ex diputado es casi un héroe para el gremialismo y que la mejor forma de reconocer sus “muchos méritos”, destacados una y otra vez por todos los que le dieron públicamente su respaldo, podría ser justamente incorporarlo a la nueva directiva que está en conformación.

La declaración de Álvarez fue valorada en el partido, porque lejos de utilizar eufemismos para explicar su alejamiento del Ministerio de Energía, no dudó en explicar claramente las razones que lo llevaron a tomar tan drástica decisión. Como corolario de las tres carillas, quedó en la mente de parlamentarios y dirigentes gremialistas que el ex ministro asumió la responsabilidad política de una estrategia que debió implementar, pero que no diseñó. También llamó la atención que fue directo y no escondió lo que le molesta. Lo que quedó meridianamente claro cuando sostiene que “siempre he pensado que una de las pocas cosas que hace tolerable la política es trabajar en equipo, con visiones conjuntas y, si no amistad, al menos un razonable compañerismo. Me enteré sólo por la prensa de muchos de estos cambios de rumbo. Mi exclusión pudo ser necesaria —inclusive imprescindible—, pero hay formas que se deben necesariamente guardar”, frase que se dio el lujo de repetir y que devela la molestia que le generó el trato recibido.

Por otra parte, la cercanía de la decisión de Álvarez con la fecha del Consejo General de la UDI, que se desarrollará el próximo 30 y 31 de marzo en Espacio Riesco, le genera un problema adicional a la directiva saliente de Juan Antonio Coloma. Ello, porque el mandatario fue invitado a la jornada en que, después de cuatro años, el senador entregará a Melero la posta para que conduzca el partido por los próximos dos. De esta forma, al interior de la tienda ya se especula que podría generarse una situación “incómoda” para Piñera. Algunos incluso imaginan la escena, señalando que podría ocurrir que Álvarez ingrese al salón ovacionado por los más de 400 consejeros, mientras que el jefe de Estado arriesga ser pifiado. Aún cuando oficialmente la invitación no ha sido cancelada, sino por el contrario es confirmada, un observador del partido estima que “es probable que desde Presidencia estén reevaluando la asistencia de Piñera. Él llega el sábado de la gira y bien se podría excusar de asistir, porque ha sido un viaje largo”.

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