16 de Junio de 2012
AnálisisPríncipes y plebeyos en el juego político chino
Varios artículos recientes de Global Times, tabloide en inglés del Diario del Pueblo, órgano del PCCh, han roto el tabú que pesaba sobre las camarillas en China al hablar abiertamente, por ejemplo, de los contactos entre los distintos grupos partidistas para consensuar el castigo a Bo Xilai.
La cresta en la ola de rumores que generó la destitución del ex jerarca de Chongqing, Bo Xilai, comienza a bajar, después de haber salpicado a un superministro y dos pesos pesados militares. El énfasis de las autoridades ha sido dar señales de estabilidad de sus cuerpos superiores y descartar una cirugía mayor a corto plazo.
Luego de la tensa caída de Bo Xilai (en la foto), destituido en abril del Buró Político del PCCh y de la alcaldía de Chingqing, acusado de “graves violaciones de la disciplina partidista”. Se auguraba también la caída de sus principales aliados. Versiones muy difundidas en China y el extranjero, auguraban sanciones para el Secretario de Asuntos Políticos y Legislativos en el Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh), Zhou Yongkan, quien tiene tuición sobre el Ministerio de Seguridad Pública, la policía y los servicios de inteligencia. Las versiones incluían también al general Zhang Haiyang, comisario político del Segundo Cuerpo de Artillería, que almacena los misiles nucleares; y al general Liu Yuan, comisario político del Departamento de Logística del Ejército Popular de Liberación (EPL). Todos ellos, según las fuentes, estaban implicados en los delitos atribuidos a Bo.
El nivel jerárquico de los presuntos aliados de Bo Xilai exigía un desmentido oficial. Sobre todo, además, por la coyuntura crítica de una transición hacia la quinta generación de dirigentes encabezada por Xi Jingping, que tendría escasa credibilidad de concretarse las destituciones o dejarlo todo en la ambigüedad de una sorda pugna interna.
Se prefirió entonces una vía indirecta para poner en claro que los personajes supuestamente involucrados en los delitos de Bono estaban estables pero bajo observación: se les exhibió en la presidencia de actos públicos y se encomió en la prensa del PCCh los méritos de los dirigentes denostados —señales ambas de buena salud política—. Pero los medios oficialistas de Beijing dieron cuenta también, de problemas propios de las camarillas que coexisten al interior de la dirección del partido chino, algo totalmente inédito hasta ahora, dejando entrever abiertamente por primera vez las redes y formas que articulan el poder político en el país.
Los príncipes descienden de personalidades relevantes de la primera generación de dirigentes comunistas, agraviadas en su mayoría durante el período de la Revolución Cultural (1966-76) y rehabilitadas con posterioridad, a tiempo para facilitar la carrera de sus hijos en el Ejército (es el caso de los generales Zhang y Liu) y el PCCh (Bo Xilai).
Taizidang (“príncipes”) y Tuanpai, cuadros que militaron en la Liga de la Juventud Comunista (LJC), llevan ya una década repartiéndose las posiciones clave en la cúspide del PCCh. Antes de la remoción de Bo Xilai, en el Buró Político de 25 miembros había siete taizidangs (28%) y ocho tuanpais (32%). Los puestos restantes se dividían entre independientes y miembros de lo que queda del denominado “Grupo de Shanghai”, el colectivo próximo a jubilar de hombres de confianza del ex Secretario General Jiang Zemin (1989-2002).
Varios artículos recientes de Global Times, tabloide en inglés del Diario del Pueblo, órgano del PCCh, han roto el tabú que pesaba sobre las camarillas en China al hablar abiertamente, por ejemplo, de los contactos entre los distintos grupos partidistas para consensuar el castigo a Bo Xilai (www.globaltimes.cn/). Las camarillas, de las que tanto se habla en la política china, son agrupaciones de estructura y jerarquía difusas que no constituyen facciones, pero cuyos miembros tienen orígenes comunes e interactúan entre sí más que con otros dirigentes partidistas.
Los tuanpai se consolidaron luego del XVI Congreso y la llegada de Hu Jintao a la Secretaría General del PCCh en 2002. Al igual que el mismo Hu y que el futuro primer ministro Li Keqiang, sus integrantes suelen proceder de familias menos afortunadas que los taizidang y haber probado dotes organizativas y liderazgo en las provincias menos desarrolladas del interior de China, por lo que se espera que muestren mayor sensibilidad social y adscriban a un desarrollo económico nacional armonioso. Los taizidang se instalaron en el poder al alero de Jiang Zemin, por lo que resultan aliados naturales del Grupo de Shanghai, al que pertenece el superministro Zhou Yongkang. Sin embargo, los príncipes descienden de personalidades relevantes de la primera generación de dirigentes comunistas, agraviadas en su mayoría durante el período de la Revolución Cultural (1966-76) y rehabilitadas con posterioridad, a tiempo para facilitar la carrera de sus hijos en el Ejército (es el caso de los generales Zhang y Liu) y el PCCh (Bo Xilai). Los taizidang civiles más prominentes pasaron la niñez en zonas reservadas para la nomenklatura antes de compartir aulas en Universidades de élite. Se desarrollaron políticamente en ciudades costeras ricas y desarrolladas, donde adquirieron habilidades en administración, finanzas y comercio exterior. Son complementarios de los tuanpai, así que continuarán en la cúspide luego del XVIII Congreso programado para septiembre-octubre.
A futuro, el equilibrio partidista ganaría perfección yin-yang, pues el nuevo Secretario General Xi Jingping, de origen taizidang, proviene políticamente viene de filas tuanpai.
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