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    11 de Agosto de 2012

    Director de Enersis apunta al “club de los empresarios”

    Tironi contraataca y dice que sus críticos son las AFP, creadas por Pinochet y que “han sido severamente cuestionadas”

    Señala que quienes cuestionan el controvertido aumento de capital de la empresa energética, “son los miembros más conspicuos del club de los empresarios, que hablan principalmente de expropiación, usan el lenguaje que está más en el ADN del viejo empresariado chileno, y hablan de los colonizadores españoles, y con cierto desprecio a todo lo español, que está en el ADN chileno, digámoslo así, que todo lo que viene del mundo anglosajón es bendito y el mundo latino es maldito”.

    El sociólogo concertacionista y director de Enersis, Eugenio Tironi, afirma que sus principales detractores son las AFP creadas por Pinochet, la cuales han sido “severamente cuestionadas”, agregando que quienes critican la operación de la empresa son “los miembros más conspicuos del club de los empresarios, que hablan principalmente de expropiación”.

    En entrevista a La Tercera, Tironi sostiene que quienes critican la operación de Enersis, de aumentar el capital, “no están fuera del club de los empresarios, son los miembros más conspicuos del club de los empresarios, que hablan principalmente de expropiación, usan el lenguaje que está más en el ADN del viejo empresariado chileno, y hablan de los colonizadores españoles, y con cierto desprecio a todo lo español, que está en el ADN chileno, digámoslo así, que todo lo que viene del mundo anglosajón es bendito y el mundo latino es maldito. ¿Que esto es colonial?, ¿que esto es un asalto?”.

    Y agrega que “es primera vez que se produce una suerte de reacción popular cuyo embanderado no es una Camila Vallejo, sino que nada menos que el cenáculo, que desde las AFP manejan los fondos de pensiones obligatorios de los chilenos y las chilenas y que en el pasado han sido severamente cuestionados por su conducta. Pero ahora han actuado con una severidad extrema, y ojalá que a partir de ahora se mantenga hasta el futuro y no haya como flashback con casos tan tristes como La Polar y otros. Pero cuando me dicen ‘aquí la sociedad reaccionó porque Chile cambió’, discrepo: no fue la sociedad, fue una parte del propio club de los empresarios, al cual yo no pertenezco”.

    Tironi, quien en una parte de la entrevista se declara como defensor de “un capitalismo reformador”, explica que existe una importante diferencia entre enfrentar crisis políticas y empresariales, subrayando que el mundo privado está sometido a normas mucho más estrictas que en el mundo de la política.

    “La ley de sociedades anónimas es mucho más sofisticada que la ley que regula, por ejemplo, el Parlamento, la que regula conflictos de intereses entre los políticos, o la ley que regula el funcionamiento del gobierno, o que la ley, que no existe, que regula el lobby”, menciona.

    El político vs el empresario

    El sociólogo también defiende la incorporación de políticos en la vida empresarial, sosteniendo que la experiencia política le ha dado una “mirada más holística, más sistémica, en entender que aquí nunca es una guerra entre el bien y el mal, sino que siempre termina habiendo puntos intermedios y transacciones. Y también, en tener cierta sensibilidad al impacto que tienen las decisiones sobre el entorno y a su vez el impacto que tiene el entorno sobre las decisiones de cualquier empresa”.

    “El mercado es una entelequia. Los mercados se construyen y se destruyen. Hoy en día hablamos del mercado de la salud o del mercado de la educación superior, eso se construyó en tiempos de Pinochet. Las AFP hoy son como los grandes actores del mercado, se construyeron, no existían. Los señores que hablan desde las AFP son lo que son a partir de una institucionalidad que encarga a agentes privados el manejo de nuestros fondos previsionales. No mitifiquemos lo que es el mercado; el mercado es un animal mucho más sociológico que económico”, precisa.

    Y añade que existe un fracaso en prever cómo reaccionará este animal (mercado) así concebido, afirmando que hay muchas responsabilidades como “haber pensado en los beneficios macroeconómicos de largo plazo de la operación, que sí los tenía, para un país bastante líquido que necesita nuevas oportunidades de inversión, que tiene que buscar cada vez más fuera de sus fronteras, y que mira con mucha atención lo que está pasando en Colombia, Brasil y Perú. Lo que yo pensé es que el mercado iba a ser razonable, que la oportunidad de crecer en el sector eléctrico, en esos tres países, iba a ser mirado, en principio, como una buena idea. Me equivoqué, porque he descubierto que el mercado sigue aún razonando en una perspectiva de súper corto plazo, o sea, ¿qué irá a pasar con fondos A, B, C, D? Y un poco elaborando este juicio que dice “a mí no me importa dónde operen, que hagan lo que quieran; lo que me importa es cuánto me renta ahora la empresa”.

    Otro error es el de haber confiado en que el controlador, “que propone esta idea, había hecho bien sus evaluaciones, de cara a los minoritarios. Lo que pasa es que yo suponía que al hacer una operación de este tipo, Endesa España o había hecho o haría en ese mismo minuto y en los días siguientes una buena explicación y seduciría a los minoritarios”.

    Del Mapu al pensamiento de Hayek y Friedman

    Tironi explica, en otra parte de la entrevista, su visión de adherencia al sistema económico a fines de los años 70, agregando que “desde el inicio me agradaron algunas ideas de los Chicago Boys, de (Friedrich) Hayek particularmente, al que leíamos mucho. Yo me planteaba lo siguiente: aquí hay ciertos principios del modelo, que son convergentes con los principios que yo siempre he sostenido, que son darle más poder al pueblo y quitarles poder a la elites y al Estado. Esa idea siempre me gustó y yo la sostuve y me significó muchos enfrentamientos en los años 80 con mucha gente, que decía que yo tenía el síndrome de Estocolmo, que me había comenzado a fascinar por el torturador, por la idea —no necesariamente económica, porque es más amplia— de la dictadura”.

    Respecto a su militancia en el Mapu, el sociólogo dice sentirse el símbolo de varios estigmas que le entregó su generación en el partido.

    “Me fui estigmatizado a Europa, como hipermentor del Mapu-Garretón. Yo me opuse muy fuertemente en los 80’a la opción comunista de la insurrección armada, y ahí fui un ‘vendido’, un ‘amarillo’. Cuando decíamos ‘hay que ir al plebiscito’, otra vez decían ‘se están vendiendo al pinochetismo’. En el gobierno de Aylwin mi estigma viene por el enfrentamiento que tuvimos con sectores de izquierda, en que a mí me tocó jugar un papel importante con el Mapu Lautaro y con el Frente Patriótico, ante la amenaza que se cumpliera la profecía de la franja del Sí. Y, claro, tengo este otro estigma que parte en 1994, cuando yo en vez de seguir la carrera política, como todo el mundo presumía que tenía que ser, prefiero volver a la sociedad civil, pero no a una ONG, sino a este artefacto que lo encuentro fascinante por la capacidad de transformación que tiene, que es la empresa”, explica.

    Sostiene que no está en la empresa desde la política o por mientras, o acumulando dinero para una candidatura parlamentaria, esto “no es un estacionamiento. Cuando me metí en esto, me metí bajo sus reglas, con el ánimo de reformarlas; soy un capitalista reformador, que acepto, por tanto, estar en los días buenos y malos, en las vacas flacas y vacas gordas. Yo doy la cara. Por eso, también soy estigmatizado desde el mundo empresarial. ‘¿Qué se cree este recién llegado? ¿Qué se cree este gallo hablando sobre nosotros, cuando viene de la política?’, dicen. Soy estigmatizado desde los dos lados”.

    La revolución de Pinochet

    El sociólogo señala que la revolución de Pinochet lo que hace es cambiar el paradigma, es decir, que “pasamos de una elite de ingenieros, vale decir, que estábamos centrados en la producción de cosas, a una generación de economistas formados en Estados Unidos, los Chicago Boys, que están orientados a la transacción de cosas, donde el valor —y eso es lo que están viendo las AFP también hoy día— está en el peso de transacción, y ahí es donde hay que poner imaginación, audacia, inteligencia, no en esa cuestión tan europeizante de la artesanía, de la producción de las cosas”.

    “Y para hacer un cambio tan dramático como el de Chile, hay que satanizar el pasado; cuanto más satanizo de donde vengo, es más fácil adorar lo que ahora quiero. Esto se hizo en todo ámbito —partidos políticos, sistema electoral, institucionalidad—, todo este tema de los contrapesos. O sea, la noción en base a lo que está construido todo nuestro sistema es Chicago Boys y Pinochet. Y por eso venía (Milton) Friedman y se tomaba esto como un laboratorio, esto de que los fondos de previsión lo manejen privados”, explica.

    “Fue un cambio radical. Esto busca ser resistido inicialmente por el empresario tradicional, pero les dicen, ‘oigan, si ustedes no se adaptan a esto y no se resignan, vuelve el socialismo, compadre; así que aguante’, y todos más o menos se adaptaron a esto”, menciona.

    Afirma que “esta nueva elite se forma básicamente en el gobierno de Pinochet. Cuando se habla de directores políticos, se está hablando siempre de los que vienen del mundo dela Concertación.¿Y no eran todos directores y ejecutivos políticos los que entran el año 90? Eran todos ex ministros, ex intendentes, ex fiscales”.