“En el Presidente hay una necesidad de ser y parecer exitoso que ha sido llevada más allá de lo prudente” - El Mostrador

Jueves, 14 de diciembre de 2017 Actualizado a las 00:19

Roberto Méndez (Adimark) desmenuza la crisis de confianza y el cuestionado estilo presidencial

"En el Presidente hay una necesidad de ser y parecer exitoso que ha sido llevada más allá de lo prudente"

por 8 octubre, 2012

El reputado analista, cuya medición mensual del gobierno es el termómetro oficial del estado de las cosas para La Moneda, desmenuza aquí las causas de fondo de los malos resultados para S.E. Explica cómo la ansiedad por mostrar triunfos, sumados a la extendida falta de credibilidad de todas las instituciones, se erigen como una mezcla explosiva que daña a todos los actores. Dice que hay un extendido “desamparo social” y destaca la apuesta que en ese sentido está haciendo Camilo Escalona.

Sabe que sus encuestas muchas veces son criticadas por su cercana relación con la administración de Sebastián Piñera, es más, que incluso se dice que tiende a favorecer a la Alianza. “Pan de cada día”, responde el director de Adimark, Roberto Méndez, quien la semana pasada publicó la medición de septiembre donde el Presidente cayó nuevamente cuatro puntos en su aprobación luego de cuatro meses donde se había logrado estabilizar. “Estamos viviendo en un mundo de desconfianza y todos somos menos creíbles. Nadie puede decir que las encuestas, ni las mías, han sido favorables para el gobierno, a pesar de esta relación personal con el Presidente, hemos hecho un esfuerzo por mostrar las cosas cuando han estado bien y cuando han estado mal, como ahora”.

Por eso, es bastante duro y categórico en el análisis que hace de la seguidilla de crisis, casi sin respiro, que el propio gobierno se ha provocado en el último tiempo. Basta con recordar que en una sola semana se anuló la licitación del litio, renunció el subsecretario de Minería, Pablo Wagner, el Presidente improvisó un anuncio de “reforma a la Reforma Procesal Penal”, que en la práctica está en pañales y dejó su cargo en el Ministerio del Interior, el polémico ex fiscal Alejandro Peña, por las acusación de sobreprecio del 400 por ciento en una licitación. “Ha sido un mal mes para el gobierno. La parte más sensible de este gobierno es la credibilidad y la confianza, que se han venido deteriorando, la credibilidad en los datos que se entregan y desgraciadamente, esto se ha ido expandiendo. Los actores no confían los unos en los otros y eso hace imposible el diálogo, hay muchas señales de que hay un deterioro fuerte tanto del gobierno, como de la oposición, la Iglesia, el Congreso, de todas las instituciones”, sentencia Méndez.

-¿Qué fue lo más grave de la fallida licitación del litio?
-El gran error fue el trabajo mal hecho, se hicieron las cosas mal, sin tomar los resguardos necesarios. Había críticas por licitar, que en una de las empresas había gente ligada a Pinochet, además el hermano del ministro, todo indicaba que había que tomarse el máximo de resguardos y no se hizo, eso sencillamente entorpece, es una cosa absolutamente inadmisible.

-¿Sorprende este nivel de errores en un gobierno que se creía que al menos en el ámbito técnico y administrativo iba a ser prolijo?
-Me sorprende y me enoja, porque se hace un daño a toda una gestión, por factores absolutamente evitables. Fue una torpeza inexcusable.

-¿Esta seguidilla de errores se producen por falta de astucia y manejo político?
-Se debe a una mezcla muy explosiva. Una ansiedad por mostrar triunfos y éxitos, unido a una incapacidad para entender el deterioro de las confianzas que ha sobrevenido sobre el país. Esa mezcla hace que se cometan estos errores, que no se revisen las cifras, que se exagere en la interpretación. En el caso de la Casen fue forzar la interpretación de los datos más allá de lo que indicaban, eso se transformó en un accidente político y en pérdida de confianza. Esa ha sido la tónica del gobierno, una impericia en la comunicación, en entender que la sociedad está escéptica a las comunicaciones de cualquier autoridad, pero especialmente del gobierno.

-¿Influye que sea un gobierno de derecha con una visión distinta del Estado?
-En los últimos años, antes de este gobierno, se venía gestando este proceso de pérdida de fe en la capacidad del Estado de afectar la vida de las personas. Se le quiso dar una oportunidad a otro sector, ya que más que el país se hubiera derechizado, el margen de voto que le dio el triunfo a Piñera fue más que nada de rechazo. El cambio de coalición gobernante dio expectativas de que las cosas pudieran mejorar. El 2010, el terremoto, los mineros, exacerbó las expectativas, pero de ahí en adelante se ha producido una especie de desencanto, la pérdida de fe se extendió a toda la clase política y eso es algo que no habíamos visto antes. Hoy lo preocupante es que la pérdida de confianza en el gobierno no se ha traducido en confianza ni expectativa a la oposición.

-¿Dónde se quebró esa confianza y pasamos del país donde “las instituciones sí funcionaban” hace una década, a la situación actual?
-Es difícil identificar un hecho específico, pero si se ha marcado mucho en el actual gobierno. Un momento clave fue el rescate de los mineros y el abuso comunicacional que hubo, el famoso papelito que se exhibió hasta la saciedad, dentro y fuera de Chile, ahí se empezó a crear un clima de desconfianza y de ahí han seguido los eventos sin interrupción.

Aquí hay una responsabilidad y una carga que es de la persona y este va a ser recordado como el gobierno de Piñera, no como un gobierno de la centroderecha.

-¿Este gobierno ha acrecentado la pérdida de fe en el Estado?
-Sí, el exceso de expectativas ha sido el factor más crítico, las que ellos mismos crearon, en la campaña, en los primeros meses de gobierno, son las que en definitiva le han ido pasando la cuenta. En cada uno de los episodios, especialmente el de la Casen, se ha pecado de lo mismo: exagerar, crear expectativas, para después tener que enfrentar una frustración porque eran desmedidas. Esa ha sido la constante: expectativas exacerbadas por el propio gobierno en esta ansiedad por mostrar éxitos.

-¿Hay algún rasgo mesiánico en esta ansiedad por mostrar logros?
-No sé si mesiánico, lo que hay es cierto exitismo en la personalidad del Presidente, que se traduce en el tenis, en los deportes, en las relaciones con sus amigos, eso se ha traspasado a la gestión gubernamental. Hay una necesidad de ser y parecer exitoso que ha sido llevada más allá de lo prudente.  Además, cuando no ha existido una alternancia regular, se producen excesivas expectativas, lo que no sucedería si uno o dos gobiernos de la derecha fueran seguidos por otro de la Concertación, uno y uno, así se desdramatizaría el cambio. Eso necesitamos. Quizás lo bueno del escenario actual es que a lo mejor vamos a iniciar un ciclo de alternancia más corta, frecuente y eso, si bien no es gusto de los políticos, para el país es más sano.

-Sin caer en política ficción, pero dado que se conoce a los personajes. ¿Un gobierno de derecha pero dirigido por otra persona, Joaquín Lavín por ejemplo, habría generado tanto traspié?
-Hay visiones distintas en la derecha y los gobiernos son de personas, hay ciertos rasgos, elementos que son atribuibles a cualquier gobierno de derecha e incluso algunos, a cualquier gobierno. Pero en Chile los gobiernos son extraordinariamente presidencialistas y por lo tanto, la persona del Presidente es fundamental. Este es el gobierno del Presidente Piñera, es de la centroderecha, pero fundamentalmente del Presidente Piñera y por tanto, la forma como se ha desarrollado el gobierno, su estilo, es inseparable a su persona.

-¿Piñera ha gobernado para sí y no para un proyecto país de su sector?
-No, creo que tiene y ha tenido un proyecto, un objetivo positivo, que no todo el mundo compartirá, pero tiene misión por el bien del país. Aquí hay una responsabilidad y una carga que es de la persona y este va a ser recordado como el gobierno de Piñera, no como un gobierno de la centroderecha.

-¿Y cómo o por qué será recordado el gobierno de Piñera?
-Está pendiente todavía. El gobierno aún tiene un período para definir cuál va a ser su legado. Ha habido una buena gestión en materia económica, pero falta esa transformación —que mucha gente esperaba— que permita el salto en productividad, en eficiencia. Desgraciadamente el último año el gobierno ha estado demasiado preocupado de enfrentar la coyuntura y poco empeñado en su legado. Ahora, con las elecciones, este conflicto con la coyuntura y los objetivos de largo plazo, se hace más evidente. Por eso, es necesario separar lo antes posible lo que son las presidenciales y parlamentarias de lo que es la gestión del gobierno, los ministros presidenciales deberían abandonar lo antes posible el gobierno. La Contraloría vino a dejar en evidencia ese conflicto entre la gestión del gobierno y las campañas presidenciales. Probablemente no fue una respuesta afortunada la de Laurence Golborne al fallo de la Contraloría, que claramente estaba cuestionando su conducta.

-Hay personas como Lavín que siempre se recuperan, casi como el Ave Fénix, ¿Por qué Piñera tiene una relación tan mala con las encuestas y no repunta? 
-Lavín ha probado ser una persona muy incombustible, con una capacidad de recuperación sorprendente. En los meses anteriores uno veía en las encuestas que el gobierno se recuperaba un poco, pensé que podía continuar esa alza. Desde el inicio del conflicto con los estudiantes, desde el 2011 hasta ahora, el factor educación ha dominado la opinión pública y la evaluación del gobierno, ha estado absolutamente ligada a eso. Resulta sorprendente que teniendo el nivel de cifras económicas que hay, el Presidente tenga ese nivel de desencuentro con las encuestas.  Hay una especie de enojo, que va más allá de la racionalidad, esa separación entre el desarrollo de la economía y la evaluación de los Presidentes, eso no había ocurrido nunca.

-Al desmenuzar la valoración de los atributos presidenciales la gente no lo quiere, tampoco le cree ¿la confianza es la clave?
-Sí, el problema del gobierno es confianza, mientras no logre recuperarla no va a subir en las encuestas. Hay una valoración muy baja en la confianza del Presidente, que desgraciadamente se ha profundizado. Creo que lo que dañó la confianza fue el exceso de expectativas exacerbadas el primer año, las cifras del terremoto, los mineros, todo construyó esa surte de súper hombre que iba a ser capaz de solucionar todos los problemas del país de la misma forma que rescató a los mineros desde 700 metros de profundidad.

 Luz amarilla

-¿Hacía donde se dirige el país cuando el Poder Ejecutivo pelea públicamente con los otros poderes del Estado?
-En los poderes del Estado observo una tremenda inconsciencia e irresponsabilidad respecto de las consecuencias que puede tener una crisis de representación y confianza. Si en una misma semana se pelea el Ejecutivo con la Justicia, una ministra se pelea se en la Cámara, diputados se agarran a puñetes en la sala, eso no hace más que profundizar la crisis. No veo ningún actor político que este enfrentando esta situación y la opinión pública resiente eso, hay una especie de desamparo social. El gran espacio que hay en la política chilena es de liderazgos que busquen acuerdos, rescatar las instituciones y no veo a nadie en eso. La carta de los obispos habló de la gran crisis de confianza, pero el documento quedó débil, no dijeron qué hacer y la Iglesia ya no tiene ese capital de credibilidad para ser mediadores, como lo fue en el retorno a la democracia. Hoy no se ve quien pudiera ser ese actor mediador, el amigable componedor. El presidente del Senado, Camilo Escalona, más allá que a mucha gente no le gusta, veo en él una visión muy certera de cuál es el gran vacío que tiene la política.

-Pero Escalona ha sido muy criticado por desconocer la necesidad de cambios profundos en la institucionalidad.
-Es cierto que hay necesidad de cambios profundos, pero si las instituciones se caen evidentemente ese cambio será arriesgado, empezar a funcionar de una forma externa a las instituciones que se disponen son procesos muy impredecibles, riesgosos. En lo que Escalona tiene razón, es que el desafío que tenemos todos es devolverle credibilidad a las instituciones, para ahí construir las visiones que cada uno tenga de reformas políticas y económicas. Pero tratar de construir una partiendo de instituciones destruidas es arriesgadísimo para un país.

-El Estado "portaliano" del que tanto se hizo gala antes ¿se jubiló, está obsoleto?
-El Estado está debilitado, la visión pública del Estado está debilitada por este fenómeno de pérdida de fe de los ciudadanos en lo que el Estado puede hacer. ¿Puede el Estado entregar educación pública de calidad?, ¿y un sistema de salud pública adecuado a las necesidades de la población? Esas respuestas hoy no son claras.

-¿Ante este clima de desconfianza institucional ya hay que poner la luz amarilla?
-Obviamente es un escenario malo, pero no quiero ser catastrofista. El escenario actual implica dos riesgos bastante grandes. Movidos por este afán de crítica reformador, que el país caiga en un maximalismo de reforma donde todo es cuestionado desde cero, una suerte de refundación, y eso podría ser traumático. El otro riesgo es el surgimiento de populismos, de distinto color, pero que de alguna manera sintonicen con este malestar general, que prometan una utopía, algo que parezca atractivo, una solución. Llama la atención que los liderazgos con más posibilidades para la próxima elección sean en general personas fuera de los partidos. El liderazgo de la Presidenta Bachelet es extraordinariamente individual, personal, no necesita nada para ganar, pero nadie puede gobernar solo. Y en la Alianza, Golborne es una persona que no tiene partido, que no tiene posiciones claras en materia ideológicas. Ese es el punto, cual es el camino estrecho que nos va a blindar de estos dos riesgos.

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