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La UDI con los nervios de punta por discurso de Piñera

La Moneda bombardeada por acto conmemorativo de los 40 años del Golpe

por 4 septiembre, 2013

La Moneda bombardeada por acto conmemorativo de los 40  años del Golpe
El problema que tiene Piñera es que con la idea del acto de conmemoración se ha hecho evidente a ojos públicos —reconocen en Palacio— “las dos almas” que hay en la derecha frente al tema del Golpe, la dictadura y la violación a los derechos humanos, que no están alineadas en un partido y en otro, sino que son grupos transversales al interior del oficialismo.
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No será lo que se pensó originalmente, es más, en una semana ha cambiado bastante el tenor y el ambiente que se quería dar al acto oficial de la administración de Sebastián Piñera por la conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado. El evento ha variado debido al masivo rechazo desde la oposición a la invitación que está distribuyendo La Moneda, las disculpas de los ex mandatarios que declinaron participar, pero sobre todo por las duras críticas desde la propia coalición oficialista que, a todas luces, está nerviosa con lo que dirá el Presidente ese día 9 de septiembre. Eso es lo único que no ha variado, el contenido de su discurso, a pesar de las presiones internas para que haga concesiones a la derecha más dura.

La idea de una ceremonia republicana se complicó. Los ex Presidentes Patricio Aylwin, Ricardo Lagos y Eduardo Frei se excusaron de asistir, tampoco lo hará el presidente del Senado, Jorge Pizarro, por lo tanto la idea de invitar a la actividad a todos los candidatos presidenciales fue una medida para tratar —confesaron en el gobierno— que estén presentes otros sectores políticos y que la ceremonia no sea solo con la derecha, porque eso no es lo que quiere Piñera.

De los nueve abanderados, ya cuatro rechazaron la invitación —Michelle Bachelet, Roxana Miranda, Tomás Jocelyn-Holt y Marcel Claude—, mientras que sólo han confirmado realmente Evelyn Matthei, Ricardo Israel y Alfredo Sfeir, ya que Marco Enríquez-Ominami y Franco Parisi no se han pronunciado aún.

En Palacio confiesan y reconocen que el ambiente está incendiado, es más, hasta ironizan con que ese día incluso puedan estar casi solos, pero a pesar de ello, recalcan que bajo ninguna circunstancias y en ningún minuto se ha barajado la opción de rectificar y no hacer finalmente la ceremonia.

Son los mismos que temen que ese día el discurso de Piñera no tenga “un equilibrio” entre el llamado contexto histórico y las consecuencias de la dictadura, dígase las violaciones a los derechos humanos. En esa lógica del empate, en La Moneda confiesan que han tratado de presionar para que Piñera justifique públicamente de alguna forma las violaciones a los DD.HH. con lo sucedido los años previos al 73. Algo que en Palacio aseguran que el Presidente “no va a hacer” bajo ninguna circunstancia.

Dicen que entienden a la Concertación, que sabían que no iba a asistir, que “para ellos es difícil”, que es válido que hagan su propio acto, ese mismo día en el Museo de la Memoria. Por lo mismo, precisan que no hay ningún esfuerzo puntual por “rogarle a nadie que venga a la ceremonia”.

En todo caso, eso corre para moros y cristianos, o sea, también para la derecha, donde en la propia Moneda reconocen que está el verdadero problema y foco de conflicto con el acto y por varias razones.

“Están nerviosos”, afirman unos en Palacio, mientras otros agregan que en la Alianza “han dramatizado en exceso” con lo que será el discurso de Piñera ese día. No hay que olvidar que el fin de semana el Presidente en una entrevista en La Tercera habló de “cómplices pasivos” de la dictadura, lo que irritó los ánimos en su coalición.

El problema que tiene Piñera es que con la idea del acto de conmemoración se ha hecho evidente a ojos públicos —reconocen en Palacio— “las dos almas” que hay en la derecha frente al tema del Golpe, la dictadura y la violación a los derechos humanos, que no están alineadas en un partido y en otro, sino que son grupos transversales que atraviesan el oficialismo.

Saben, se lo han dicho al gobierno, que son varios en la Alianza los que habrían preferido que La Moneda no hiciera absolutamente nada por el 11 de septiembre, “pasar lo más bajo perfil posible” y menos, conmemorar los 40 años de ese día hablando de Golpe y dictadura. Critican que se dé pie con ello para que “la izquierda se victimice y ellos queden nuevamente como victimarios”.

Son los mismos que temen que ese día el discurso de Piñera no tenga “un equilibrio” entre el llamado contexto histórico y las consecuencias de la dictadura. En esa lógica del empate, en La Moneda confiesan que han tratado de presionar para que Piñera justifique públicamente de alguna forma las violaciones a los DD.HH. con lo sucedido los años previos al 73.

Algo que en Palacio aseguran que el Presidente “no va a hacer” bajo ninguna circunstancia. Sí hablará del contexto histórico, de responsabilidades compartidas de todos los sectores, pero no dirá que eso “justifica” de alguna manera la represión que sufrió la gente durante 17 años.

Es más, sobre este punto en el gobierno afirman que cuando se ha insistido en el punto en las reuniones –el lunes en el comité político con la UDI y RN para no ir más lejos-  se ha emplazado a más de uno a que “si quieren que se justifiquen las violaciones a los DD.HH. públicamente que salgan ellos a los patios de La Moneda a decirlo. Ahí mismo se frenan”.

BOMBARDEO DE CRÍTICAS
En el gobierno dicen que se corrió el acto del 10 al 9 de septiembre solo para que pudiera asistir el Senador Pizarro, en su calidad de segunda autoridad electa del país. Pero el presidente del Senado no sólo no asistirá, sino que dijo ayer que lo que hace Piñera “es un acto político y él claramente está preparando su futuro para 4 años más. Eso lo sabe todo Chile, pero uno no tiene por qué prestarse para eso”.

Consideró que si la intención realmente era de un tenor republicano, “hubieran conversado con nosotros, visto la posibilidad de hacer algo más institucional, considerado un formato donde hubiera participación de actores, pero nada de eso se hizo”.

Para el timonel del PS, Osvaldo Andrade, se desaprovechó la oportunidad de hacer algo interesante con la conmemoración de los 40 años del Golpe: “Ahora se transformó en un acto de campaña porque invitaron a los candidatos presidenciales, me temo que se perdió una gran oportunidad de algo interesante, que lástima, era un buen momento, desgraciadamente se desaprovechó”.

A ojos de Andrade el acto del gobierno “ya se anduvo deshaciendo” y sacó a colación las críticas del timonel RN, Carlos Larraín, quien dijo que dicha ceremonia carecía de sentido y que había mucha improvisación.

De hecho, Larraín fue mucho más duro en sus declaraciones: "Para un acto con una intención de sanación, al cual se le quiere dar un propósito unificador, eso se prepara con calma, se hacen sondeos, se le pregunta a los posibles invitados (…) acá las sensibilidades están muy encima y hay temas que causan mucha rabia en personeros de la izquierda y otros mucha rabia a quienes pensaron que el gobierno militar era necesario. Entonces ahí hay una falta de prolijidad", lamentó el timonel RN en una entrevista ayer en la mañana en Radio Agricultura.

Y sacando a colación lo que había anunciado La Moneda originalmente de querer hacer un acto con acento republicano, el timonel RN enrostró el fracaso de la iniciativa: "Si la mitad de la República está fuera del acto, no tiene un carácter republicano y en ese sentido la Concertación salió ganando. Yo creo que es una equivocación ponerse en la dinámica de la izquierda".

Un clásico en la derecha, el diputado UDI, Iván Moreira, no se marginó del debate y, como siempre, salió con una enérgica defensa del régimen de Pinochet. "Le cambió el pelo a este país, nos salvó de una guerra con Argentina, nos salvó la vida a una generación completa...soy orgulloso de ser de derecha. Voy a defender las cosas buenas del gobierno militar (…) nadie desconoce los desaparecidos ni el tema de los DD.HH, pero no hay que olvidar que el '73 éramos ellos o nosotros", sentenció.

RAYA PARA LA SUMA
Pero a pesar del duro bombardeo de críticas estos días, en Palacio están convencidos que la tensión va bajando, porque las cosas —agregaron— están claras, la cancha ya se rayó. Es más, apuestan a que están en sintonía con el clima real del país en este tema, que la gente está más enfocada a sacar lecciones del pasado y que a estas alturas no hay más lugares donde estar ese día: “En La Moneda o en el Museo de la Memoria”, porque afirman que es absolutamente mayoritaria la visión de rechazo al quiebre de la democracia y a la violación de los derechos humanos.

Más allá de las presiones internas y del fuego cruzado entre La Moneda y su propia coalición, puede que en el análisis el gobierno no esté tan errado en su percepción del clima nacional. El Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) puso ayer sobre la mesa del debate nacional una encuesta reveló que un 68 % cree que nunca hay razón para dar un Golpe de Estado, cifra que ha aumentado 20 puntos en la última década.

En la misma encuesta, el 41 % apunta a Augusto Pinochet como el principal responsable del Golpe, mientras que sólo un 9 % lo atribuye al ex Presidente Salvador Allende y un 4 % al comunismo. Es más, un 76 % considera que Pinochet fue un "dictador" y solo un 9 % como "uno de los mejores gobernantes del siglo XX".

Para el 63 % el 11 de septiembre de 1973 "se destruyó la democracia", un 74 % cree que aún no están superadas las divisiones y 75 % dice que se mantienen las huellas dejadas por el Golpe.

Sea o no con miras a una segunda posible candidatura presidencial, lo cierto es que para Piñera y La Moneda los 40 años del Golpe Militar, con un Presidente de centroderecha, son una oportunidad histórica que no se puede desaprovechar “para poder entregar, que no se ha hecho hasta ahora, una reflexión y dejar un testimonio”.

Es más, algunos en el gobierno apuestan a que, a pesar de lluvia de rechazos y las ausencias, Piñera “va a salir fortalecido” y otros añaden que el discurso de ese acto “va a generar un efecto en la Alianza”. El lunes al medio día se sabrá si acertó o fue un estrepitoso porrazo, como el que literalmente se dio hace unos días en Puente Alto.

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