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Dice que Matthei en cualquier parte que se ponga perderá adhesión

Peña plantea una “inconsciente venganza” de Piñera al dibujar línea entre una derecha que condena el Golpe y otra que se niega a hacerlo

por 15 septiembre, 2013

Peña plantea una “inconsciente venganza” de Piñera al dibujar línea entre una derecha que condena el Golpe y otra que se niega a hacerlo
El académico sostiene que el gesto del mandatario tiene un “obvio sentido político: traza una línea clara y firme entre una derecha que condena el golpe y las consecuencias que le siguieron y otra que, por razones generacionales e ideológicas, se niega a hacerlo. Es como si el Presidente hubiera, de pronto, dicho: hay una línea invisible entre nosotros (él y quienes están detrás suyo en el Gobierno) y ustedes (los cuadros tradicionales de la derecha, Larraín, Novoa, Melero, Cardemil)”.
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El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, plantea que el Presidente Sebastián Piñera puso de relieve, con su término “cómplices pasivos”, las responsabilidades de la prensa, los civiles y jueces en las violaciones a los derechos humanos, afirmando que esto puede ser una “inconsciente venganza” al trazar una línea entre una derecha que “condena el golpe y las consecuencias que le siguieron” y otra que se niega a hacerlo.

En su habitual columna en El Mercurio, el académico sostiene que el gesto del mandatario puede ser interpretado “fuera del cálculo político y de su fundamento moral” como una “inconsciente venganza”.

Explica que los 40 años del Golpe pusieron de manifiesto el problema del Chile contemporáneo como es una “modernización acelerada que se ejecutó con una violación, igualmente acelerada, de los derechos humanos”.

En ese sentido, el rector de la UDP explica que hasta hace poco, la derecha enfrentaba una tensión “haciendo una suerte de balance contable: la obra modernizadora morigeraba lo que prefería llamar excesos en materia de derechos humanos”.

Sin embargo, esto cambió cuando Piñera puso de “relieve las responsabilidades -complicidades pasivas, las llamó- de la prensa, de los civiles y de los jueces en las violaciones a los derechos humanos. El empleo de ese concepto -complicidad pasiva- fue una verdadera condena a la actitud general que mantuvo la derecha y sus personeros, en especial la UDI, durante la dictadura y hasta apenas anteayer”.

Peña sostiene que el gesto del mandatario tiene un “obvio sentido político: traza una línea clara y firme entre una derecha que condena el golpe y las consecuencias que le siguieron y otra que, por razones generacionales e ideológicas, se niega a hacerlo. Es como si el Presidente hubiera, de pronto, dicho: hay una línea invisible entre nosotros (él y quienes están detrás suyo en el Gobierno) y ustedes (los cuadros tradicionales de la derecha, Larraín, Novoa, Melero, Cardemil)”.

Por tal motivo, el académico explica que Piñera hizo “un gesto audaz, el más audaz del último tiempo: desde el interior de la derecha condenó a la propia derecha”.

Y agrega que “es difícil exagerar el alcance político y biográfico de ese gesto: Piñera (se ha olvidado, pero no está de más recordarlo) fue capaz de soportar una y otra vez las trampas y las humillaciones que en especial la UDI le infligió durante dos décadas; apretó los dientes hasta lograr finalmente su apoyo; una vez obtenido, alcanzó la máxima posición en el Estado; y, una vez lograda esta última, trazó una línea clara entre la derecha que él lidera (que cuando mira el pasado no se avergüenza de sí misma) y la derecha que construyeron ellos (que recuerdan con vergüenza sus loas y sus aplausos a la dictadura)”.

Peña expone que dicha línea dividirá de aquí en adelante a la derecha, lo cual permitirá preguntar de qué lado se está: “¿Del lado de allá donde se agrupan los cuadros más tradicionales, los viejos funcionarios devenidos en políticos durante la transición, o del lado de acá, donde se encuentran Piñera y los suyos? ¿Del lado de quienes miran con nostalgia y comprensión a la dictadura o del lado de los que la rechazan sin ambages?”.

Desde esa visión, el rector explica que el jefe de Estado trazó la línea enfrente de la candidatura de Evelyn Matthei, “su rival de hace veintidós años”, añadiendo que le exigirá a la abanderada de la Alianza a definirse en qué lado de esta se encuentra.

Sin embargo, precisa que la respuesta no importa, ya que en cualquiera que se coloque perderá apoyo y adhesión. “Si se sitúa del lado de allá, pierde a los de acá; si se sitúa acá, perderá a los de allá. La línea pone también en una situación imposible a Allamand: él hace apenas unas semanas se negó a usar siquiera la palabra dictadura”, afirma.

“Un analista diría que se trata del conocido retorno de lo reprimido: la rivalidad que se anidó en los años de la patrulla juvenil -en los tiempos del Piñeragate y del espionaje telefónico- se resuelve veinte años después y de manera casi definitiva: las palabras del Presidente cierran a Matthei y a Allamand las puertas del futuro y, en cambio, las abren para él”, menciona.

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