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El test se aplicará a los segundos medios el próximo 20 de noviembre:

La funa que preparan los secundarios contra el Simce

por 12 noviembre, 2013

La funa que preparan los secundarios contra el Simce
Las críticas no sólo están entre las demandas históricas de los estudiantes, las pruebas estandarizadas también son blanco de connotados investigadores. Pese a que la prueba es obligatoria para quienes asisten a los establecimientos, los estudiantes evaluarán la idea de darle un portazo al sistema de medición porque, según ellos, “segrega” y además está ayudando a la “muerte de la educación pública”. El liceo Arturo Alessandri decide hoy con un plebiscito si rinden o no la prueba. Otros colegios de Providencia se sumarán a la decisión esta semana.
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En el Liceo Arturo Alessandri Palma de Providencia, los alumnos han hecho jornadas de reflexión y debates acerca del Simce; sin embargo, hoy votan una idea mucho más drástica: los cuatro segundos medios deciden si rendirán o no la prueba el próximo 20 de noviembre.

La decisión es un golpe para el sistema de medición que se creó en 1998 y que cuenta con numerosos detractores.

Para Vicente Correa, vicepresidente del Liceo Alessandri Palma, las críticas sobre el Simce tienen relación con que es un sistema que puede resultar hasta discriminador. “Nosotros entendemos que atenta contra la educación pública. Si bien el Simce premia, también segrega. Hay colegios que no aceptan ciertos alumnos, pero otros colegios que sí, que se hacen cargo de aquellos que quedan a la deriva. Y la gente va optando por matricular a sus hijos en aquellos con mejor puntaje. Así se va matando la educación pública”, dice Vicente, quien cuenta que el plebiscito de hoy podría realizarse a la tercera hora.

Colegios emblemáticos de Providencia, como el Liceo 7 y el Carmela Carvajal, también realizarán jornadas de reflexión acerca del tema. Pablo Toro, vocero de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) y alumno del Instituto Nacional, explica que su crítica es contra todas las pruebas estandarizadas, ya que no permiten “avanzar en excelencia en la educación”. También dice que, aunque no es una idea generalizada de todos los colegios en el país, están de acuerdo con que cada comunidad escolar tome la decisión de si participa o no en el Simce.

“Estas prácticas tienen efectos negativos importantes en la calidad y equidad del sistema educativo en su totalidad. Primero, dado que a los establecimientos se les ordena por resultado Simce, como si fuera calidad, hay incentivos fuertes a seleccionar a los ‘mejores’ niños y niñas y así mostrar buenos resultados, no porque sean buenos establecimientos, sino porque tienen buenos ‘talentos’ (medidos por el Simce, lo que ya es bastante miope)", dice Claudia Sanhueza, quien integró la comisión de Educación del comando de Bachelet.

Paula Cuevas, vicepresidenta del centro de alumnas del Carmela Carvajal, explica que las alumnas decidirán el jueves si se sumarán a la idea de no participar en el Simce.

La Ley 20.529 que creó la Superintendencia y la Agencia de Calidad de la Educación explica que la aplicación del Simce es obligatoria para todos los establecimientos con reconocimiento del Estado. Con la medición de este año, la evaluación ordenará por categorías los colegios; y el Simce tiene un peso de 67%, en relación a los otros indicadores que pesan 33%. Los colegios de más bajo desempeño serán visitados por la agencia que les dirá en qué están fallando.

Las fallas del sistema

Tres premios nacionales de ciencias de la educación, autoridades académicas, investigadores y estudiantes de postgrado en Chile y el extranjero firmaron en septiembre pasado –junto a un centenar de otras personalidades– la “Carta Abierta por un Nuevo Sistema de Evaluación Educacional”, un documento que cuestiona los usos de los resultados de las pruebas estandarizadas del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (Simce) y su aplicación censal. La carta es parte de la campaña “Alto al Simce”, que propone debatir en torno a pruebas como éstas.

Una de las personas que firmó la carta es Claudia Sanhueza. La economista, que integró la comisión de educación de la candidata Michelle Bachelet, dice que el Simce en estos momentos solamente es funcional a un sistema educativo cuya premisa es que la competencia mejora la calidad de la educación, y da ejemplos como los rankings y semáforos. “Estas prácticas tienen efectos negativos importantes en la calidad y equidad del sistema educativo en su totalidad. Primero, dado que a los establecimientos se les ordena por resultado Simce, como si fuera calidad, hay incentivos fuertes a seleccionar a los ‘mejores’ niños y niñas y así mostrar buenos resultados, no porque sean buenos establecimientos, sino porque tienen buenos ‘talentos’ (medidos por el Simce, lo que ya es bastante miope). Segundo, produce que los establecimientos trasladen sus tareas de educar a ‘practicar las preguntas de la prueba’, empeorando el aprendizaje de los niños”, dice Sanhueza.

La economista de la Universidad de Chile agrega que “la prueba no sirve de insumo para mejorar las prácticas pedagógicas al interior de los establecimientos, no es un insumo útil para el profesor ni el establecimiento”; y que, además, tiene efectos nocivos incluso sobre el bienestar mental de los niños y sus profesores. “También limita la búsqueda de talentos en todas las dimensiones, reduciendo los talentos a lo que se puede medir, lo que finalmente empobrece la experiencia educativa y limita las posibilidades de desarrollo de todos los niños”.

Para Paulina Contreras, investigadora en educación y vocera del movimiento "Alto al Simce", los efectos inmediatos de la aplicación del Simce en la historia, fueron la transformación de las actividades escolares, que de pronto comenzaron a girar en torno a subir estos puntajes. “Esto provocó estrés en niños y profesores. Además, afectó a las comunidades locales, pues como el foco está en el Simce, se privilegian los contenidos allí medidos, que son estándar para todas las localidades del país, desconociendo las particularidades que podemos encontrar en un país diverso. Así, aunque las escuelas quieran orientar su currículum hacia lo local, se les hace muy difícil cuando lo central es el Simce. Ello desprofesionaliza la docencia, y potencialmente transformaría a la escuela en una institución que no permite relaciones significativas con el saber”, dice Paulina.

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