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Sacerdote acusado de abuso sexual por la Fiscalía Oriente

La vida de reclusión de John O’Reilly: sus incondicionales, las vacaciones con Eliodoro Matte y sus nuevos planes

por 13 mayo 2014

La vida de reclusión de John O’Reilly: sus incondicionales, las vacaciones con Eliodoro Matte y sus nuevos planes
En una casa en el exclusivo barrio de Los Dominicos pasa sus días el sacerdote más popular de la elite. Cuatro amigos íntimos lo visitaron sin descanso cuando permaneció en reclusión domiciliaria total. Desde que se le dictó arraigo nocturno sale a comer a distintas casas y pasó dos semanas de vacaciones en el verano con Eliodoro Matte y la viuda de un empresario naviero. Evita los lugares públicos para no exponerse, no acepta tantas invitaciones porque no quiere hablar de su caso judicial y piensa en crear una fundación para ayudar a los que sean acusados injustamente de abusos como él.

Desde septiembre del año pasado la casa ubicada en Piedra Roja 1109, una de las exclusivas calles del sector de Los Dominicos, se ha convertido en el lugar de reclusión del sacerdote John O’Reilly, acusado por la Fiscalía Oriente de abuso sexual en contra de dos hermanas que fueron alumnas del Colegio Cumbres.

Antes era el centro de reunión de las “señoritas” –como se identifica a las mujeres solteras–, pero fue acondicionado para recibir a un grupo de curas legionarios cuando les pidieron la vivienda que arrendaban muy cerca, en Camino Otoñal. En la buhardilla se construyeron los dormitorios y las “señoritas” se trasladaron a una casa que está al frente, reconocible por los portones siempre abiertos, donde se reúne también la rama de los “señores”, los casados, del movimiento laico Regnum Christi.

O’Reilly ha estado acompañado por su círculo de amigos más estrechos, formado por el abogado Andrés Serrano –quien fue compañero de curso de Derecho en la UC de Luis Hermosilla, defensor del sacerdote irlandés–, pero no ejerce y se dedica a los negocios; Roberto Piriz, brazo derecho del grupo Yaconi Santa Cruz; Juan Manuel Gutiérrez Philippi, director del Puerto de Lirquén, de propiedad de los Matte; y Gonzalo Martino, socio de Copeval y la inmobiliaria Contempora.

Se conocen desde mediados de los 80, cuando como apoderados del recién creado Colegio Cumbres comenzaron a ayudar a O'Reilly en la misa que celebraba los días viernes. “Éramos los sacristanes, nos hicimos amigos suyos y lo seguimos siendo hasta hoy. Él ha acompañado a mi familia, bautizó a cuatro de mis siete hijos, casó a la mayor, visitó a mi suegro todos los días durante los dos meses que duró su cáncer. Son cosas difíciles de olvidar, yo lo quiero mucho”, dice Gutiérrez.

Los cuatro fueron parte de los 1.084 firmantes de las inserciones en El Mercurio y La Tercera, publicadas el 25 de agosto del año pasado, dos días antes de la audiencia de formalización, en las que manifestaban su apoyo a O’Reilly. El abogado querellante, José Ignacio Escobar, socio de Harasic y López, pidió conocer quiénes pagaron los insertos y cuánto costaron, pero los medios no entregaron la información amparándose en el derecho a la libre expresión.

Aunque, en ocasiones, él mismo se refiere a su situación judicial. En enero, frente a un grupo de mujeres, comentó –según una de las asistentes– “cómo la veía él, entremedio dijo que la familia (acusadora) le planteó un acuerdo y que él no aceptó porque quiere probar que es inocente y que, cuando logre probarlo, quiere hacer una fundación para que fiscalice y trate de promover leyes para agilizar procesos en los casos de abusos; lo vimos súper bien y con harta confianza”. En ese momento prefería recibir visitas en las tardes, porque amanecía cansado por los tranquilizantes que toma por prescripción médica.

Serrano y Piriz son reconocidos como los que han estado más cerca; el primero iba diario a saludarlo mientras estuvo con arresto domiciliario total –entre septiembre y enero– y lo acompañó dos veces, previa autorización de la Fiscalía Oriente, a hacerse unos exámenes al corazón en octubre y diciembre. O’Reilly fue operado en mayo de 2012 y le hicieron cuatro baipases.

En ese período recibió las visitas de mucha gente; “podían ser diez personas al día, yo vi a una familia completa, papá, mamá, abuelo y cinco o seis niños”, describe un testigo. Muchas de tales visitas son apoderados o ex apoderados de los colegios legionarios –Cumbres y Everest– o de aquellos de los que fue capellán, como las Ursulinas y el Apoquindo. Otros son amigos del mundo de los negocios que no educaron a sus hijos en establecimientos de la Legión.

O’Reilly, con su habilidad social, estilo liviano y sonrisa permanente, llegó a ser el cura más popular entre la elite. Logró cautivar el corazón de los empresarios como quizás ningún otro en este país, mezclando los sacramentos –confesiones, bautizos, matrimonios y funerales– con la amistad. Fue el principal recaudador de los Legionarios de Cristo en Chile. El fallecido Guillermo Luksic, de quien era muy amigo, le donó un millón de dólares para la Universidad Finis Terrae, en medio de la pugna con los fundadores que se oponían a apurar el plazo para entregar el control de la casa de estudios a los legionarios. Eliodoro Matte, socio de la Papelera, le regaló un terreno de 70 hectáreas en La Dehesa, conocido como el “cerro del medio”, a la Finis Terrae –esto en el período álgido–, terreno que, más tarde, fue declarado área verde y crispó aún más el ánimo de los fundadores. No se perdía Enade, el encuentro anual más importante de los hombres y mujeres de negocios y era habitual verlo en las páginas sociales de El Mercurio.

A raíz de las medidas cautelares dejó de celebrar matrimonios y bautizos y fue reemplazado por el sacerdote Juan Luis Cendejas, quien lo ayudaba en tales tareas. Sigue confesando en la casa a quienes se lo solicitan y retomó, aunque no todos los sábados como antes, las visitas a dos centros psiquiátricos desde que el 27 de enero le cambiaron la reclusión total por nocturna.

Vacaciones en la casa de Eliodoro Matte

Comparte la casa con otros sacerdotes legionarios, entre ellos, el director territorial Javier Castro, la mayor autoridad de la congregación en Chile; el español Ángel Llorente y el mexicano Alfonso Coronas. A través de una declaración escrita que fue leída por Luis Hermosilla, defensor de O’Reilly, en la audiencia del pasado lunes 28 de abril, siete religiosos que viven con él aseguraron que era falso que no hubiese habido moradores en las tres oportunidades –el 2 de marzo a la 01:20 a. m., el 5 de marzo a las 02:30 a. m. y el 5 de abril a las 03:00 a. m.–, que Carabineros tocó el citófono e hizo uso de un aparato sonoro, sin obtener respuesta, para verificar si O’Reilly cumplía con la medida de reclusión nocturna que rige entre la medianoche y las seis de la mañana.

Las fiscales a cargo del caso, Carmen Gloria Guevara y Lorena Parra, las mismas que llevaron los juicios de los colegios Apoquindo y Dunalastair –en que fueron condenados una pareja de cuidadores y un profesor de gimnasia, respectivamente, por abuso en contra de alumnos–, no pidieron cambios en las medidas cautelares, debido a que O’Reilly ha cumplido con la orden de alejarse de las menores que lo acusan de haber abusado de ellas.

Cuando le levantaron el arresto domiciliario total, el sacerdote salió de vacaciones dos semanas con la autorización del tribunal. Entre el 31 de enero y el 3 de febrero estuvo en el fundo Aguas Blancas, en Santa Bárbara, de propiedad de Eliodoro Matte. Con él lo une relación muy cercana que se generó a través su mujer Pilar Capdevila, fundadora del colegio Teresa de Los Andes, en La Pincoya, al que asesoraba O’Reilly y cuya administración tomó la orden en 2004.

Entre el 4 y 13 de febrero alojó en la casa de Mónica de la Fuente de Kipreos, en el condominio Mallalauquén, entre Villarrica y Pucón. Él era muy amigo de su marido, el empresario naviero Nicolás Kipreos, quien murió al estrellarse el helicóptero que pilotaba en las cercanías de Villarrica en 2005 y cuyo hijo, entonces de 12 años y que viajaba junto a él, sobrevivió. Estando allí, fue a comer varias veces a las casas de Roberto Piriz y Andrés Serrano. El día en que fue formalizado por abuso sexual, el 27 de agosto pasado, De la Fuente y su hijo Andrés tuitearon: “Fuerza padre John, lo estamos apoyando #AguantePadreJohn”.

Desde que tiene reclusión nocturna las visitas han menguado y han sido reemplazadas por salidas. La semana antepasada comió en las casas de Piero Solari, hijo de Reinaldo –socio de Falabella– y encargado de las inversiones familiares, y de Roberto Piriz. Por lo general, no maneja de noche; prefiere que lo trasladen.

Gutiérrez cuenta que él lo ha ido a ver tres veces a su casa en los últimos diez días. También compartió con él en el encuentro del movimiento Regnum Christi el sábado antepasado. No va a lugares públicos para no exponerse, comenta otro amigo. Y no hace la vida social de antaño, “está casi contemplativo para lo que era antes”, agrega. Se cuida también, “porque llega a una casa y todos le empiezan a hablar del caso, le dan soluciones, lo que se ha transformado en una barrera”.

Aunque, en ocasiones, él mismo se refiere a su situación judicial. En enero, frente a un grupo de mujeres, comentó –según una de las asistentes– “cómo la veía él, entremedio dijo que la familia (acusadora) le planteó un acuerdo y que él no aceptó porque quiere probar que es inocente y que, cuando logre probarlo, quiere hacer una fundación para que fiscalice y trate de promover leyes para agilizar procesos en los casos de abusos; lo vimos súper bien y con harta confianza”. En ese momento prefería recibir visitas en las tardes, porque amanecía cansado por los tranquilizantes que toma por prescripción médica.

Gutiérrez dice que pasa por altos y bajos, pero que al comienzo estaba muy mal. “Lo vi llorar un rato muy largo. La acusación es el peor daño que le pueden hacer a cualquier persona, y más a un sacerdote”. O’Reilly declaró a The Clinic, medio que escogió para dar una larga entrevista en diciembre, que se sentía como un “dead man walking” (hombre muerto caminando), “te sientes no persona, podrido”, que pensó hacer una huelga de hambre. “Cuando uno vive una situación de extrema injusticia es capaz de cualquier cosa, y entiendo por qué la gente se lanza del octavo, del décimo piso”, dijo en esa ocasión.

El martes pasado un grupo de mujeres del Regnum Christi fue a tomar té con él. A veces, comparte el llamado “encuentro”, las reflexiones evangélicas, con miembros del movimiento laico de los Legionarios de Cristo.

El 2 de junio comenzará la audiencia de preparación del juicio oral. O'Reilly arriesga una pena de 20 años de cárcel. Luis Hermosilla, su abogado, no respondió a los llamados ni correos de El Mostrador.

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