La “chispeza” de Amplitud que dejó fuera de juego a las directivas debutantes de RN y la UDI - El Mostrador

Lunes, 20 de noviembre de 2017 Actualizado a las 16:33

La Alianza tiene la tarea de rearmarse como coalición

La “chispeza” de Amplitud que dejó fuera de juego a las directivas debutantes de RN y la UDI

por 4 julio, 2014

La “chispeza” de Amplitud que dejó fuera de juego a las directivas debutantes de RN y la UDI
La UDI y RN acusaron el golpe que les propinó el nuevo movimiento al sellar un acuerdo con La Moneda para terminar con el sistema binominal. Desde entonces ha habido una lluvia de críticas internas en el sector, donde las amenazas apuntan a las penas del infierno. Una ira que desnudó –afirman desde el grupo de encabeza la senadora Lily Pérez– la falta de visión de la derecha en un tema clave. En este río revuelto, Piñera apuesta a la ganancia de pescadores.

La derecha “es una bolsa de gatos”. Y no sólo “están en el suelo”, como comentan a diario en el oficialismo a raíz del shock que les dejó la derrota electoral hace unos meses, sino que ha quedado en evidencia la falta de timing y visión política de la Alianza y sus renovadas dirigencias.

La foto del ministro Rodrigo Peñaililllo en La Moneda con Amplitud, sellando un protocolo para cambiar el sistema binominal, es una prueba de ello; una oportunidad que en épocas anteriores los cerebros de la UDI y RN no habrían dejado pasar.

Están conscientes de las duras críticas en público y en privado que les han propinado desde la Alianza, pero en Amplitud aseguran que el error no es de ellos. “Nosotros tuvimos visión política, no se puede pensar sólo a corto plazo”, aseguran, porque consideran que el tema del binominal es igual de trascendente como fue en su momento la eliminación de los senadores designados.

“En 15 años más no se van a entender los argumentos en contra. Es lo mismo, ahora nadie concibe una institución como los designados”, afirmaron en el movimiento.

En la UDI y especialmente en RN les dolió, más de lo pensado, la escena de un sonriente Vicepresidente del país firmando con los parlamentarios de Amplitud y, posteriormente, con independientes como Alejandra Sepúlveda, Giorgio Jackson y Vlado Mirosevic. Una carta que el jefe del gabinete de Michelle Bachelet sacó de su manga y con la que descolocó a los dirigentes de la sede de calle Antonio Varas, dado que el domingo en la tarde había conversado con ellos.

En el intercambio de declaraciones de ese momento, Peñailillo dijo que el gobierno destaca “el tremendo esfuerzo y trabajo que Amplitud ha hecho por cambiar un sistema electoral que, está claro para toda la sociedad y para todos los partidos políticos, que llegó la hora de terminar”, mientras que la senadora de dicho movimiento, Lily Pérez, puntualizó que “quisimos ser un puente entre nuestro sector político, la centro derecha, y el gobierno”.

La ira de la UDI y RN no tuvo límites. Dicen que Amplitud cometió un “error estratégico”, ya que “entregó la madre de todas las reformas”, que dieron los votos para una propuesta que –es unánime en la Alianza– se considera que traerá graves consecuencias para el sector, que “establece cupos asegurados con nombre y apellido” para la izquierda, que es “burdo el dibujo de los distritos que se hace, porque no obedece a la lógica de más habitantes más electos” y que sólo es un traje a la medida a favor de la Nueva Mayoría. Ya lo dijo el miércoles en el Congreso el jefe de la bancada de diputados RN, Nicolás Monckeberg, quien acusó que se estaba “aumentando los parlamentarios por criterios políticos”.

Cuando hablan de falta de visión, apuntan precisamente a las flamantes nuevas directivas de la UDI –que lidera el diputado Ernesto Silva– y de RN –en manos de Cristián Monckeberg–, a quienes acusan de querer adueñarse de la forma, modo, estrategia y tono en que se debe actuar como oposición. La crítica es más aguda aún y sentencian que tienen dudas reales de que a estas alturas la Alianza “efectivamente exista como una coalición política”.

Pero para Amplitud hay dos elementos irrefutables. Uno: el proyecto de La Moneda que reemplaza el binominal por un proporcional moderado sí o sí “va a cambiar el panorama político, lo va a sincerar, va a romper con la anacrónica lógica del Sí y el No”; dos: por lo mismo tienen certeza respecto a que es “un buen proyecto para el país” y que la raíz del rechazo de la mayoría de la oposición con la propuesta gubernamental es que –aseguraron en Amplitud– con estos cambios quedará reflejado que “la derecha no tiene los votos” y que el conjunto de críticas desde la UDI y RN “solo desnuda el hecho de que la Alianza esta dispuesta a cambiar el binominal por cualquier fórmula que les asegure un empate artificial”.

Cuando hablan de falta de visión, apuntan precisamente a las flamantes nuevas directivas de la UDI –que lidera el diputado Ernesto Silva– y de RN –en manos de Cristián Monckeberg–, a quienes acusan de querer adueñarse de la forma, modo, estrategia y tono en que se debe actuar como oposición. La crítica es más aguda aún y sentencian que tienen dudas reales de que a estas alturas la Alianza “efectivamente exista como una coalición política”.

Lo sea o no, en la derecha afirman que el grupo de la senadora Pérez se quiso validar como puente con el gobierno “y pasar a la historia”. Que se “quisieron dar un gustito personal” y que ahora están en tierra de nadie. “Quedaron marginados de la Alianza con esto”, aseguran en RN, donde apuntan a que este episodio permita y gatille una mejor cohesión con la UDI y Evópoli, que la que se ha visto hasta ahora.

Hay una apuesta en ese sentido, a que la derecha supere de una vez el shock de la derrota de las parlamentarias y presidenciales y que las dos nuevas directivas, de RN y la gremialista, se aboquen de una vez a “recomponer el sector”. Una tarea nada fácil, cuando el objetivo en RN es tratar de “reposicionarse” y jugar un rol político con propuestas sobre la mesa, mientras que la estrategia de su principal socio, la UDI, evidentemente es asegurarse un lugar en “un nicho duro, representar a un grupo electoral determinado, hablarle claro y directo a ese sector, a esos votos y desde ahí rearmarse”.

Dos fórmulas totalmente contrarias, que se neutralizan y ponen cuesta arriba la posibilidad de que las directivas de Monckeberg y Silva logren cuajar una mejor coordinación entre ambas tiendas. Un choque que ha sido característico entre dichos partidos y que fue la tónica del gobierno de Sebastián Piñera, al punto que ese tironeo político fue la razón de fondo por la que en los cuatro años anteriores no se llegó más allá de declaraciones de buena voluntad para terminar con el binominal, teniendo en las manos un proyecto de ley que, según el piñerismo, era la mejor opción para la Alianza.

En medio de este enrarecido clima político de la oposición, desde el piñerismo y la Fundación Chile Avanza –que creó el ex Mandatario para atrincherarse con sus ex asesores de gobierno durante el mandato de la Nueva Mayoría– afirman que han optado por mantener una prudente distancia”, porque como “conocemos a nuestros partidos, es mejor no meternos en esa pelea”. Por eso, sólo dan “opiniones técnicas” y dejan a las colectividades opinar.

 Divide y ¿gobernarás?

 Pero a pesar de la supuesta distancia en la que estaría el ex Mandatario en relación a los conflictos y falta de visión de su sector, es curioso que existan distintas y contradictorias opiniones sobre la posición real de Piñera ante lo sucedido con Amplitud, La Moneda, el proyecto del gobierno y las propuestas que tratan de levantar desde la Alianza.

En la derecha, y en especial en RN, aseguran que el ex Presidente “fue sorprendido” con lo que hizo Amplitud en La Moneda, que “fue a contrapelo” de su opinión y que tienen certeza de ello, porque Piñera le ha expresado al partido su visión negativa del proyecto que impulsa el ministro Peñailillo. Es más, insisten en que le han consultado a él sobre las propuestas en esta materia que RN estaba conversando con el gobierno y que, en tales instancias, les había dejado claro su rechazo a la iniciativa de Palacio.

Obviamente, en Amplitud dicen lo contrario y precisan que, dada la relación que tienen con el ex Mandatario, “si efectivamente estuviera tan molesto como dicen, nos habría llamado por teléfono él mismo, sin intermediarios”. Agregan que Piñera sí vio el acuerdo que ellos firmarían con La Moneda y que “no le pareció tan dramático”.

Más allá de que hay varios en la derecha que se atribuyen la condición de supuestos voceros del ex Presidente, llama la atención que en la propia Alianza haya más de uno que no descarta que Piñera esté jugando a varias bandas, lo que es un arma de doble filo.

En RN reconocen que Piñera ha “sido torpe” políticamente y que claramente –tal como lo hizo durante su gobierno– está poniendo sus fichas en los lugares erróneos: que sólo le interesa defender su supuesto legado, que no respeta a sus partidos y que apuesta a la fragmentación de la derecha. Ponen como ejemplo que, con la designación de los jefes regionales de su fundación, lo único que hace –critican en la derecha– es dar tribuna a personas para que compitan directamente con los líderes regionales de la UDI y de RN.

“Piñera quiere una fundación que lo instale por sobre los partidos, por sobre el bien y el mal”, afirman en la derecha, mientras otros añaden que, con ello, lo que busca es “marcar en las encuestas a un punto que sea insostenible levantar un candidato alternativo el 2017”.

En la derecha consideran que esta apuesta por ser “el salvador” de la Alianza es demasiado peligrosa, porque –tal como le pasó mientras estuvo en La Moneda– una derecha fragmentada no le permitirá gobernar. “Ese fue su principal problema, fue su gran déficit”, recalca un dirigente de RN.

La idea de ser “el salvador” tiene otra arista. En la oposición se comenta que el ex Presidente cree que, más allá de los efectos propios de los ciclos económicos, la gestión del gobierno de Bachelet generará a un mal resultado para el país en esta área. Un indicio de ello ya dio en una columna difundida a principios de esta semana, donde Piñera precisó que las reformas que impulsa La Moneda “tienen en su génesis y ADN una concepción ideológica del tipo de sociedad que los sectores de izquierda, dominantes en el actual gobierno, parecen querer imponer (…) las consecuencias de este giro a la izquierda ya las estamos experimentando: pérdida de capacidad de crecimiento y creación de empleos, estancamiento en los salarios; debilitamiento de la capacidad de innovación y emprendimiento y retrocesos en materia de inversión y productividad. En suma, menos libertad, menos justicia y menos progreso”.

En la derecha dicen que es más que evidente hacia dónde apunta, que de verdad “él cree que habrá problemas de empleo y que la gente irá a buscarlo”, recalcan no sin un dejo de ironía. Es que es una visión que no es compartida en la oposición, menos en RN, donde hay varios que recalcan que las turbulencias económicas se registran este año por razones del ciclo que atraviesa el país en el concierto internacional, pero que, muy a pesar de Piñera, “los dos últimos de Bachelet tendrán cifras azules”.

Mientras Piñera mueve sus fichas con miras al 2017, los otros sectores de la derecha están enredados, complicados y perdidos, enfrascados en sus conflictos. Fue en este río revuelto que Amplitud golpeó el tablero y les hizo jaque a las directivas debutantes de la UDI y RN.

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