Viernes, 30 de septiembre de 2016Actualizado a las 21:38

Opinión: Segundo Piso, esa anomalía institucional legalizada

por 4 enero 2016

Opinión: Segundo Piso, esa anomalía institucional legalizada
¿Qué es el segundo piso?, ¿es un gabinete paralelo?, ¿es un ministerio en la sombra?, ¿coordina y organiza actividades?, ¿es la antesala de la presidencia?, ¿es el blindaje de la presidencia ante desconfianzas? Si en teoría los ministros son “de confianza”, no debieran existir intermediarios o blindajes respecto al Presidente. Si se requiere coordinar ministerios o la relación con el Congreso, está el Ministro Secretario General de la Presidencia. Si se necesitan consejos políticos, están los ministerios políticos. Entonces, ¿cuál es la función del “segundo piso”?

*Una de las particularidades de nuestro sistema de poder político lo constituye el llamado “segundo piso”. Físicamente, son las dependencias contiguas al despacho del Presidente, en la Casa de Moneda, también llamado por algunos —con ciertos aires de grandeza que quizás desconocen que este edificio, obra maestrea de Toesca, fue originalmente una industria—, Palacio de Moneda. Este “segundo piso” ha salido nuevamente a la palestra con motivo del secretismo del viaje de la Presidenta a la Araucanía. La planificación de dicho viaje, coordinado por el “segundo piso”, no le fue comunicada al Ministro del Interior, quien estaba llevando a cabo una agenda en temas de seguridad con la señalada región.

¿Qué es el segundo piso?, ¿es un gabinete paralelo?, ¿es un ministerio en la sombra?, ¿coordina y organiza actividades?, ¿es la antesala de la presidencia?, ¿es el blindaje de la presidencia ante desconfianzas? Si en teoría los ministros son “de confianza”, no debieran existir intermediarios o blindajes respecto al Presidente. Si se requiere coordinar ministerios o la relación con el Congreso, está el Ministro Secretario General de la Presidencia. Si se necesitan consejos políticos, están los ministerios políticos. Entonces, ¿cuál es la función del “segundo piso”?

Un segundo piso va a tener diversas funciones dependiendo de lo que quiera el presidente de turno. Desde un poderoso segundo piso de la época del Presidente Ricardo Lagos, en tiempos en que quedaba claro que quién mandaba era el Presidente, a un segundo piso actual con un poder muy concentrado y que más que aconsejar, toma decisiones ante verdaderos vacíos de poder a todo nivel. Ahora, que quede claro que los vacíos de poder no son responsabilidad del segundo piso. En este sentido, el problema no radica en tener o no un segundo piso, sino que en cuánto poder se le otorga al mismo y en definitiva, quién va tomando las decisiones de Estado. ¿El Presidente, los Ministros? ¿o el “segundo piso”?

Si uno analiza desde la época del presidente Patricio Aylwin hasta la actualidad dónde se ha ido concentrando el poder, uno podría partir en los noventa con una fuente importante de poder radicado en el Ministerio Secretaría General de la Presidencia, desde su creación el año 1990 —reemplazando la figura del Jefe de Estado Mayor Presidencial— con el Ministro Edgardo Boeninger, hasta el período del ministro Genaro Arriagada. Luego, con el presidente Ricardo Lagos, aparece en gloria y majestad el “segundo piso”. En el primer mandato de la presidenta Bachelet, la concentración de poder se desplaza al Ministerio de Hacienda de Andrés Velasco, para luego volver al “segundo piso” en la época del Presidente Sebastián Piñera, pero en que, al igual que en la época de Ricardo Lagos, existía una figura presidencial muy fuerte que iba tomando las decisiones.

El problema de estos segundos pisos es que corresponde a un mecanismo muy poco institucional y republicano, ya que las decisiones no son tomadas por Ministros con responsabilidad política, subsecretarios o jefes de división, sino que por los famosos “asesores”. Y no estamos hablando solamente del “segundo piso” de La Moneda, sino que en la multitud de asesores a honorarios de los distintos ministerios que reemplazan funcionalmente a los jefes de división, pero que no tienen mayor responsabilidad y que responden básicamente a la confianza del respectivo ministro. Un jefe de división sabe que no puede tomar ninguna decisión de su competencia sino tiene antes el visto bueno de su par asesor con acceso directo al ministro, creándose así un grave problema institucional. En este sentido, antes de hablar de agenda modernizadora del Estado, resulta imprescindible hacerse cargo de este serio problema. Y la decisión es simple pero muy difícil de tomar por el gobierno de turno: ¿Y si terminamos con la figura de los “asesores” a honorarios sin mayor responsabilidad? Esto debiera hacer el punto de partida de cualquier agenda modernizadora.

Por Ricardo Irarrázabal, Abogado y profesor. Ex subsecretario medio ambiente (2010-Oct. 2013) y ex director SEA (2013-2014). En El Demócrata.

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