Miércoles, 28 de septiembre de 2016Actualizado a las 23:43

Otros casos de cine hecho por encargo de figuras políticas

El recurso audiovisual al servicio del poder

por 9 febrero 2016

El recurso audiovisual al servicio del poder
El documental aprobado por La Moneda para mostrar “el legado” de la segunda Presidencia de Michelle Bachelet es un ejemplo más de una larga lista de realizaciones audiovisuales que, a lo largo de la historia, han sido hechas con fines propagandísticos. Desde dictadores genocidas a presidentes democráticos y constitucionales han usado la pantalla para llevar a las masas sus logros o sus ideas. Después de todo, la tecnología siempre está al servicio del poder.

La realización de un documental sobre Michelle Bachelet, financiado con dineros públicos y sin licitación mediante, aprobado por el polémico director administrativo de La Moneda, Cristián Riquelme, ha vuelto a traer a la palestra la relación entre Gobierno y medios de propaganda, específicamente de medios audiovisuales destinados a crear influencia, instalar conceptos entre el público o, como en este caso, “dejar un legado”.

Los ejemplos a lo largo de la historia son innumerables, ya que ego, narcisismo y poder han ido muchas veces de la mano. Si bien en la mayoría de los casos se ha tratado de regímenes dictatoriales o incluso totalitarios, también ha habido varios (y recientes) en democracias. A continuación se repasan solo algunos ejemplos de cine de propaganda, frente a los cuales el documental de Bachelet incluso queda chico.

El cine nazi

Los nazis fueron maestros de la propaganda, generando en un pueblo tan culto y formado como el alemán una euforia delirante impensable sin las técnicas desarrolladas por Goebbels. Y por supuesto que usaron la industria cinematográfica para producir varias cintas –algunas incluso con pretensiones científicas– que defendieran la superioridad de los alemanes y la teoría de la raza aria.

Bajo la tutela de Karl Neumann –y este a su vez bajo la tutela de Goebbels–, el Reichsamtsleiter, o departamento del cine, debía otorgar el permiso oficial a cada película para que esta se pudiese filmar. También podía dar financiamiento a directores y productores con ideas afines al nazismo.

De esta época son películas como El triunfo de la voluntad, ejemplo de cine propagandístico por antonomasia. La película, dirigida por Leni Riefenstahl, relata el desarrollo del congreso de Nüremberg del Partido Nazi en 1935 –el mismo en el que se dictaron las tristemente célebres leyes que convirtieron a los judíos en ciudadanos de segunda– y fue encargada por el mismísimo Adolf Hitler. La famosa cinta satírica de Chaplin, El gran dictador, es en buena medida una parodia de esta película que presentaba a Hitler como un salvador de una Alemania en ruinas utilizando cámaras en movimiento, tomas aéreas y música épica.

También está Der ewige jude, basada en la leyenda del Judío Errante –un judío condenado a vagar por el mundo hasta la segunda venida de Jesucristo, tras haberle negado a este agua durante su crucifixión–. La película fue encargada por Goebbels y presenta a los miembros del Pueblo Judío como parásitos culturares cosmopolitas, culpables de todas las perversiones de las naciones germánicas.

La "raza" de Franco

Corría el año 1941, España estaba en plena crisis después del desastre dejado por la Guerra Civil, y mientras la mayoría de los españoles literalmente se moría de hambre, su nuevo gobernante, el general Francisco Franco, no encontró nada mejor que cultivar su faceta de cineasta.

Usando el seudónimo de Jaime de Andrade, Franco se entregó a la escritura de un guión de película que sintetizara en una obra maestra el ideario de su recién instalado régimen filofascista y ultracatólico. La verdadera identidad del creador del argumento del filme se mantuvo en estricto secreto hasta 1964, cuando Franco quiso pedir su ingreso a la Sociedad General de Autores y Editores.

De esta manera y bajo la dirección de José Luis Sáenz de Heredia, se comenzó a rodar Raza, la historia de los cuatro hermanos Churruca, hijos de un valeroso capitán de navío muerto en la guerra de Cuba por culpa de la masonería –la paranoia de la conspiración judeomasónica marxista liberal está presente a lo largo de toda la película–.

Luego, la trama se sitúa en plena Guerra Civil española, donde Pedro –uno de los hermanos– se ha convertido en un influyente diputado de la República, mientras que otro se ha hecho fraile y el tercero, José, se ha convertido en un valiente militar del bando franquista. La hermana restante, Isabel, por supuesto, será la abnegada mujer de un miembro de las fuerzas armadas.

Evidentemente es en el hermano republicano en quien caen todos los estereotipos de traición, cobardía, vicio y “antihispanidad”, siendo encarnado como alguien pervertido por la sociedad liberal-marxista. Al final, Pedro se redime intentando entregar información al bando nacional sublevado (franquista), pero sus planes son detectados y es condenado a muerte, pronunciando un épico discurso antes de morir: “Aún sin planos y aún sin armas las tropas de Franco ganarán la batalla a los hombres huecos”.

Raza fue financiada por la Cancillería del Consejo de la Hispanidad, un organismo público –era que no, si el guión era del Generalísimo en persona–. Costó 1.650.000 pesetas de la época y demoró 2.400 horas de rodaje durante cinco meses. Cuando la película estaba lista, Franco pidió que se realizara una función privada para él y el director en el Palacio de El Pardo. De acuerdo al testimonio de Sáenz de Heredia, al final de la función el dictador tenía los ojos llorosos por la emoción. Luego de su estreno en España, con rotundo éxito, fue proyectada en Berlín, Alemania, con el auspicio de la Embajada Española, generando loas y alabanzas de parte de las autoridades nazis que la vieron.

Los ejemplos a lo largo de la historia son innumerables, ya que ego, narcisismo y poder han ido muchas veces de la mano. Si bien en la mayoría de los casos se ha tratado de regímenes dictatoriales o incluso totalitarios, también ha habido varios (y recientes) en democracias. A continuación se repasan solo algunos ejemplos de cine de propaganda, frente a los cuales el documental de Bachelet incluso queda chico.

Pero años más tarde Raza constituyó un dolor de cabeza para las autoridades culturales españolas, especialmente por cómo podía ser interpretada en el exterior. Tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, la dictadura nacional católica de Franco había pasado colada debido a su neutralidad durante el conflicto, pero aun así Estados Unidos le hizo pagar con aislamiento su cercanía ideológica a Hitler y Mussolini.

En dicho contexto, en 1950 se lanzó una versión “remasterizada” de la película y, de paso, intentaron eliminar todas las copias de la original. En esta nueva versión se suavizaron las críticas a Estados Unidos y se cortaron las imágenes en que la gente realizaba el “saludo ibérico”, idéntico a los saludos nazi y fascista. Y lo más importante: se le cambió el título a Espíritu de una raza –después de lo de los nazis no resultaba muy conveniente que un gobierno auspiciara expresiones artísticas que defendieran el concepto seudocientífico de raza–.

Las pocas copias de la primera versión de Raza son consideradas joyas documentales, ya que incluyen imágenes auténticas de la Guerra Civil española.

The Kirchner movie

$3.887.778 pesos argentinos en subsidios estatales –más de $285 millones de pesos chilenos al tipo de cambio actual– recibió la película documental de la directora Paula de Luque, estrenada en 2012 y titulada simplemente Néstor Kirchner, la película.

Fue producida por un diputado de la Provincia de Buenos Aires en ejercicio e histórico dirigente peronista, Luis Fernando “Chino” Navarro. Básicamente se trata de una oda a Néstor Kirchner –a quien se presenta como salvador de una Argentina destruida– y su familia, incluida la entonces Presidenta Cristina Fernández. Para su avant premiere se arrendó el Luna Park, y asistieron más de 3.500 personas, casi todas dirigentes del Frente para la Victoria.

La cinta comienza con su escena enternecedora –al menos para los simpatizantes de la familia K–: Máximo, el hijo de Néstor y Cristina, recordando a su padre con imágenes de la crisis del 2001 de fondo. Contó también con una cadena de distribución envidiable para un documental: 93 salas en todo el país. Sin embargo, al tercer fin de semana esa cantidad había disminuido a solo 27. Además, en total, no logró superar los 71 mil espectadores. Es que en democracia el cine de propaganda no da los mismos réditos.

El hijo de Brasil

Lula, o filho do Brasil se estrenó el 1 de enero de 2010 y contó con un presupuesto de más de $17 millones de reales –más de $3.000 millones de pesos chilenos–, algo totalmente inusual para el cine brasilero, siendo de hecho durante nueve meses la producción más costosa de toda la historia del cine de ese país.

La película se basa en el libro homónimo de la periodista Denise Paraná y cuenta la historia del ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva desde su nacimiento hasta la muerte de su madre, cuando él tenía 35 años y ya era un importante líder sindical del ABC paulista y es detenido por la policía política de la dictadura.

En la lista de financistas del filme no figuraba ningún organismo público, ni federal ni estatal, sin embargo, sí aparecían las empresas Odebrecht, Camargo Corrêa y OAS, que hoy están siendo investigadas por el caso Lava Jato, un esquema de sobornos a diversos parlamentarios y funcionarios públicos.

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