Sábado, 25 de junio de 2016Actualizado a las 15:31

Opinión

Después del humor negro de Viña, ¿qué viene ahora?

por 7 marzo 2016

Después del humor negro de Viña, ¿qué viene ahora?
El país no aguanta más seguir conociendo engaños, boletas falsas o corrupción de “a goteo”. ¿Por qué las empresas involucradas en los casos “cartel del papel”, Penta o SQM no entregan todos los antecedentes de una vez y dicen “nos equivocamos”, piden disculpas y anuncian tanto medidas compensatorias como de nuevas formas de gobiernos corporativos para evitar que se repitan las historias?

No se puede negar que las rutinas de humor del Festival de Viña del Mar se transformaron en humor negro. Como que el evento del verano hubiera cristalizado la crisis de confianza y credibilidad que empezamos a vivir desde mediados de 2014. En cierta forma, Edo, Natalia y Ruminot tuvieron la inteligencia para capturar un estado de ánimo más cercano a la rabia ciudadana y canalizarlo a través de historias “divertidas”, usando la ironía y mencionando a sus protagonistas con nombre y apellido. Verdades que no tienen nada de graciosas, pero que a estas alturas es preferible tomarlas con humor. Creo que las elites criollas deben darles las gracias a estos tres comediantes –stand up en jerga cursi nacional– por contribuir a la catarsis y a descomprimir la indignación a través de la risa, en vez de que se expresara vía funas, barricadas o protestas descontroladas.

Lo cierto es que Kramer, Yerko Puchento e incluso la ingeniosa campaña de WOM –con un creativo comercial acerca de la asistencia al mundial de Rugby de Jorge Pizarro– ya habían hecho su aporte durante el año pasado, lo que ayudó a ponerle la cuota de humor a esta tragedia a la que nos han acostumbrado algunas empresas, varios parlamentarios y unos cuantos familiares de altas autoridades. Por el bien de ellos, y de nosotros como público, es seguro que tendrán en 2016 material de sobra para construir guiones y hacernos reír.

Pero volvamos a la realidad. Llegó marzo y ahora comienza el 2016 en serio. ¿Qué podrían hacer nuestras instituciones y elites para comenzar a revertir el grave daño reputacional que tienen actualmente? Yo les recomendaría partir, al menos, por:

Sintonizar más con la gente. La sobrerreacción del PC frente a los chistes en que fueron incluidos algunos de sus militantes, no solo habla de una torpeza comunicacional, ya que le subieron el perfil al tema y transformaron el show de un artista en un hecho político, sino que connota un muy escaso sentido del humor. Lo mismo aplica para la “grave” y seria respuesta de Javiera Blanco comentando el Festival. Ambos casos no hacen más que confirmar la lejanía de códigos con que se interpreta a la gente común desde la política. ¿No habría sido mejor que la ministra respondiera con un tono más acorde al humor del festival y con eso cortar la polémica? El “¡PASO!” usado por la Presidenta hace un tiempo, calzaba perfecto en esta ocasión.

Si la Mandataria exige alineamiento, ¡bueno que logre imponer un sistema que evite que los Escalona, Zaldívar o Alvear salgan todas las semanas boicoteando sus iniciativas! Más hechos y menos frases comunicacionales, que de tanto ser usadas han perdido eficacia y credibilidad.

Mayor transparencia. El país no aguanta más seguir conociendo engaños, boletas falsas o corrupción de “a goteo”. ¿Por qué las empresas involucradas en los casos “cartel del papel”, Penta o SQM no entregan todos los antecedentes de una vez y dicen “nos equivocamos”, piden disculpas y anuncian tanto medidas compensatorias como de nuevas formas de gobiernos corporativos para evitar que se repitan las historias? Yo hasta ahora solo he escuchado un tibio me culpa de Eliodoro Matte, pero no se ha hecho cargo de los nuevos antecedentes que se han conocido, incluidas las declaraciones de su ex ejecutivo estrella involucrado –Jorge Morel– y que se filtraron la semana pasada. ¿O alguien de SQM ha dado la cara para reconocer que tenían una especie de financiera que repartía platas de manera equitativa entre todos los partidos? Sin transparencia y sin tener la capacidad de reconocer la falta o el error, es imposible recuperar confianzas públicas.

Renovación de rostros y proyectos. Es difícil que las personas vuelvan a creer en aquellas instituciones que violaron la fe pública, si quienes los representan son los mismos que estaban a cargo de velar que eso no ocurriera. Reconozco que no es justo que la UDI se haya transformado en una especie de partido “símbolo” de la corrupción –no han sido los únicos–, pero lamentablemente para ellos, tres de sus rostros más emblemáticos están involucrados. El partido de derecha debería jugar audazmente en esta etapa y mostrar otros liderazgos –antes que Jaime Bellolio se canse y termine abandonando la tienda política–. Esta es una oportunidad de revisar su proyecto político en profundidad. Si de esa reflexión se concluye que el nombre debe ser renovado, perfecto. Pero hacerlo al revés –como ha insinuado su Presidente– sería no entender nada de la gravedad del problema que enfrentan hoy, justo cuando hay dos elecciones a cuestas.

Dejar de abusar de los eslóganes. La Presidenta volvió de sus vacaciones cargada de energía y también con claridad sobre dónde quiere poner las fichas este año. Mayor disciplina interna –el gran déficit del Gobierno y la Nueva Mayoría– y aplicación de su programa, cueste lo que cueste. Sin duda, un camino complejo, considerando las diferencias entre los partidos en los proyectos claves, pero lo valioso es que muestra una voluntad, que esperemos tenga un correlato en los hechos. Si la Mandataria exige alineamiento, ¡bueno que logre imponer un sistema que evite que los Escalona, Zaldívar o Alvear salgan todas las semanas boicoteando sus iniciativas! Más hechos y menos frases comunicacionales, que de tanto ser usadas han perdido eficacia y credibilidad. ¿Cuántos cónclaves sin resultados concretos tuvimos hasta ahora?, ¿cuántos anuncios de “inicio del segundo tiempo” han hechos sus creativos para tratar de marcar un punto de inflexión? Y, con el perdón de la Jefa de Estado, tampoco creo que se deba tratar de “imitar” el estilo de Bachelet modelo 2009. Cuidado con el abuso de la puesta en escena. Dos “bailes” en una semana suena a estrategia comunicacional.

Asumir con valentía. En estos días ha reaparecido en la escena pública Jorge Insunza, el diputado que tomó la decisión de dejar esa posición de acomodo para asumir como ministro Secretario General de la Presidencia, cargo en que solo duró 27 días. A diferencia de otros casos, Insunza fue capaz en su momento de reconocer que se había equivocado y abandonó el Gobierno antes de causarle más daño. En una entrevista señaló: “Lo peor es echarle la culpa al empedrado o victimizarse, porque solo habla de una falta de integridad o que uno no es capaz de mirar sus propios errores”. Nobleza obliga, ¿o no, señores Dávalos, Riquelme, Novoa?

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