Miércoles, 25 de mayo de 2016Actualizado a las 10:49

Tensa relación entre Burgos y Uriarte

La soterrada desconfianza que impera en el seno de La Moneda y que sacó a flote el caso Caval

por 25 marzo 2016

La soterrada desconfianza que impera en el seno de La Moneda y que sacó a flote el caso Caval
En el seno del gobierno hay preocupación, porque entre la poca delicadeza para no ocultar las sospechas que tenían desde el segundo piso de La Moneda con Burgos y el estilo autónomo e irreverente que despliega seguido el ministro del Interior, se advierte que puede empezar una pugna abierta entre ambos personeros.

Esa aparente calma, una supuesta tranquilidad en la que igual se respira nerviosismo, un recelo soterrado que se instaló entre los patios, especialmente desde el “segundo piso” de Palacio con el Ministerio del Interior, puntualmente con la autoridad DC, Jorge Burgos. La desconfianza que impera entre ambas instancias quedó en evidencia esta semana, especialmente después de la polémica declaración del ex socio de Natalia Compagnon en Caval, Mauricio Valero, que contradijo la versión judicial de la nuera de la Presidenta Michelle Bachelet y que de paso puso un manto de duda sobre el informe que el 2012 elaboró para dicha empresa la actual jefa de gabinete de la Mandataria, Ana Lya Uriarte.

No pasó mucho rato después que se conocieron los detalles de la declaración de Valero para que en La Moneda se prendieran las alarmas, no solamente porque aseguró que Compagnon sí estaba al tanto de todas las operaciones de Caval, sino porque afirmó no haber visto el informe que el año 2012 le pagó la empresa a Uriarte, sembrando con ello la sombra de una eventual boleta ideológicamente falsa. Una extensa reunión en Palacio, de Bachelet con parte de su círculo de hierro, en el que está incluida su jefa de gabinete, para analizar la situación, fue la antesala de intensos rumores que durante todo el resto de la jornada atravesaron al oficialismo, tanto en el gobierno como en las bancadas parlamentarias en Valparaíso, sobre una inminente renuncia de la abogada socialista a su estratégico puesto.

En la Nueva Mayoría hay dudas de la viabilidad de que Uriarte siga por mucho tiempo como jefa de gabinete de Bachelet, independientemente de sus talentos para el puesto y su comentada habilidad, porque se ha transformado en un foco habitual de conflicto. Quienes conocen a la abogada socialista dicen que ella sabe leer bien los momentos políticos y que, sin lugar a dudas, ha llegado en su fuero interno a las mismas conclusiones.

La salida en febrero del administrador de La Moneda, Cristián Riquelme, y otros funcionarios de su entorno, logró finalmente sacar de los patios de Palacio el espinudo caso Caval, que perjudicó la credibilidad de Bachelet, su aprobación en las encuestas, le entregó en bandeja a la derecha un tema con el cual desviar la atención de sus propios conflictos con los Casos Penta, SQM y Royalty e incluso generó dos comisiones investigadoras de la Cámara de Diputados. Como el intento de Valero por instalar dudas sobre Uriarte trajo esos fantasmas de vuelta a la sede de gobierno, no fueron pocos en el oficialismo los que –a la luz de los rumores– encontraban sentido a la opción de que la abogada PS diera un paso al lado, no porque tuviera algo que esconder o estuviera involucrada en alguna situación, sino porque políticamente su presencia empezó a generar problemas a la administración bacheletista.

El senador del MAS, Alejandro Navarro, dijo que no se imagina a Uriarte involucrada en medio de algo como Caval, que “ella ha sido una profesional que ha prestado un servicio y lamentablemente, lo digo con pena, en su cargo actual lo que hace es generar un cuadro complejo porque es evidente que esto tiene un costo político para el gobierno”.

Desde La Moneda durante todo el día hicieron hincapié en que la jefa de gabinete de la Presidencia tenía respaldo de todo lo hecho, las boletas facturadas, los mails y el informe en cuestión que Valero puso en duda, una carpeta completa que la respalda. Sin embargo, a pesar de eso, se constató –y así lo reconocieron muchos en el Gobierno– un excesivo nerviosismo y preocupación de Uriarte por el origen de las versiones que hablaban de su renuncia.

Las sospechas del  segundo piso –confirmaron en el Gobierno, como desde otras reparticiones de La Moneda, como la Secom–, apuntaban al unísono hacía Burgos y su entorno como los responsables, aludiendo a una vendetta, una factura política de la autoridad DC hacia la abogada por el papel que jugó esta en el desagradable episodio del viaje a La Araucanía a fines de diciembre, que tuvo al ministro con más de un pie fuera del Gobierno por varias horas.

Durante toda la tarde de este miércoles diversos asesores trataron de comprobar los temores del segundo piso, se esforzaron por intentar comprobar de dónde provino la información y si efectivamente había surgido de los inquilinos del patio de Los Canelos. Un recelo y desconfianza que se sabía que existía entre ambos personajes, pero que habían sido más bien soterrados, y que ahora salieron de las oficinas de Palacio para instalarse a plena luz del día.

En el peor momento de las tensas relaciones que tuvo el ex ministro Rodrigo Peñailillo con el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, la revista Qué Pasa precisó que, dado el nivel de conflictos y tensiones entre ambas autoridades en el Gobierno, habían apodado como Kosovo al patio de Los Canelos.

La desconfianza entre Uriarte y Burgos hace recordar esa tensión, con una clara diferencia, recuerdan algunos en el oficialismo: Peñailillo y Aleuy siempre mantuvieron “las formas”, las apariencias públicas y los conflictos, desconfianzas y roces se expresaban a través de sus entornos de asesores.

En el seno del Gobierno hay preocupación, porque entre la poca delicadeza para no ocultar las sospechas que tenían desde el segundo piso de La Moneda con Burgos y el estilo autónomo e irreverente que despliega seguido el ministro del Interior, se advierte que puede empezar una pugna abierta entre ambos.

Cuando fue el episodio de La Araucanía, se supo que Uriarte trató varias veces de hablar con Burgos para tratar de “explicarle”, el ministro se negó a esa conversación y mandó el mensaje de que solo lo haría en persona con la Presidenta. También se supo tras bambalinas que al titular de Interior le incomodaba el excesivo poder de la abogada PS, que actuara casi como una ministra de Estado más, por lo cual estableció que él se entendería directamente con Bachelet y que la jefa de gabinete de la Mandataria se relacionara con el suyo, Ricardo Montero.

Esa forma de relacionarse era algo que se comentó durante todo el verano en La Moneda, pero que el propio Burgos reconoció  durante la polémica entrevista que dio a CNN. “Me llevo bien, no soy amigo de ella, la conocía de antes muy poco, me llevo bien, una relación profesional, la relación más bien es de mi jefe de gabinete, yo tengo una relación mucho más directa con la Presidenta. Para hablar con la Presidenta no necesito pasar por su jefa de gabinete o su equipo, pero tengo una relación muy respetuosa”, sentenció.

Fue Burgos el que se demarcó públicamente del apoyo cerrado que La Moneda le había dado por meses a Riquelme, tratando infructuosamente de bajarle el perfil a su situación. El ministro dijo que tenía una opinión, pero que prefería no darla en ese momento. Semanas después agregó públicamente que “había partos naturales y partos inducidos”, aludiendo a la forma en que iba a salir el aún administrador de Palacio y, al final, cumplió un papel no menor en que la Contraloría se involucrara en el asunto, lo que forzó la salida del ingeniero de la G90.

El recelo que había en La Moneda el miércoles, respecto a que desde Interior hubiera surgido el rumor de la renuncia de Uriarte, se alimentó mucho en Palacio con el fantasma del episodio Riquelme, a lo que se añade el temor a que en las próximas semanas se repita un libreto parecido.

Respirando

En el Gobierno comentaron este jueves que Uriarte estaba mucho más tranquila ya, sobre todo porque afirmó a varios en la administración bacheletista que contaba con todo el apoyo de la Presidenta, igual como el año pasado, cuando se conoció por primera vez de su vinculación laboral el 2012 con Caval. Es más, la Mandataria en ese momento habría visto y leído el estudio en cuestión, que es la prueba más contundente que resguarda a la abogada PS.

Además, en Palacio hubo un favorable análisis de lo que fue el control de daños que se trató de aplicar apenas se conoció la declaración de Valero, especialmente la filtración a El Mercurio de extractos del informe de Uriarte, para despejar las dudas ante la opinión pública.

Aun así, en la Nueva Mayoría hay dudas de la viabilidad de que Uriarte siga por mucho tiempo como jefa de gabinete de Bachelet, independientemente de sus talentos para el puesto y su comentada habilidad, porque se ha transformado en un foco habitual de conflicto. Quienes conocen a la abogada socialista dicen que ella sabe leer bien los momentos políticos y que, sin lugar a dudas, ha llegado en su fuero interno a las mismas conclusiones.

En tres meses ha estado ya dos veces en el ojo del huracán, en el centro de las polémicas. A pesar de eso, La Moneda la blindó ayer públicamente, el ministro vocero, Marcelo Díaz, precisó que “hoy un medio de comunicación publicó algunos antecedentes relativos a esos trabajos que se realizaron, que corresponden a los tiempos en que la Sra. Ana Lya Uriarte se desempeñaba como abogada en el ámbito privado y nadie ha puesto en duda que esos trabajos se hayan realizado (…) no usemos estos casos para la política, porque no sirven para la política, no ayudan a la política, los fiscales investigan, los tribunales se pronunciarán, no hay cuestionamientos de la efectividad de esos trabajos”, sentenció.

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