La “depresión” de la flecha roja - El Mostrador

lunes, 21 de mayo de 2018 Actualizado a las 00:10

Junta Nacional a puerta cerrada analizará la crisis política y electoral de la DC

La “depresión” de la flecha roja

por 26 enero, 2018

La “depresión” de la flecha roja
La crisis de convivencia está unida al problema que tiene la DC de no saber dónde buscar respuestas. Estos días en la prensa se ha difundido que la timonel Verdugo organizó un conversatorio con el sacerdote Mariano Puga, como ejercicio para empezar a debatir sobre la identidad del partido, misma actividad que la semana anterior hicieron Goic y el intendente Claudio Orrego con Felipe Berríos. Dicen que Puga les dijo que la falange debe “meter las patas en el barro” y que Berríos les cuestionó vivir de la imagen de Eduardo Frei Montalva y la reforma agraria, por lo que los instó a “dar la pelea” y a “desvestirse del poder”.

No son tiempos buenos para la otrora poderosa DC. El partido vive una fuerte crisis política y electoral, perdió su rumbo, su identidad. Un panorama lo suficientemente complejo como para tener en jaque a sus dirigentes, parlamentarios y militantes, pero que se ve agudizado aún más por lo que transversalmente reconocen en la Falange como el mayor de sus dilemas: la profunda fractura de su “convivencia y fraternidad interna”, una herida que todos saben que requerirá mucho más que una Junta Nacional –convocada para este 27 y 28 de enero- para poder recomponerse.

Desde que el recuento de votos la tarde del domingo 19 de noviembre arrojó que la abanderada presidencial de la DC, Carolina Goic, había logrado solo el 5,2% de los sufragios y que se habían elegido 14 diputados (de los 22 que tiene hasta ahora dicha bancada), la Falange no solo quedó en shock, sino que también profundamente dividida. Las recriminaciones internas entre la disidencia interna y quienes apoyaron a la abanderada no tuvieron tregua; cada bando se parapetó desde entonces en su propia interpretación de las causas de la debacle y de los resultados en sí para reafirmar sus propios argumentos, cumpliendo, unos, por una parte, la decisión de ir en lista separada de la Nueva Mayoría en las parlamentarias y, acusando, otros, por otra, la falta de compromiso que hubo internamente con la candidatura propia.

Pero eso fue solo el síntoma final de una enfermedad que hace rato se estaba incubando en las huestes de la DC, la fractura interna que se instaló de lleno con el choque permanente entre las visiones moderadas y progresistas de la Falange, que se han enfrentado desde hace, mínimo, un año en todo tipo de materias: la relación del partido con el PC, el domicilio político que debe tener la flecha roja, la candidatura propia, la lista parlamentaria única, el vínculo con la Nueva Mayoría, la defensa de la identidad democratacristiana, el fantasma del quiebre, la relación con la derecha y la figura de la exministra Mariana Aylwin.

Hay quienes dicen en la DC que el hito político que realmente inició la debacle interna se remonta a abril de 2015, cuando el senador Jorge Pizarro asumió la dirección del partido, a pesar de estar vinculado y cuestionado públicamente por las boletas ideológicamente falsas que dos de sus hijos emitieron a SQM por asesorías telefónicas. “Ese fue el momento clave, porque se dañó profundamente clave. Eso hizo que la DC quedara asociada, a ojos de la gente, a las malas prácticas de la política. De ahí en adelante todo fue un efecto dominó”, explicó un exalto dirigente del partido.

Inmediatamente después de la derrota en primera vuelta, el Consejo Nacional de la DC resolvió convocar a una Junta Nacional para el 27 y 28 de enero, que se realizará en la sede del partido, a puerta cerrada. Es la primera instancia masiva del partido en que se tratará de encontrar respuestas a los problemas que aquejan a la colectividad, aunque la mayoría duda de que las encuentren durante este fin de semana, porque ese es un tránsito bastante largo por el que debe atravesar la Falange inexorablemente.

El primer paso será que en la Junta Nacional se convoque formalmente a un congreso ideológico, a realizarse mínimo en un año más, tarea de organización que debería recaer en la figura del ex Presidente Eduardo Frei.

También se deberá resolver la situación de la actual mesa directiva que lidera Miriam Verdugo, la cual quedó con las riendas de la DC después de que Goic diera un paso al costado –primero para asumir su candidatura presidencial de lleno y luego oficialmente tras la derrota– y que su reemplazante, el diputado Matías Walker, hiciera lo mismo a fines de noviembre argumentando la falta de confianza hacia su persona de parte de la propia directiva y sectores del Consejo Nacional.

En la Falange reconocieron que figuras claves como otrora fue Gutenberg Martínez, se quedaron sin fórmulas porque Goic siguió al pie de la letra su manual para recuperar la fuerza de la colectividad, marcando la identidad de la flecha roja con una candidatura propia, con distancia de la izquierda, y finalmente no resultó. “El Gute no sabe que se jubiló políticamente, porque además de no entender el país en el que vivimos, lo cierto es que no tiene una propuesta ante el fracaso de su propia receta”, afirmó una autoridad DC.

En la DC explicaron que esta mesa directiva, que tiene carácter interino, debe someter su continuidad a la Junta Nacional, que igualmente durante las últimas semanas ha desplegado gestiones para tratar de mantenerse, que las opciones son llamar a elecciones en abril o prorrogar ese proceso para diciembre, que puede haber una opción intermedia y fijar el cronograma para julio.

El punto es que además del actual ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga, nadie más ha explicitado su voluntad de querer asumir el desafío de conducir la DC en razón de las turbulentas aguas en las que se encuentra hoy, las que se complicarán aún más después de marzo, cuando junto al resto de la Nueva Mayoría dejen el poder y pasen a la oposición en el Congreso.

“No hay nadie más que quiere”, “nadie está interesado”, “nadie quiere tomar por ahora ese fierro caliente”, “hay muy poco ánimo”, “hay como un estado de coma generalizado”, son algunas de las respuestas que se dieron en la DC, a nivel parlamentario y entre exdirigentes. De hecho, durante esta semana se hizo público que los nuevos senadores elegidos en noviembre, Yasna Provoste y Francisco Huenchumilla, encabezaron una reunión de la disidencia para acordar proponer a la Junta Nacional que se pospongan las elecciones internas hasta fin de año –visión que es compartida también por Ximena Rincón– y que la mesa de Verdugo se mantenga a la cabeza de este período de transición.

“Ni los senadores nuevos quieren intentarlo ahora; la verdad es que nadie sabe para qué intentarlo”, se lamentó una autoridad de Gobierno DC. “Hay un estado de poco ánimo, de desgano absoluto, el partido está deprimido”, sentenció un exintegrante de la directiva nacional.

El argumento de la disidencia para esquivar ir por la presidencia ahora es que lo más sensato para el futuro de la DC es abocarse a la reflexión interna sobre el rumbo e identidad política y luego pensar en quién será el próximo timonel.

Sin embargo, hay otros en la Falange, como el senador Ignacio Walker, que plantean que hay otro conflicto que solucionar primero: subsanar el crispado clima que impera en las huestes de la flecha roja, curar las heridas que todo este proceso dejó en la convivencia interna y, por lo mismo, la prioridad debe ser recuperar la fraternidad política entre militantes, parlamentarios y dirigentes.

Eso, porque la fractura en la relación interna ha bloqueado hasta ahora cualquier intento de entendimiento entre los distintos sectores, se ha instalado un diálogo de sordos al punto de que no han logrado ponerse de acuerdo ni siquiera en la posibilidad de aprobar el fin de semana un voto político en que se delimite que el domicilio político de la DC está en la centroizquierda, una discusión que no se limita exclusivamente a los moderados y la disidencia, sino que atraviesa a todos los grupos.

Durante el último tiempo, en este quiebre interno jugó un papel relevante el “factor Mariana”. La exministra DC renunció al partido hace solo unas semanas, el 5 de enero, junto a otros 30 militantes vinculados a su grupo “Progresistas con Progreso”, en momentos en que había sido pasada al Tribunal Supremo de la colectividad para ser expulsada por negarse a cumplir la orden de partido de apoyar en la segunda vuelta la candidatura de Alejandro Guillier.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso, porque por largo tiempo Aylwin tensionó a la DC con agudas declaraciones sobre su incomodidad con la pertenencia a la Nueva Mayoría por su acento de coalición de izquierda y las críticas a las reformas del Gobierno de Michelle Bachelet. “Ella polarizaba mucho, siempre provocaba, por eso salían muchos a enfrentarla con dureza. Eso se acabó con su renuncia, se calmó bastante, pero no se puede decir que el clima interno se recuperó”, sentenció un exdirigente.

La crisis de convivencia está unida al problema que tiene la DC de no saber dónde buscar respuestas. Estos días en la prensa se ha difundido que la timonel Verdugo organizó un conversatorio con el sacerdote Mariano Puga, como ejercicio para empezar a debatir sobre la identidad del partido, misma actividad que la semana anterior hicieron Goic y el intendente Claudio Orrego con Felipe Berríos. Cuentan que Puga les dijo que la Falange debe “meter las patas en el barro” y que Berríos les cuestionó vivir de la imagen de Eduardo Frei Montalva y la reforma agraria, por lo que los instó a “dar la pelea” y a “desvestirse del poder”.

En la Falange reconocieron que figuras claves como otrora fue Gutenberg Martínez, se quedaron sin fórmulas porque Goic siguió al pie de la letra su manual para recuperar la fuerza de la colectividad, marcando la identidad de la flecha roja con una candidatura propia, con distancia de la izquierda, y finalmente no resultó.

“El Gute no sabe que se jubiló políticamente, porque además de no entender el país en el que vivimos, lo cierto es que no tiene una propuesta ante el fracaso de su propia receta”, afirmó una autoridad DC.

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