“Esto del estatus de excandidata se tiene que acabar en algún momento porque yo ya soy ciudadana” - El Mostrador

lunes, 28 de mayo de 2018 Actualizado a las 03:11

El lado íntimo de la campaña de Beatriz Sánchez y sus planes futuros

“Esto del estatus de excandidata se tiene que acabar en algún momento porque yo ya soy ciudadana”

por 31 enero, 2018

“Esto del estatus de excandidata se tiene que acabar en algún momento porque yo ya soy ciudadana”
En su aventura electoral le fue mejor de lo que se esperaba o, al menos, mejor de lo que decían las encuestas. Salió fortalecida, con un liderazgo claro, pero también sin pega. Piensa en una plataforma o caminar hacia la construcción de un medio de comunicación que dé espacio a otras ideas. Aquí habla de sus proyecciones, repasa los golpes que le dejó la campaña y el tránsito que significó decir que aceptaba competir por llegar a La Moneda.

Uno de los días más duros en la campaña de Beatriz Sánchez (47) fue cuando la Revista Paula publicó una entrevista en la que en la misma frase juntó el nombre de Salvador Allende y la palabra totalitario. Todos los tecleos en redes sociales se le vinieron encima, tuiteos de ella misma intentando una explicación. Declaraciones de figuras políticas. Una sobredosis de trolls y política amarga.

Y ella, en la ducha de su casa, intentaba que el mal rato escurriera junto con el agua, porque parte de lo que más le importa se descorazonaba en ese momento por primera vez. Pablo Aravena, su esposo, que había estado al lado de ella como un roble, resintió la avalancha y tambaleó. Los políticos a veces están hechos de un material que parece acero, pero ellos, enfrentados a una aventura desconocida, sintieron cuchillos. Al menos en ese minuto.

“Por primera vez lo vi abatido. Escuché cuando mis tres hijos entraron a la pieza y le dijeron: ‘Ya poh, papá, tenís que hacer todo lo contrario, no andar así’. Siento que fue injusto para los cabros asumir esta protección. Pero ese día dije: ‘Chuta’, y viví parte de lo más duro puertas adentro de la campaña. Porque todas tus penas y angustias, en este proceso, se ventilan mucho en la casa. Entonces, él tenía que estar muy firme para mantener la casa andando. Y los niños también pensaban que tenían que protegerme.

-Igual es extraño mirarse un día al espejo y decir: “Oh, puedo ser presidenta de la República”…

-Yo de hecho hice un editorial donde me preguntaba qué le pasará a alguien que quiere ser candidato presidencial. ¡Y tiempo después me estaba haciendo la misma pregunta! Seis meses antes de decidirlo la primera que lo hizo público en los micrófonos de la radio fue la “Kena” Lorenzini. Había un juego electoral en Twitter y yo gané en uno de esos, y ella me empezó a decir ‘oye presidenta’, pero era broma. Después, otros panelistas de la radio que estaban en lo que después sería el Frente Amplio, me dijeron que mi nombre salía en las asambleas. Pero yo me reía de todo. No estaba en mis cálculos.

No lo imaginó. De hecho, cuando meses después de ese juego en redes sociales tuvo una reunión clave con Giorgio Jackson, Gabriel Boric y Patricia Araya, y ellos se lo pidieron formalmente, también lo pensó, esta vez seriamente. La respuesta volvió a ser no.

El riesgo

Está más descansada. Ha podido dormir un poco. Comer mejor. Retomó lecturas que no estuvieran relacionadas solo con políticas públicas. Tiene más tiempo para Depeche Mode mientras va en el auto. También retomó las series. Ahora ve Mindhunter en Netflix.

“Una foto, porfa”, le dice el garzón del restaurante donde se hace esta entrevista. Él la apretuja y hace el mejor gesto de ‘viva el rock’ con la mano. Todo para la selfie. También le dice que escuche su disco, le habla un par de segundos de su banda de rock. Mientras todos siguen a Beatriz con la mirada, el mozo y su banda son la estrella del breve diálogo.

Le pongo cara de emoji agobiado, pero ella se ríe. No se cansa de conversar. Lo pasa bien en la calle y se le nota, aunque la decisión que la desvió del camino laboral fue como una ola que la agarró en la orilla de la playa y le dio tres vueltas.

-Finalmente acepté porque mi familia me apoyó ene, pero sobre todo porque yo no tengo ningún problema en mi vida, vivo feliz, ganaba entonces una plata que me alcanzaba… entonces al final quieres un país distinto, pero te quedas en el lado más cómodo. Gabriel y Giorgio también me contaron su experiencia: los dos fueron dirigentes estudiantiles, los dos estudiaron una carrera, si bien les gusta la política tampoco se imaginaron en el Parlamento. También es decir: ‘Bueno, tomo este camino porque hay que hacer cosas, con todo lo que significa’. De eso se trata, de arriesgar en lo que uno cree. Siento que hoy día está tan perdido en el discurso público…

(Como en muchos momentos más de esta entrevista, Beatriz llorará con risa porque se emociona, pero al mismo tiempo le da risa ser llorona.)

“Yo me emociono, soy tan llorona, pero en general ya no existe esto de que digas: ‘Dejo todo por lo que yo quiero’. Que tampoco es todo, porque igual yo sigo teniendo mi casa y mi familia”, dice, mientras saca una servilleta tras otra para sonarse.

-¿Qué te emociona de eso?

-Estoy bien orgullosa. Pese a que fue una campaña muy dura, tiene momentos increíbles, pero es dura porque estás todo el rato siendo enjuiciada por todo el mundo. Eso es muy duro, te descoloca, todo el rato te preguntas si estás haciendo lo correcto. Miro para atrás porque igual uno se va descubriendo a sí misma. Siento que soy una mina fuerte y me gusta. Me gusta sentir que soy como pensaba que era. Que no me engañaba a mí misma. Yo estudié en colegio particular, tuve una vida protegida. Quedé embarazada muy joven, pero tuve el respaldo económico para seguir estudiando. O sea, he tenido una vida relativamente fácil, entonces soy súper segura de mí misma, pero nunca estuve en una posición en que a lo mejor tenía que probar esa seguridad, no a los demás, sino que a mí misma.

-¿Qué es lo que más te dolió o hizo tambalear esa seguridad?

-Dos cosas. Una más íntima y otra más pública. Una es que estaba conversando con mis cabros, el Seba y el Pablo, que son los más chicos, y de repente recordé que yo era quien siempre se preocupaba por los libros que mis hijos iban a leer en el colegio todos los meses. Yo siempre me preocupé de eso. Pero se me olvidó y un día le pregunto: ‘Oye Seba, cómo se han conseguido los libros’. Y me dice: ‘No, no te preocupes, si yo los busco por internet y bajo los de mi hermano y los míos’. Y me dio ene lata, porque sentí que me estaban protegiendo y no me querían hacer ningún atado. Entonces tú dices, como que ya, se cambió un poco el rol, entonces esto es como injusto para ellos, porque asumen un rol protector.

Vuelve a llorar-reír. Saca más servilletas. El mozo rockero le pregunta si todo está bien. Ella le dice que estuvo rica la sopa de zanahoria, él se va feliz.

“Con los años me pongo más llorona. Con Aravena somos llorones también. En mi comando hay muchos llorones”, dice, mientras se enjuga los ojos.

-¿Pero no tienes depresión ni estrés?

-Nooooo (esta vez solo se ríe).

-¿En alguna oportunidad de tu vida tomaste pastillas para dormir, por ejemplo?

-No.

-¿Y ahora?

-Tampoco.

“Para cualquier proyecto nuevo es súper difícil tratar de hacer sentido, de comunicarse con las personas si hay medios que permanentemente caricaturizan lo que tú dices, caricaturizan lo que representas y eres. Como yo soy periodista, tengo una fijación con los medios”.

-¿Nunca, nunca?

-Es que decirlo así es como trampa... porque yo como cosas dulces. Me pasó una talla una vez, que vino un médico siquiatra cuando estaba en ADN y hablamos de que Chile tiene un nivel de depresión y estrés… y hay gente que toma pastillas ansiolíticas mucho más que en otros países de Latinoamérica. Yo me preguntaba por qué. No sabemos por qué. Puede ser el estilo, el modelo de vida. Él me mencionaba las estadísticas: más mujeres que hombres toman ansiolíticos todos los días. Yo decía: ‘Oye, yo nunca he tomado pastillas, qué piola, estoy súper en control de mi vida’. Después dije: ‘No, po’, cada uno tiene su escape. Yo como cosas dulces. Yo tengo pena y como algo dulce. Tengo rabia y como algo dulce. Estoy alegre y tengo que comerme algo dulce, ¿cachái? Ahí escapa mi ansiedad. No soy de chocolates, sino que de pasteles.

-¿Ahora se te hizo un hábito en el período de campaña?

-No, porque en campaña comes lo que puedes. Creo que puedo hacer un magíster de los Pronto Copec. Comí una cantidad de completos y sándwiches… así que echo de menos la comida de olla.

-¿Estás sana?

-No lo sé. Me voy a hacer exámenes porque no lo sé. Abusé mucho de las masas en los meses de la campaña. Vamos a ver el azúcar.

Buscar pega

Volvamos atrás.

-Dijiste que lo que más te dolió fueron dos cosas, una pública y una privada. ¿Cuál es la pública?

-Lo que más me dolió fue la clasificación desde el prejuicio. Hubo una crítica, que en realidad no era crítica, sino que una manera destemplada y muy dura de hablar sobre el tipo de liderazgo que podía tener, sobre lo que sabía o no. No en tema de conocimiento formal, sino como ‘tú no sabes de política, yo te voy a explicar cómo son las cosas. O no tienes liderazgo, se nota’.

-¿Qué te pasó con eso?

-Las primeras veces me hizo cuestionarme harto. Después creo que muy apoyada por mi familia y la gente que estaba haciendo la campaña dije: ‘No, de qué me están hablando’. Al principio fue muy duro. Porque decía: ‘A lo mejor tienen razón, no debería haber aceptado esto’. Pero de repente dije no. Qué se requiere para liderar un país o un equipo. Bueno se requiere tener muy claro lo que uno quiere. Se requiere trabajar con las mejores personas con las que uno pueda para liderar un proyecto. Liderarlo implica muchas cosas. Se necesitan personas que lideren, que tengan visión clara, que puedan trabajar en equipo, que puedan tomar decisiones en situación de crisis o de riesgo. Que sepan conectar con lo que pasa en un país. De a poco me fui instalando y también haciendo valer porque los liderazgos son distintos.

-¿Ese click fue fundamental?

-Sí, para seguir adelante y con orgullo de lo que estaba haciendo. Para que no me derribaran porque no es que se detuviera, siguió, siguió, siguió hasta los días antes de la votación, cuando ya se especulaba mucho de que yo había quedado afuera, sin ninguna posibilidad. Después se especuló que iba a quedar botada, que no me iban a pescar ni en pelea de perros. Que iba a pesar menos que un paquete de cabritas.

-¿Estabas preparada para eso?

-Sabes lo que pasa, es que estaba con tanta pega en ese momento que no alcancé a leer esas columnas. Las leí cuando ya había pasado el 19. ¡Menos mal!

-Y era como: “Toma, cachito de goma”…

-Un poco de eso. Toma, cachito de goma. Me había sacado todos los balazos, pero no las había leído antes. No tuve tiempo.

-¿Te cuestionaste o preguntaste en qué me metí?

-No en ese nivel, sino que la pregunta de si dejé muy botados a mis hijos. Como que todo el mundo en el fondo te molesta… entonces la interpretación de ellos fue siempre: ‘Pucha, la huevean todo el día, entonces yo la protejo’.

-Ahora no tienes pega, ¿qué vas a hacer?

-No lo tengo claro todavía. Hay cosas que son innegables. Yo soy parte de los liderazgos del Frente Amplio. Lo sé y es bueno, pero me gustaría que surgieran más, más mujeres que llevaran voz dentro del Frente Amplio. Hay una bancada parlamentaria con hartas mujeres, bien diversas, de distintas regiones y distintas edades. Me encantaría impulsar a que todas tuvieran una forma de liderazgo, igual que la gente que trabajó con los grupos de apoyo del programa. Creo que ahí está parte de mi rol: impulsar otros liderazgos. Respecto del trabajo, yo no creo en los estatus. Esto del estatus de excandidata se tiene que acabar en algún momento porque yo ya soy ciudadana.

-Igual es difícil… Es como cuando un personaje de una teleserie se transforma en otro en una teleserie siguiente… Es difícil olvidar quién fue.

-Sí, creo que cuando haces por primera vez ciertas cosas es difícil, porque nunca se ha hecho antes, o no se ha hecho así. Pero, bueno, hay que intentarlo. El salto de un programa de radio a una candidatura presidencial fue una primera vez. Si eso nos hizo sentido y la gente comprendió cómo era, me parece que ahora se puede explicar un tránsito similar.

-¿Qué está en esa baraja? ¿Volver a los medios?

-Sí. Me gustan los medios, entendiendo que no podría ocupar el mismo rol que ocupaba antes, porque es distinto. Pero también porque en la campaña viví el que exista una concentración tan grande de medios. El 80% de los medios hoy buscan mantener el statu quo, entonces tienen una sola mirada de las cosas. Para cualquier proyecto nuevo es súper difícil tratar de hacer sentido, de comunicarse con las personas si hay medios que permanentemente caricaturizan lo que tú dices, caricaturizan lo que representas y eres. Como yo soy periodista, tengo una fijación con los medios.

-¿Eso se traduce en una fundación o similar que trabaje en análisis de contenido?

-En muchas cosas.

-¿En un medio de comunicación?

-Puede ser en un medio o en una plataforma que permita comunicarse. Es que hablar de un medio es una cosa tan gigante que no lo quiero instalar así. Pero sí, estar presente en los medios.

-¿Podrías gestionar un medio de comunicación?

-No sé cuánto de eso podemos hacer y en qué plazo. Pero me gustaría avanzar hacia eso, como se hace en otros países con fuerzas políticas nuevas que también entienden el poder de las comunicaciones. Me gustaría avanzar en esa línea. Son mis inquietudes. No tengo nada resuelto todavía. Lo otro es salir a conversar. También me han invitado harto a inaugurar escuelas de formación de líderes mujeres en distintas partes. Me encantaría ir también a colegios a conversar con los y las jóvenes de 3° o 4° medio. No hablar de: ‘Miren, esto es el Frente Amplio’, sino más bien de qué es lo que sueñan, qué buscan, cómo les gustaría participar y dónde. Iniciar ese tipo de conversaciones que son altamente políticas, pero no partidistas ni frenteamplistas.

-¿Qué cambió en tu casa ahora? ¿Los niños sienten que estás más presente?

-Sí, aunque sigue yendo gente. De un día para otro llegaron personas a mi vida que yo nunca había visto, que no conocía y nos empezamos a ver 16 horas diarias durante meses. Entonces se transforman en tus mejores amigos. Hablas de todo, de pega, pasas por las emociones más profundas. El otro día llegaron varias personas a la casa y el más chico fue a abrir y me dijo: ‘Oye, ya poh, si terminó la campaña’. Ahí te das cuenta de cómo cambia tu dinámica.

-¿Y con tu esposo, Aravena, como le dices?

-Él estuvo increíble porque se echó la casa al hombro, que igual es heavy. Él es puesto con la casa. Es mejor papá que yo mamá. Es más aprensivo con los cabros. No es fácil, sufrió mucho, los ataques, los prejuicios, los llevó mal, le dolieron mal. Uno los maneja. Él lo paso pésimo, pero me dijo muchas veces que estaba muy orgulloso. Se le notaba. Eso es súper bonito. Después de 28 años juntos…

Beatriz llora-ríe-se enjuga las lágrimas. Mientras el mesero la mira de lejos, pero esta vez no le pregunta nada.

-¿Y Pablo te dice si aguanta o no otra campaña?

-(Risas). No hemos conversado de eso. No es un tema en el que quiera entrar ahora. Son muy rudas las campañas. Cuando terminas una, es como que hiciste el servicio militar.

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