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PAÍS

Administrador apostólico: la carta que ayudaría a rearmar el naipe de la Iglesia

por 11 mayo, 2018

Es una figura que ya se ha aplicado en Chile. En 1998 Sergio Valech asumió con ese cargo cuando reemplazó a Carlos Oviedo en la Arquidiócesis de Santiago, puesto que también recayó en Emilio Tagle Covarrubias por dos años, entre 1959 y 1961. Es una especie de obispado subrogante, que le daría más libertad al Papa, porque podría sacarlo cuando quiera, le da tiempo para revisar con lupa a los candidatos posibles y evitaría una crisis similar a la que provocó el nombramiento de Juan Barros en Osorno.

El 19 de enero de 1998, algo en la salud del arzobispo de Santiago, Carlos Oviedo Cavada, se quebró para siempre. Tenía 71 años y una larga enfermedad que se había convertido en un lastre, cuando decidió poner punto final a uno de los cargos más altos en la Iglesia católica chilena. Se sentía mal; tanto, que moriría 11 meses después.

No era fácil nombrar a cualquiera en la entonces Arquidiócesis más importante del país, por el número de fieles que tiene. Sin embargo, una figura sacó a las autoridades eclesiásticas del paso y se convirtió en la solución para que Juan Pablo II hallase un sucesor para Oviedo en Santiago. Un mes después de la renuncia, Sergio Valech asumiría y ostentaría el cargo de administrador apostólico con sede plena de la Arquidiócesis hasta abril de ese mismo año.

Es justamente esta idea, la de escoger a un administrador apostólico que suceda al arzobispo Ricardo Ezzati, una de las tesis que se maneja con fuerza al interior de la Iglesia, sobre todo porque, debido a la crisis interna que enfrenta a la institución religiosa, le permitiría al Papa ganar tiempo, poder nombrar en su reemplazo a un “interino”, que no “lo amarre con un nombre, sino que le permita seguir buscando”, explicó una fuente que conoce el tema.

“En teoría, además, cualquiera podría asumir como administrador apostólico, incluso un cura, alguien que no esté manchado por los últimos escándalos y que permitiera ir despejando el camino para renovar la jerarquía, que es algo que todos esperamos del Papa”, señaló un sacerdote.

La Arquidiócesis de Santiago también conoció en el mismo cargo a otro nombre, el de Emilio Tagle Covarrubias, quien fue administrador apostólico entre los años 1959 y 1961. Actualmente, la misma figura existe en Valdivia, después que la Nunciatura Apostólica en Chile informara, en 2017, que el presbítero Gonzalo Espina asumía como administrador apostólico de esa diócesis, en reemplazo de Ignacio Ducasse, que al mismo  tiempo tomaba posesión de la Arquidiócesis de Antofagasta.

En realidad, el administrador apostólico es una figura particular, utilizada habitualmente en Chile cuando hay sede vacante por muerte, renuncia o traslado del obispo diocesano. La palabra “apostólico” indica que es nombrado por el Papa para conducir una circunscripción eclesiástica mientras llega el obispo diocesano, explicó Ana María Celis, doctora en Derecho Canónico: “Por eso, conduce la diócesis a nombre del Papa, pero sin todas las funciones de un obispo diocesano. Hay algunos casos en que se nombra un administrador apostólico sin que la sede esté vacante, en cuyo caso se espera que el obispo colabore con el administrador apostólico”.

En cambio, el administrador diocesano conduce la sede vacante siendo elegido por algunos organismos propios de la diócesis.

Más libertad para el Papa

La salida que dejó a Valech como administrador apostólico es una de las soluciones que concita más apoyo entre varios miembros de la Iglesia y esta no sería mirada desde el Vaticano como una alternativa solo para la Arquidiócesis santiaguina, sino también para reemplazar a otros obispos que deberán dejar sus puestos después que el Papa y los miembros de la Conferencia Episcopal terminen su cita en Roma, que se llevará a cabo entre el 14 y el 17 de mayo.

El administrador apostólico es una figura particular, utilizada habitualmente en Chile cuando hay sede vacante por muerte, renuncia o traslado del obispo diocesano. La palabra “apostólico” indica que es nombrado por el Papa para conducir una circunscripción eclesiástica mientras llega el obispo diocesano, explicó Ana María Celis, doctora en Derecho Canónico: “Por eso, conduce la diócesis a nombre del Papa, pero sin todas las funciones de un obispo diocesano. Hay algunos casos en que se nombra un administrador apostólico sin que la sede esté vacante, en cuyo caso se espera que el obispo colabore con el administrador apostólico”.

El escenario entre los obispos es incierto. Además de Ezzati –quien cumplió 75 años el 7 de enero y, tal como determina el Derecho Canónico, presentó su renuncia en ese mismo momento– los cuestionamientos han caído fuertemente sobre el círculo de protección tejido por los hombres de Fernando Karadima, a quienes el párroco de El Bosque ayudó a formar. Fuentes al interior de la Iglesia esperan que se confirme la remoción de los obispos Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela, Andrés Arteaga y el propio Juan Barros.

Ya se conoce que Arteaga no viajará a Roma debido al avanzado parkinson que lo afecta y, pese a que no tiene ninguna tarea pastoral, sigue siendo obispo auxiliar de Santiago. También debería dejar su cargo en Rancagua, Alejandro Goic; Gonzalo Duarte en Valparaíso y, en Puerto Montt, Cristián Caro.

“Lo bueno de este método es que le permitiría al Papa también sacar al administrador cuando quiera”, apuntó otra fuente canónica. Un hecho que puede ahorrarle fuertes dolores de cabeza, como el que sintió al nombrar a Juan Barros.

Ya para nadie es desconocido que la información sobre la resistencia que provocaba Barros era ampliamente conocida. Fernando Chomali, obispo de Concepción, incluso viajó a Roma, habló con el Papa y le comentó sobre el tsunami que se podría venir en caso de insistir con su nombramiento.

No fue el único. El nombre de Barros sonó entre las posibilidades para ser capellán del Ejército y el propio Gobierno de Michelle Bachelet intercedió para que eso no se concretara. Hace pocos días el ex canciller, Heraldo Muñoz, confidenció en Radio Cooperativa que incluso tuvieron –junto al ex ministro de Defensa Jorge Burgos– una reunión con el nuncio apostólico, Ivo Scapolo, para darles su opinión sobre Barros, quien tiempo después apareció asumiendo la diócesis de Osorno y generando una tremenda crisis para la jerarquía de la Iglesia, que en un efecto dominó, después, enfrentó el informe Scicluna y ahora el panorama que se tejerá desde el Vaticano.

Y, aunque en medio de este escenario la fórmula del administrador apostólico se presenta como el mejor camino a seguir, todo sigue siendo incierto hasta que Jorge Bergoglio tome una decisión, porque, como dice una fuente al interior de la Iglesia, “el Papa, por su personalidad, es muy impredecible”.

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