Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 11:05

Un nuevo capítulo de "Piñericosas"

por 14 enero 2011

El nerviosismo que habría tenido a los inquilinos de La Moneda al borde del colapso antes del cambio de gabinete, parece haber afectado nuevamente al ghostwriter del Presidente Sebastián Piñera. Porque en un discurso en el que el mandatario explicaba el jueves la necesidad de dejar de lado la violencia en Magallanes y comprender las razones que llevaron al gobierno a tomar la decisión de aumentar el precio del gas en esa zona extrema del país, apareció en gloria y majestad otra desafortunada analogía, esta vez con el salitre.

“Nuestro gobierno está y va a estar siempre abierto al diálogo, a un diálogo serio, respetuoso y responsable, porque ese es el camino para encontrar una solución para que el gas y el petróleo no se terminen, como se terminó el salitre a fines del siglo XIX, sino que sean riquezas que permitan alimentar el desarrollo de Magallanes, junto a todo su potencial”, argumento el jefe de Estado defendiendo la determinación del Ejecutivo.

Lo cierto es que Piñera volvió a cometer un error histórico, ya que el salitre no se terminó en el siglo XIX, sino que Chile perdió a los compradores que tenía hasta ese momento, a raíz de la invención del salitre sintético. De allí que las zonas en que se producía este mineral se empobrecieran radicalmente.

La historia dice que el modelo económico basado en la producción del salitre colapsó con la Gran Depresión del año 1929 y a causa del desarrollo de la producción sintética de amoníaco, por los alemanes Fritz Haber y Carl Bosch, que permitió, a su vez, la producción de industrial de fertilizantes. Con ello, Chile perdió los grandes centros compradores hacia donde exportaba el salitre, empobreciéndose las zonas que vivían de su explotación.

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