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Columnas

18 de diciembre de 2005

Aprendamos a contar los votos

El 46% de los votos que obtuvo Michelle Bachelet, según muchos, es una derrota, en especial por que las listas a diputados de la Concertación lograron el 51,76% de los sufragios. Y esa diferencia se explicaría por una presunta fuga de votos blandos DC hacia Piñera, quien, al presentarse como humanista cristiano, encantaría a esos ciudadanos.



No obstante, con los números hay que tener mucho cuidado, en especial después de acostumbrarnos al sistema binominal, que trastocó, aunque únicamente para nuestras elecciones, la aritmética, dos pasaron a ser igual a uno. En ese contexto, las primeras impresiones pueden ser erradas, y ese es precisamente el caso de esta presunta derrota.



La suma de las votaciones de los dos candidatos de la derecha, Piñera y Lavín, es prácticamente idéntica a la que obtuvo Lavín en la primera vuelta de la elección presidencial de 1999, es decir, algo más de 3.352.000 sufragios. Y esa cantidad es inferior a la que logró ese candidato derechista en la segunda vuelta, 3.495.000 votos.



En otras palabras, Piñera no aportó a la Alianza ni un voto más, a pesar que esa fue una de las justificaciones de su candidatura. Y ese solo hecho es una derrota política para su sector, ya que se supone que dos candidatos sacan más votos que uno.



Con todo, si hubo una fuga de votos, lo fue en la elección de diputados, pero al revés, de la derecha a la Concertación. Hace cuatro años, la coalición gubernamental obtuvo 2.942.000 votos en la elección de la Cámara baja, y ahora los aumentó a 3.374.000. En el caso de la Alianza, en cambio, bajó de 2.720.000 a 2.522.000, tal vez por sus enconadas disputas, a pesar de que sufragaron 360 mil electores más.



Por esa razón, los porcentajes de votación de los principales partidos de la Concertación se elevaron, la DC, de 18,92% a 20,78%, el PPD, de 12,73% a 15,44%, y el PS de 10,00% a 10,02%. En contraste, los de la UDI se redujeron del 25,18% al 22,34%, mientras que los de RN se incrementaron levemente, de 13,77% a 14,12%, es decir, Piñera no traspasó su votación, 25,41%, a su partido.



Por consiguiente, contrariamente a lo que piensa el alcalde
Huenchumilla, las dos candidaturas derechistas, Piñera y Lavín, no aumentaron la votación presidencial del sector y disminuyeron la de sus listas a diputados. La DC, por su parte, bajó su representación en el Congreso, a pesar de que incrementó su votación. La causa no fue la ausencia de un candidato presidencial DC, sino algo mucho más pedestre, no se presentó en subpacto con el PR, como en el pasado, lo que habría equilibrado la distribución de los votos en las listas de la Concertación (de 20,78% para la DC y 28,57% para el subpacto PS/PPD/PR a 24,29% para el subpacto DC/PR y 25,06% para el subpacto PS/PPD). En el
sistema binominal, los tragüillas salen trasquilados.



Cierto es que Bachelet obtuvo 216 mil votos menos que las listas
concertacionistas a diputados, pero ello se debe más bien al trasvasije de la derecha a la Concertación en la elección de la Cámara baja (por lo menos 200 mil votos).



También es verdad que la candidata concertacionista logró menos votos en primera vuelta que Lagos, 3.167.000, en vez de 3.383.000, pero esa diferencia, 116 mil votos, se explica en parte por el incremento de la votación presidencial, 111 mil, de la izquierda extraparlamentaria, entre las elecciones de 1999 y 2005.



Si añadimos la comparación entre los resultados de las mesas de mujeres y las de varones, tenemos otro indicio explicativo.



En el caso de la izquierda extraparlamentaria, por ejemplo, hubo un aumento en su votación presidencial de aproximadamente 25% en las mesas de mujeres, pero de casi 60% en las de varones entre 1999 y 2005. Y por ello Hirsh logró el 6,95% del voto masculino y solamente el 4,04% del femenino; una trágica demostración del machismo de esa seuda izquierda.



El machismo encubierto de nuestra sociedad vuelve a demostrarse cuando se comparan los votos de Lagos y Bachelet en primera vuelta. El primero obtuvo 1.694.000 votos en las mesas de varones, la candidata, en cambio, bastante menos, 1.440.000 En contraste, en las mesas de mujeres, Lagos logró 1.689.000, mientras que Bachelet obtuvo 1.727.000, es decir, más sufragios.



La votación de Piñera, quien desplazó a Lavín, también es un reflejo de la explotación de la distorsión machista. Logró el 26,89% en las mesas de varones y únicamente el 24,11% en las de mujeres. Y esta elección fue un desastre para muchas candidatas mujeres del partido piñerista, como Lily Pérez y Carmen Ibáñez.



De lo dicho se desprende que Piñera es un candidato sin una base de sustento, no solamente por sus disputas con la UDI, sino también porque no logró construir un partido derechista en que las mujeres, más de la mitad de la población, tuvieran posiciones destacadas. En otras palabras, no es el presidente más apropiado para la gobernabilidad del país en el siglo XXI.



Asimismo, demuestra que Bachelet debe enfrentar con claridad y decisión los ataques machistas, que pretende disfrazar Piñera con frases equívocas, al insinuar que la candidata concertacionista tiene falta de capacidad y liderazgo.



Y esas contradicciones del candidato derechista no son las únicas. Se suman, entre otras, que quien dice ser católico, no puede amar a la vez a Dios y a Mamón.



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Iván Auger es consultor internacional.

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