30 de Julio de 2010
El gordismo a la chilena
La insólita popularidad que cosecha Bachelet, ratificada en la CEP conocida ayer, se acerca peligrosamente a los niveles del fanatismo. De ningún otro mandatario de los últimos lustros se ha dicho lo mismo. Al igual que a Maradona, a nuestra ídola también se le perdona todo. Atacar a Bachelet constituye casi un sacrilegio político. Quienes lo han intentado, reciben un alud de pullas y funas. Si a eso le sumamos su rol de madre y mujer, es doblemente impenetrable.
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